EL PODER CURATIVO DE AYUDAR A LOS DEMÁS.

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El hábito regular de ayudar a los demás una vez por sema­na puede ser tan importante para la salud y la longevidad como el ejercicio regular y una buena alimentación, y ayu­dar a los demás es también de gran valor para la salud de la comunidad y del mundo. De hecho, podría ser la clave para acabar con el devastador ciclo de miedo, aislamiento y violencia que predomina en nuestra sociedad individua­lista. Tender una mano amiga a otras personas es bueno para la vitalidad, el corazón y el sistema inmunitario. A quienes hacen trabajos voluntarios con regularidad ¡es aumenta espectacularmente la esperanza de vida, compara­dos con aquellos que no realizan ningún servicio para los demás.

Centrar la atención en los demás puede servir para salir del común estado de bloqueo que se produce cuan­do nos concentramos en la familia, la profesión y las pre­ocupaciones económicas. Ayudar a los demás suele mejo­rar el ánimo, aumentar el optimismo y nutrirnos con una sensación de auténtica gratitud. Ayudar a alguien menos capaz puede hacer que apreciemos más nuestras habilida­des, nuestros conocimientos, nuestra competencia y nues­tros puntos fuertes. El principal beneficio de ayudar pare­ce hallarse en el proceso más que en los resultados. Con esto quiero decir que los beneficios -de quien ayuda y de la persona a la que ayuda- surgen principalmente de las interacciones que se producen en cada momento mientras la actividad de ayuda tiene lugar, y no de si se «arre­gla» o no un problema social.

Contrariamente a la opinión popular, ayudar a los demás no exige que se le dedique una enorme cantidad de tiempo. Lo único que se necesita es un plan personal que puede variar desde hacer un trabajo programado en alguna organización de voluntarios hasta actos espontáneos de generosidad y amabilidad durante la semana. Al elegir un tipo de ayuda que intensifique los buenos sentimientos y favorezca que continuemos ayudando cada semana, creamos un contacto personal con las personas a las que ayu­damos. Para mantener vivo el entusiasmo, procuremos que la clase de ayuda que proporcionamos sea algo que esté en consonancia con nuestros intereses o habilidades.

Dr. Harold Bloomfield~

Fuente: ¨Gratitud¨ – Louise Hay~

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