HONRAR LA PÉRDIDA DE UNA MASCOTA. Louise Hay ~

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El duelo es una consecuencia natural de la vida y se produce en cualquier relación donde haya sentimientos y apegos. Todos hemos lamentado la muerte de personas a las que amábamos, que no nos gustaban o incluso que odiábamos. Sin apego no hay duelo. En este contexto, resultaría absurdo pensar que no vamos a lamentar la muerte de los animales de nuestra vida, a los que estamos tan apegados.
Nuestras mascotas comparten nuestros espacios vitales —y en muchos casos, hasta nuestra cama— y son auténticos miembros de nuestra familia. A pesar de todo, las personas que están de duelo por la muerte de un animal suelen ser bastante discretas respecto a sus sentimientos y con quién los comparten. Instintivamente, saben que están manejando un tipo de duelo «desautorizado»; un tipo de duelo que otras personas pueden calificar de «menos que». Algunas han compartido su pesar y se han encontrado con respuestas como éstas: «Bueno, no es como si hubiera sido una persona. Sólo era un animal» y «búscate otra mascota».
Pero lo cierto es que el duelo por la pérdida de una mascota no es tan fácil de superar como algunas personas podrían intentar hacernos creer. Es difícil vivir un duelo que los demás consideran injustificado. El duelo está relacionado con el amor y nuestros compañeros animales suelen ser los que nos profesan el amor más incondicional que se pueda llegar a experimentar. ¿Cuántas veces, a pesar de nuestros esfuerzos, aceptamos algunas de las críticas de la sociedad y pensamos: «No debería estar tan afligido»? Sin embargo, cuando aceptamos estos pensamientos, estamos traicionando nuestros verdaderos sentimientos.
Para complicar aún más nuestro duelo por la muerte de una mascota, por lo general tenemos bastante claro que deseamos tratarlos humanamente. Si al final de sus vidas están sufriendo a pesar de que no queremos que nos abandonen, lo más habitual es que elijamos que les practiquen la eutanasia para asegurarnos de que mueren con
dignidad, respeto y rodeados de amor. Pero a veces la pérdida se vuelve un poco más difícil porque nos preguntamos si hicimos lo correcto en el momento justo.
La gente tiene sentimientos muy fuertes respecto a sus animales. Muchas personas se sienten identificadas con lo que dijo el humorista Will Rogers:

«Si en el cielo no hay perros, cuando muera quiero ir adonde vayan ellos».

La pérdida de una mascota entraña una dificultad única, a diferencia de lo que sucede con los seres humanos. Cuando adoptamos a una mascota, automáticamente nos convertimos en cuidadores durante toda su vida. Como si fuera un niño, la cuidamos, la protegemos, la alimentamos y velamos por su bienestar. Es nuestra responsabilidad. Esto favorece que nuestro dolor se convierta en culpa, porque nos responsabilizamos de su muerte. Pero la cruda realidad es que hagamos lo que hagamos por nuestras mascotas, algún día morirán de todos modos.

Elijo concentrarme en la bendición del amor incondicional que nos dió…

Cuando perdemos a una mascota es tan importante que prestemos atención a nuestros pensamientos como cuando perdemos a una persona. Utilizamos afirmaciones para recordarnos nuestra propia bondad, es decir, nuestra verdaderaidentidad; que dicho sea de paso, es lo que nuestras mascotas ven siempre de nosotros. Eso es lo que hace que su amor sea incondicional.

Muchas personas creen que cuando morimos nos reunimos con todas las personas y las mascotas que amamos y que se fueron antes que nosotros. Nosotros creemos que la muerte llega en la plenitud, no en el vacío. Es decir, que cuando alguno de nosotros abandona este plano terrenal, se convierte en un gran acontecimiento abarrotado de seres queridos, porque volvemos a estar rodeados de todos aquellos alos que tanto hemos echado de menos.
Imaginémonos la escena en la que vemos a nuestras mascotas saludándonos. Volvemos a verles la cara y mover la cola. Escuchamos sus ladridos, maullidos, gorjeos, relinchos y gruñidos, y que están allí con el resto de sus adorables atributos.
¡Qué tierno recibimiento tendremos cuando muramos!

Mi dulce mascota siempre estará arropada por mi amor.

Fuente: Ud. puede sanar su corazón. Louise L. Hay y David Kessler ~

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