EL PERDÓN Y EL OLVIDO.

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¿Qué es para ti perdonar? ¿Es olvidar? ¿Es factible o resulta tan complicado que es imposible lograrlo?
Para mí perdonar no es sinónimo de olvidar, sino que consiste en que, sin olvidar lo que ha pasado, y subrayando que es bueno que conozcamos que las cosas ocurrieron así, esos acontecimientos no generen rechazo hacia la persona «perdonada» aunque sí pueda rechazarse sin paliativos lo que pudo haber hecho.

«El perdón reduce, o incluso anula, el peso negativo de las malas experiencias en mi vida.»

Es antinatural pedir a alguien que olvide. Lo ocurrido permanece en la memoria. Y, como sabéis, la memoria que más se afianza es la emocional.
No podemos pedir a otros, ni pedirnos a nosotros mismos, algo que no es realista. Si somos precisos con las palabras, olvidar implica borrar un registro en la memoria. Pero yo no puedo borrar, a voluntad, por más que quiera, un registro en la memoria. No puedo coger una goma de borrar y, en mi hipocampo o en mi corteza cerebral, buscar el registro y eliminarlo. Lo que sí puedo conseguir es que ese registro tenga un peso determinado y no uno mayor de lo que le corresponde. De lo contrario, mi vida puede  quedar esclavizada por ese recuerdo.
El perdón reduce, o incluso anula, el peso negativo de las malas experiencias en mi vida. Puedo perdonar a una persona y sencillamente no querer volver a verla nunca más.
Pensaré: «Aquello ocurrió. Te perdono, no siento ira contra ti, no tengo ningún deseo de venganza pero tus valores y los míos no son compatibles, no tengo por qué vivir contigo».
Olvidar no necesariamente es bueno. Imaginad que alguien ha abusado de vosotros.
Eso te ha llevado a la ira, al odio, al rechazo… Con todo, llega un momento en que perdonas y dices: «Me acuerdo de que abusaste de mí. Lo recuerdo y, aun así, te perdono, y de este modo te dejo marchar y me libero a mí mismo…». El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado.
¿Y ese «no olvidar» no puede entenderse como rencor?
Tenemos que asumir una cosa: nunca llegaremos a la perfección. Debemos vivir con eso. Somos frágiles, vulnerables e imperfectos y, aun así, también somos extraordinarios.
Una cosa es reconocer que el recuerdo emocional existe y otra cosa es que uno viva anclado a ese recuerdo. Si uno ha sufrido una infidelidad podría ser que decidiese dejar de tener relaciones de pareja y eso tal vez sería dañino porque haría que la persona posiblemente se aislase.
Lo que hemos vivido forma parte de lo que somos, pero no necesariamente determina mi forma de vivir y de relacionarme con los demás, aunque pueda, eso sí, condicionarla.
A quien vive en el rencor y el resentimiento, algo le come por dentro, porque no se ha liberado, no ha perdonado. El perdón ayuda a construir un futuro que no sea una simple prolongación del pasado.

«Podemos transformar el registro de la memoria si conseguimos que quien recuerda evalúe los acontecimientos y sus emociones de una manera diferente.»

Fuente: La Respuesta. Dr. Mario Alonso Puig ~ (Plataforma Edit. 2012) ~

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