LOS DIENTES DEL PERRO. Alejandro Jodorowsky.~

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Paseando los doce apóstoles con su Maestro, ven en el camino el cadáver podrido de un perro.
Los discípulos, tapándose la nariz, se alejan de él. Por el contrario, Jesucristo se arrodilla junto al despojo y dice sonriente:
-Tiene hermosos dientes.

Esta disposición a encontrar algo bello o útil en lo que resulta asqueroso, favoreciendo el pequeño detalle positivo en un gran todo negativo,  lo hallamos también en un evangelio apócrifo. Tal actitud no debe aplicarse exclusivamente a extraer perlas de los rincones sucios del mundo, sino también de nuestro Espíritu. Por una falta de ideales,  resultado
de la decepción que nos produce nuestra propia especie humana (en todo momento podemos asistir, en algún lugar del planeta, a la matanza de civiles por soldados asesinos o ver a millones de personas muriendo de hambre), educamos a nuestros hijos sin que tomen conciencia de su tesoro interior. En sus espíritus embutimos un juez lleno de desprecio: no son nada, no valen nada, no pueden nada… Nuestra Alma es la princesa que duerme encerrada en un impenetrable bosque. Y así como el príncipe se abre camino pacientemente entre las zarzas para llegar hasta la princesa y darle el beso que la despierte, nuestro Espíritu debe penetrar en los laberintos de la memoria para demoler al juez interior -suma de todos los prejuicios familiares y sociales- y, valientemente, reconociendo las pulsiones de muerte y las desviaciones de la personalidad, rechazarlas diciendo «Esto no soy yo», hasta llegar al luminoso centro del tenebroso inconsciente. Bañados por esa luz, nos damos cuenta de que el perro podrido es un aliado angélico. Vemos por fin el mundo como es: un edén que los hombres de escasa consciencia perturban con su violencia animal. Nos vemos a nosotros mismos convertidos en una unidad donde el Cuerpo, el Alma y el Espíritu se complementan en total felicidad.

Fuente: Cabaret Místico. Alejandro Jodorowsky ~

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