LA MONTAÑA. Brian Weiss ~

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lamontaña

Imaginemos una hermosa montaña, quizá con una cumbre cubierta de nieve.
Cuando la miramos, vemos que tiene un núcleo interior de paz y temperatura constantes, así que da igual lo que pase fuera: el interior no cambia.
Imaginemos ahora que las estaciones van y vienen. El verano llega con rayos, tormentas, inundaciones e incendios, pero el interior de la montaña permanece quieto, tranquilo y en calma. El verano da paso al otoño, con vientos huracanados y hojas que caen de los árboles; luego llega el invierno y sus nevadas y temperaturas gélidas; y este, cuando se funde la nieve y se producen los aludes, se convierte a su vez en primavera. Sin embargo, el núcleo interno, el bello espacio en las honduras de la montaña, no se ve afectado por ninguno de estos cambios estacionales.
Nosotros somos como la montaña. No hemos de dejar que sucesos de fuera nos quiten la dicha ni la armonía, al margen de lo fuerte que bramen lastormentas o aúllen los vientos. Todos contamos con este núcleo interior de calma
y tranquilidad. Está ahí cuando quiera que lo queramos o necesitemos. Si vamos hacia dentro, accedemos a su poderosa presencia sanadora. La montaña, por dentro, es perfecta; como lo somos nosotros.
Imaginemos ahora que aparecen en la montaña unos turistas. Llegan en tren, avión, coche, barco y otros sistemas de transporte. Y todos opinan. Esta montaña no es tan bonita como una que he visto en otra parte. Es demasiado pequeña, o demasiado alta, o demasiado estrecha, o demasiado ancha. Pero a la montaña le da igual, pues sabe que es la esencia ideal de montaña.
Una vez más, somos como esa montaña. Digan lo que digan los demás de nosotros, al margen de sus críticas y juicios o lo que para ellos sean espejos, ya somos ideales y divinos. No tenemos que sentirnos afectados por sus opiniones, ni siquiera de las personas cercanas a nosotros, como la familia, los jefes o los seres queridos. En este sentido, somos sólidos y estamos bien afianzados en la tierra, como la montaña. En el fondo de nuestro corazón, sabemos que somos la esencia perfecta de un ser espiritual. Las palabras de los otros no pueden quitarnos la dicha y la paz interior a no ser que les demos la capacidad para ello.

Suelo utilizar esta reflexión como recordatorio, para mí mismo y para losdemás, de nuestro esplendor y nuestra nobleza, como la bella montaña. Aunque,lo hayamos olvidado, ya somos perfectos. Siempre lo hemos sido.

Brian Weiss ~ «Los milagros existen» ~

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