LA GRATITUD ES UN SANTUARIO. Michele Gold ~

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Mi padre me contó una deliciosa historia sobre un padre que regaló a su joven hija un sencillo medallón diciéndole que en su interior había un diamante muy valioso, de modo que si en alguna ocasión se veía en apuros, podría romper el medallón, vender el diamante y así superar las dificultades.

La niña se hizo mujer y tuvo que luchar sola para sobrevivir a terribles épocas de pobreza, pero la sola idea del diamante que reposaba seguro en el medallón que lle­vaba colgado al cuello le daba el valor que necesitaba para seguir adelante. Muchos años después, finalmente logró el éxito en todos los aspectos de su vida y ya no necesitó luchar por la supervivencia. Su curiosidad había crecido hasta el punto de que necesitaba saber cuánto valía el dia­mante en realidad.

Llevó su querido medallón al mejor joyero del pueblo para que le tasara el diamante. El joyero miró con cierto desdén el sencillo y deslustrado medallón, cogió un marti­llo y con un rápido y preciso golpe lo rompió en muchos pedazos, dejando en libertad una pequeña piedra brillante. La cogió y la miró a la luz.

-Vamos, esto no es un diamante, señora, sino un vul­gar trozo de vidrio sin ningún valor.

Sorprendida ella se echó a reír, a llorar y nuevamente a reír.

-No, mi buen señor, ¡este es el diamante más valioso del mundo! -le dijo, secándose las lágrimas.

Su padre le había regalado una joya inapreciable: la esperanza y la firme creencia de que siempre todo le iría bien, y ella le estaría toda la vida agradecida por ello.

Cuando busco las experiencias de las que estoy más agra­decida, mi mente viaja en espiral. Por muy especial y única que sea la experiencia, el centro siempre es la bondad- Me gustó muchísimo encontrar la siguiente definición de la gratitud: El aprecio de la bondad. Intento vivir basándome en la gratitud. Mis primeros maestros fueron mis padres, mis hermanos y los bichitos que vivían bajo el musgo del húmedo jardín que teníamos en la parte de atras de la casa. Recuerdo que comprendía lo que era la gratitud cuando una mariposa de un vivo color amarillo se me posaba en la mano, o cuando un pájaro me permitía aproximarme lo suficiente para verle las plumas de cerca.

La gratitud no siempre es instantánea. Hay cosas que tardan un poco en revelar los beneficios que aportan, cuan­do puede haber una comprensión intuitiva. Muchas veces una falta de gratitud puede representar un fuerte golpe que te vuelve a poner en el camino. Ha habido ocasiones en que me he alejado demasiado de mi corazón y me he senti­do insatisfecha; eran señales de que algo tenía que cambiar, y esa desdicha se convertía en un momento decisivo, un cambio de rumbo hacia el amor y la gratitud. En mi vida adulta, varios encuentros con delfines Ubres me abrieron más el corazón y la mente a la experiencia del amor incon­dicional y la valoración del momento presente, por lo cual me sentiré siempre impresionada y agradecida.

Un maravilloso maestro de meditación me enseñó a fijarme una meta. Es una manera de crear una señal clara para el Universo sobre la dirección que llevas en la vida Fijas lu rumbo y después dispones las velas de tu barco para ir hacia una isla sagrada, oscurecida por las nieblas y la distancia, pero que tu intuición sabe que está allí. Los potentes y arremolinados vientos pueden desviarte, pero las suaves brisas tropicales te devuelven al buen rumbo. La noche cae una y otra vez, pero llevas en lo más profundo de tu interior un mapa que te guía en tu viaje místico. Finalmente llegas a tu destino si continúas fijándote una meta.

Creo que la gratitud es la manera como llegamos a nosotros mismos. Todas las mañanas y todas las noches me concentro durante un momento y doy las gracias por el regalo de mi vida y por la presencia y el amor de todas las personas que forman parte de ella. Agradezco todo lo que se me da y todo lo que estoy aprendiendo. Doy las gracias por todo lo que deseo realizar como si ya lo hubiera hecho. Expreso mi gratitud a todos los ángeles de la guarda y a los Devas de la Naturaleza por sanar a mis seres queridos y al planeta. Pido orientación y exploro mis sueños en busca de respuestas. Doy las gracias por la buena salud y la riqueza de mis sentidos, por la inmensa belleza y magnificencia de la Tierra, por el don de la creatividad y la capacidad de expresar mis sentimientos mediante la pintura, las pala­bras, la música y la danza. Agradezco la sabiduría prove­niente de siglos de anhelos que nos proporcionan las histo­rias e imágenes antiguas, y la Naturaleza. Doy las gracias por los exquisitos delfines, pájaros, árboles y todo lo que vive. Agradezco la abundancia y la prosperidad, siempre presentes. Y por encima de todo… doy las gracias por la bondad.

Muchas veces, cuando mi vida era muy penosa y difí­cil, me sentía muy agradecida por los incontables gestos de bondad. Durante años me sentí sola en mis luchas, y sin embargo, una parle de mí sabía en el fondo que siempre tenía un diamante. Siento una profunda gratitud por los increíbles regalos del amor y la vida.

Trátate siempre como a un ser valioso, inapreciable, digno de amor.

La gratitud es un santuario que nos permite amar con más profundidad.

Michele Gold ~

Fuente: Gratitud. Louise Hay con la colaboración de sus amigos.

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