Monthly Archives: febrero 2018

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SE NECESITAN 21 DÍAS PARA FIJAR UN HÁBITO.

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¿Tres semanas son suficientes para adquirir un nuevo hábito? Sí, si lo deseas de verdad.

Repetir para automatizar. Nos subimos al coche e inmediatamente nos abrochamos el cinturón de seguridad, sin pensar en ello. Nuestra vida está llena de automatismos, de acciones que, a fuerza de haber sido repetidas suficientes veces, hacemos con el piloto automático puesto, asociadas a una determinada señal.

Esta es una de las formas en las que el cerebro gana en eficiencia, porque para realizar este tipo de actos no hace falta ninguna motivación, ni siquiera un pensamiento consciente, basta con la señal externa para detonarlo. Se consigue a base de repetir… Pero ¿cuántas veces hay que repetir una acción para que se convierta en un hábito?

Adquirir hábitos fácilmente: guía detallada para lograrlo

En 1887, William James, padre de la psicología científica, escribió un artículo titulado El hábito en el que exponía la enorme plasticidad cerebral y cómo son necesarios 21 días para la formación de un nuevo hábito. Ese dato ha ido perdurando a lo largo de los años, de modo que se ha convertido prácticamente en una verdad incuestionable. ¿Incuestionable? Otros estudios científicos hablan de cómo ese tiempo puede ser variable según la persona y también según el método utilizado para la repetición.

Sin embargo, más datos y experiencias insisten en ir en favor de la teoría de los 21 días:

  • En los años 60, el cirujano plástico Maxwell Matz describió que sus pacientes tardaban 21 días en acostumbrarse a su nuevo aspecto o en dejar de sentir un “miembro fantasma” (amputado).
  • 21 días es el tiempo que tardan las células madre en diferenciarse en nuevas neuronas en el cerebro.
  • También son 21 días los que dura el biorritmo emocional. Todos los seres vivos seguimos ciclos relacionados con la naturaleza y nuestras propias funciones biológicas. De la misma manera que los ciclos menstruales duran 28 días de promedio, tenemos otros biorritmos como el emocional o el intelectual. Y parece que el emocional dura 21 días, y no 28 como habitualmente se ha establecido. Así lo concluyeron por separado en 2000 los investigadores Michael Smolensky, experto en cronobiología de la Universidad de Texas (EE. UU.), y Zerrin Hodgkins, de Londres

    El secreto del éxito: la motivación

    Independientemente de lo que los estudios científicos establezcan como tiempo promedio para instaurar un nuevo hábito, lo que es clave es la motivación con la que lo hacemos, y lo coherente que sea la puesta en práctica de este nuevo hábito.

    Lo que queremos convertir en costumbre debe ser algo que esté conectado con algo importante en nuestra vida,algo que nos motive. Si se trata de una idea que simplemente te ha transmitido un médico o un terapeuta, pero no resuena emocionalmente con algo importante para ti, da igual cuántos días lo repitas, lo acabarás abandonando porque, en el fondo, no te importa tanto. Es fundamental encontrar un sentido a lo que llevas adelante para tener éxito y convertirlo en un hábito.

    Salir de tu zona de confort

    Todo cambio genera cierto nivel de ansiedad por la incertidumbre que produce. Por eso es tan importante la motivación con que lo afrontamos. Sabemos que al principio puede resultar difícil, pero cada vez que repitamos esa acción nos va a costar un poco menos, ya que la ruta neuronal utilizada se establece cada vez de forma más permanente hasta que al final se convierte en un acto automático. Habremos conseguido que nuestro cerebro funcione como nosotros queremos, ayudándonos a alcanzar nuestros objetivos.

    La Meditación Ayuda.

    El neurocientífico Richard J. Davidson ha creado un Centro para la Investigación de Mentes Saludables en el Centro Waisman de la Universidad de Wisconsin, y entre los estudios que lleva a cabo ha verificado que la meditación provoca cambios significativos estructurales y funcionales en el cerebro en áreas asociadas con el bienestar y la felicidad. La evidencia científica constata, además, que un entrenamiento sistemático y regular puede mejorar directamente el funcionamiento de nuestro organismo y de nuestro cerebro. Después de miles de años de práctica en Oriente y más recientemente en Occidente, por fin la ciencia ha constatado sus beneficios.

Transformar nuestras acciones en hábitos nos permite llevar una vida más sana y feliz, lejos de las ansiedades de la vida moderna. Tal vez tardemos 21 días, tal vez menos o más. Si te dijera que puedes ser una persona nueva en menos dos meses, ¿te parecería demasiado tiempo? Está al alcance de todos hacerlo. Solo hace falta una buena idea, motivación, sentir y saber que eso es algo realmente bueno para nosotros y… repetir.

Fuentes: Mente Sana y 21 días para cambiar de vida.

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LEY DE ATRACCIÓN. EN QUÉ CONSISTE LA CREACIÓN DELIBERADA.

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Muchos dicen: «Cuando cambien las circunstancias, me sentiré mejor. Cuando tenga dinero, me mudaré a una casa más cómoda; cuando encuentre un trabajo mejor remunerado o una pareja más satisfactoria, me sentiré mejor». No discutimos que es preferible observar algo agradable que algo desagradable, pero eso es buscarle tres pies al gato.
La Creación Deliberada no consiste en esperar a que las circunstancias cambien y buscar entonces un pensamiento más agradable en respuesta al cambio de circunstancias. La Creación Deliberada consiste en elegir un pensamiento que nos resulte placentero cuando lo elegimos, que hará que cambien las circunstancias. Por ejemplo, el amor incondicional se basa en desear permanecer conectado con tu Fuente de amor y elegir pensamientos que permitan que se produzca esa conexión, al margen de las manifestaciones que se produzcan a tu alrededor. Cuando eres capaz de controlar tu punto de atracción y elegir deliberadamente pensamientos más agradables, las circunstancias que te rodean cambian forzosamente. Así lo afirma la Ley de Atracción.
Sólo puedes atraer pensamientos que encajen en tu gama vibratoria Algunos dicen: «Eso de la Creación Deliberada suena muy sencillo, pero ¿por qué me cuesta tanto lograrlo? ¿Por qué me resulta tan difícil controlar mis pensamientos? ¡Tengo la sensación de que mis pensamientos me controlan a mí, de que actúan independientemente de mi voluntad!»
Ten presente que la Ley de Atracción es una ley muy poderosa, y es imposible que des con un pensamiento y te centres en él si tu punto fijo vibratorio es muy distinto de él.
Sólo puedes acceder a pensamientos cuyas vibraciones encajen en tu gama vibratoria actual.

Fuente: “Pide y se te dará” . Esther y Jerry Hicks ~

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MERECES UN AMOR. Frida Kahlo ~

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Mereces un amor que te quiera despeinada,
incluso con las razones que te levantan de prisa
y con todo y los demonios que no te dejan dormir.
Mereces un amor que te haga sentir segura,
que pueda comerse al mundo si camina de tu mano,
que sienta que tus abrazos van perfectos con su piel.
Mereces un amor que quiera bailar contigo,
que visite el paraíso cada vez que ve tus ojos
y que no se aburra nunca de leer tus expresiones.
Mereces un amor que te escuche cuando cantas,
que te apoye en tus ridículos,
que respete que eres libre,
que te acompañe en tu vuelo,
que no le asuste caer.
Mereces un amor que se lleve las mentiras,
que te traiga la ilusión,
el café
y la poesía.

Frida Kahlo ~

Frida: una mujer valiente y adelantada a su época. “Tierna como las alas de una mariposa y dura como la vida misma”, así definió Diego Rivera a su compañera, amiga y mujer  

Aparicio-Torelly

SOBERBIA O HUMILDAD. Una anécdota de “saber inútil”.

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Esta anécdota la protagonizó el humorista, periodista, político y, sobre todo, gran humanista brasileño Aparicio Torelly más conocido como El Barón de Itararé  (1895-1971). 

Cuando era joven, cometió el error de estudiar medicina por complacer a su familia pero esos estudios terminaron cuando ocurrió lo siguiente:

Un día un profesor que lo detestaba por sus bromas, le preguntó:

– Torelly, ¿cuántos riñones tenemos?

– ¡Cuatro! -responde el alumno-.

– ¿Cuatro? -dijo incrédulo el profesor-. Y para saborear su victoria le dice a su ayudante: – Traiga pasto porque tenemos un burro en la clase.

– ¡Y para mí un cafecito! -le dijo Torelly al asistente del profesor-.

El profesor se enojó y expulsó al alumno de clase.

Aparicio Torelly tomó sus libros y cuando estaba saliendo se dió vuelta y con su eterna sonrisa dijo bien fuerte:

-Usted me preguntó cuántos riñones “tenemos”. “Tenemos” es la primera persona del plural del verbo tener. Y nosotros tenemos cuatro riñones, dos usted y dos yo.  Hasta luego, que le aproveche el pasto.

Algunas personas, por tener un poco más de conocimiento, o creer que lo tienen, se sienten con derecho de subestimar a los demás… Es necesario elegir entre la arrogancia y la humildad de escuchar a los otros.
La vida exige mucha más comprensión que conocimiento.

Tú que opinas?

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AUNQUE LO VEO NO LO CREO. ¿Por qué la evidencia no logra cambiar lo que pensamos?

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 No vemos la realidad, sino lo que nuestras creencias filtran de ella. Por eso, cuando contradicen nuestra visión, nos resulta tan difícil descartarla.

Lo que vemos del mundo no es una copia exacta de la realidad, sino lo que se filtra a través de nuestras creencias. Todo es según el cristal con que se mira, dice el poema de Ramón de Campoamor que se transformó en célebre refrán. Múltiples investigaciones científicas demuestran que lo que vemos no es el resultado lógico de la evidencia, sino que está basado en nuestra propia historia, prejuicios y suposiciones. Tanto que, aunque enfrentemos datos objetivos que contradigan esta visión previa, nos resulta muy difícil cambiarla. Se trata de un conflicto cognitivo que experimentamos al ver amenazada nuestra forma de concebir las situaciones. De esta manera, lo que se pone en juego no es la verdad, sino la propia identidad. Nuestra mente, incluso, es capaz de hacer malabares para mantener la coherencia entre los pensamientos.

Datos y creencias. ¿Por qué las creencias tienen tanto poder por encima de los datos y las evidencias? Uno de los fenómenos que se han propuesto para explicarlo es llamado “disonancia cognitiva”. Este concepto, desarrollado por el psicólogo social León Festinger en los años 50, refiere a la tensión incómoda que resulta de sostener simultáneamente dos actitudes u opiniones conflictivas o contradictorias entre sí. Es lo que sentimos cuando nos enfrentamos con evidencias que amenazan nuestro autoconcepto. Incluso ante datos o hechos que nos objetan tendemos a reforzar nuestras opiniones preestablecidas y a estar aún más convencidos de nuestra verdad.

Muchos experimentos demuestran cómo las personas cambian los hechos para adaptar las creencias preconcebidas con el objetivo de disminuir la incomodidad de la disonancia cognitiva. Este comportamiento, conocido como “razonamiento motivado” (seleccionamos los datos coincidentes con lo que queremos creer y reforzamos así nuestros preconceptos en un movimiento de retroalimentación y, como gesto contrario, evitamos, ignoramos, le quitamos valor o simplemente olvidamos lo que los contradice).

Nuestros sesgos cognitivos son responsables de que, muchas veces, interpretemos la información de manera ilógica, que realicemos juicios irracionales y, por eso, tomemos decisiones desacertadas. Los sesgos cognitivos representarían mecanismos de reducción de la disonancia cognitiva y, en consecuencia, permitirían mantener una suerte de equilibrio mental en las decisiones y acciones.

Uno de estos sesgos, justamente, es el denominado “sesgo de confirmación”, ya que se trata de la tendencia a buscar información que apoya las creencias u opiniones que sostenemos, mientras que evitamos la que las contradice.

Así, tendemos a leer los editoriales de los diarios que confirman nuestras convicciones políticas, miramos en la TV los programas que coinciden con nuestra visión de la realidad y seguimos en redes sociales a quienes opinan cosas parecidas a nosotros. Asimismo, tendemos a considerar a los expertos como más legítimos y respetables en tanto apoyen lo que creemos.

Y más todavía: somos mejores para aprender y recordar los hechos que coinciden con nuestra forma de ver el mundo, fenómeno que se conoce como “aprendizaje selectivo”. Así también actúa el llamado “reflejo Semmelweis”, la tendencia a calificar las evidencias contrarias como menos válidas o más débiles.

Otro esquema cognitivo a considerar en todo esto es el llamado “sesgo de causalidad”, que consiste en forzar las relaciones de causa y efecto donde no existen. Por ejemplo, una persona enamorada que está convencida de que la otra ya no la quiere interpretará cualquier señal –como por ejemplo la demora en responder un breve mensaje– como producto de eso, sin considerar otras interpretaciones posibles, incluso el propio azar.

Evolución. Ahora bien, si los sesgos cognitivos son los responsables de que sostengamos creencias distorsionadas e imprecisas y de que tomemos decisiones que no siempre son las más acertadas, ¿por qué la evolución los preservó?

La respuesta a esta pregunta implica reconocer algunas de las ventajas de esta forma de decidir. El cerebro se enfrenta cotidianamente a una tarea casi imposible: darle sentido a un mundo ruidoso y ambiguo. Es por eso que se vuelve indispensable tomar atajos. Así, los sesgos ayudan a procesar la información y dar respuesta a situaciones a las que se debe enfrentar de manera rápida.

Nuestro cerebro utiliza un sistema de toma de decisiones sin mayor esfuerzo en la mayoría de las situaciones cotidianas. En estas, no procesa la información de manera enteramente lógica y racional, porque ello demandaría demasiado tiempo y recursos cognitivos (nuestros antepasados, en medio de la oscuridad del bosque, si venían una sombra no se ponían a reflexionar si se trataba de una rama o un animal salvaje; simplemente huían. En términos evolutivos, sobrevivir es muchas veces más importante que conocer la verdad).

Más que analizar minuciosamente todos los datos de los que se dispone, el cerebro se apresura a tomar la información a partir de patrones sistemáticos, que no siempre son correctos o veraces, pero permiten interpretar rápidamente los hechos nuevos en coherencia con nuestros pensamientos. De esta manera, se liberan recursos cognitivos para otras tareas.

Esto mismo es lo que ocurre cuando alguien elije creer en una anécdota parcial u opinión personal sobre una consolidada evidencia científica que requiere más análisis. Por supuesto que, otras veces, cuando es indispensable porque no disponemos de una respuesta ya moldeada o porque surge un conflicto que necesita mayor entendimiento, nuestro cerebro posee mecanismos para realizar un análisis más detallado y completo de la información que suponen más esfuerzo mental.

Claro que estos temas fueron abordados a lo largo del tiempo por diversas teorías y disciplinas, y hoy se refleja de manera cabal en la tan transitada idea de “posverdad”, en la que hechos objetivos son secundarios en relación con la apelación a las emociones y a la creencia personal previa, fortalecida con las nuevas tecnologías en tanto siempre se hallará evidencia a favor de cualquier cosa que queramos creer y en contra de lo que no. Asimismo, los algoritmos tienden a sugerirnos, a través de la predicción, propuestas alineadas con nuestras lecturas y búsquedas previas.

Aunque no es una tarea fácil, para moderar el efecto de los sesgos cognitivos en nuestras creencias, decisiones y conductas es importante saber que existen, reflexionar sobre esto y ver qué se hace en consecuencia. Además, es necesario cuestionarlos cuando esos esquemas repercuten de manera negativa. Para ello, hay que flexibilizar y poner en práctica el pensamiento crítico y el razonamiento científico. Las personas con mayor capacidad de pararse en distintos lugares, de observar a través de diferentes perspectivas y de permitirse abordar diversas ideas están más expuestas a una multiplicidad de estímulos y a la generación de respuestas más creativas. Del mismo modo, ayuda a comprender a los demás, sobre todo a aquellos que no piensan de la misma manera que nosotros.

Porque, sumado a todo lo dicho, los sesgos cognitivos también son claves para establecer vínculos y conectarnos con los otros. Por definición, la noción de comunidad tiene que ver con los intereses comunes.

Reflexionar sobre esto no solo es fundamental a nivel personal sino también como sociedad. Pensemos, sin ir más lejos, en nuestra comunidad, la de los argentinos, si no necesitamos en forma urgente hacer un esfuerzo cognitivo, entender que si la evidencia nos mueve de lugar, eso no perturba la propia identidad, escuchar al otro y respetarlo, reconocer que existen cristales a través de los cuales cada uno mira, asimilar y tener empatía para lograr, más allá de las diferencias sobre el pasado y el presente, ponernos de acuerdo en políticas comunes que nos lleven a un futuro de desarrollo y equidad de una vez por todas.

Neurólogo Facundo Manes~

Fuentehttp://www.perfil.com/elobservador/