EL ACOSO SEXUAL Y LA DENUNCIA. Louise Hay ~

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¿Cuántas veces te han faltado al respeto o acosado sexualmente y no has dicho nada?

No hay ninguna mujer entre las que están leyendo  a la que no le hayan faltado al respeto de palabra, o que no haya tenido que soportar un agarrón, un pellizco o un toqueteo de alguien que no tenía ningún derecho a hacerlo. Y sin embargo, la mayoría nos quedamos calladas; no decimos nada. Ya es hora de que aprendamos a hablar y a defendernos. Si no lo hacemos, esto no acabará jamás.

En una oportunidad la terapeuta me preguntó si había sentido rabia contra mi abusivo padrastro de niña.
– No recuerdo haber sentido rabia, sólo miedo —le dije.
– Bueno, ¿en ninguna ocasión te enfadaste y le contestaste? —me preguntó.
Inmediatamente me di cuenta de que a ella nunca la habían maltratado de niña. A mí me pegaban cada día por ser la niñita más buena que podía ser; ¿qué me habría ocurrido si me hubiera atrevido a ser lo suficientemente mala para contestarle? No, no recuerdo haber sentido rabia, sólo recuerdo el miedo y el terror.
Cuando nos pegan con la suficiente frecuencia perdemos toda esperanza de cambiar alguna vez las cosas. Entonces crecemos y nos convertimos en mujeres que siguen gobernadas por las reacciones de su niñita interior. Esto puede ocurrir en el «mejor» de los hogares. Deshonrar a niñas pequeñas es algo que está a la orden del día. Es necesario que enseñemos a las niñas cuando son pequeñas, en la escuela de primera enseñanza  o incluso antes, que deben hablar, decirlo, si alguien las maltrata o abusa de ellas de alguna manera. Si queremos hacer de este mundo un lugar seguro para las mujeres, en todas partes, hemos de cambiar nuestras reacciones, aun cuando nos parezca muy difícil.

Hablaré por todas las mujeres y a todas las mujeres. Hablaré, porque si no lo hago, ¿cómo puedo esperar que hablen las demás? Hay muchas e insidiosas maneras de deshonrar, desautorizar y menoscabar.  La formación que hemos recibido las mujeres sumisas es tan fuerte que debemos estar alertas a la más ligera invasión de nuestros límites.

Si estamos preparadas y dispuestas a decir no, podemos cambiar totalmente la situación de abuso. Quedarnos calladas es perjudicial para nosotras en cuanto mujeres y para toda nuestra sociedad.

El maltrato verbal y el abuso sexual; parece que es muy frecuente en muchas oficinas y lugares de trabajo. Esto es lo que hemos tenido que soportar las mujeres. Así pues, ya es hora de poner fin a ese dejarnos maltratar por nosotras mismas o por las personas que nos rodean. Digamos la verdad, contemos los secretos. Sincerarnos detendrá ese comportamiento. No nos confabulemos con ellos, eso nos deshonra a nosotras mismas y deshonra a todas las mujeres. Hoy en día ya no tenemos por qué aceptar ningún tipo de abuso o maltrato si estamos dispuestas a ponernos de pie y a hablar.

Cada mujer que habla crea el espacio para que otras digan la verdad.

Hemos de aprender a poner límites apropiados que nos honren. ¿Cuáles son esos límites que nos permitirán asegurarnos de que se nos respete siempre? En primer lugar hemos de proceder a partir de la creencia de que nos merecemos esos límites.
Muchas veces no advertimos las señales de peligro, de que algo no va bien. Y luego, cuando se produce el abuso, nos llega como una conmoción y violación. El abuso es un juego de poder; nos controla y manipula. Nos quedamos calladas por temor a perder el trabajo; tememos las repercusiones que se derivarán de ello. Incluso callamos cuando vamos a hacer el amor con un hombre que no usa preservativo.
Cuando nos quedamos calladas, como el silencio de los corderos, nos llevan al matadero. Nos da mucha vergüenza hablar. Recordamos las reacciones de que fuimos objeto cuando lo hicimos. Se rieron de nosotras, pensaron que sólo era una broma. No nos creyeron, nos desacreditaron o nos trataron como si fuéramos nosotras las alborotadoras. Así optamos por no hablar, por no decir nada. «Guarda silencio, deja las cosas tal y como están; no armes un lío». Y así es como permitimos que continúe el abuso.
Las mujeres debemos equilibrar la balanza del poder.

Hemos de fortalecer nuestra dignidad para ser capaces de decir no. Hemos de abrir los ojos y la intuición a las insidiosas formas que toman los acontecimientos.  Hemos de comenzar a detener cualquier comportamiento abusivo desde el principio, incluso cuando es tan pequeño que resulta difícil decir algo. Si notas unaprimera señal de abuso, llámale la atención inmediatamente.

Como he dicho antes, siento una gran compasión por los hombres y las cargas que deben soportar, pero eso no significa que vaya a aceptar el abuso. Tampoco nunca guardaré silencio sobre este tema en cuestión.

Animaré a las mujeres de todas partes a educarse en estas cuestiones, a hablar, a enfrentarse, a meter ruido si es preciso. Todas juntas podemos sanar este problema en una sola generación. Podemos evitar que nuestras hijas tengan que pasar por lo mismo que hemos tenido que soportar nosotras.

Fuente: El mundo te está esperando. Louise Hay ~ (Edit. Urano – 1997)

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