MIEDO A SALIR A LA CALLE. ¿Qué es el síndrome de la cabaña?

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Desde que se declaró el estado de alarma en todo el país por la crisis sanitaria del COVID-19, ya hemos pasado más de un mes y medio confinados en casa. Este periodo de encierro está generando diversas consecuencias negativas a nivel psicológico en buena parte de la población: sentimientos de ansiedad, tristeza, aislamiento social, alteración en los hábitos de sueño… Hoy concretamente queremos abordar una de las consecuencias que en la actualidad está apareciendo en mucha gente cada vez con más frecuencia: el síndrome de la cabaña.

¿Qué es el síndrome de la cabaña?

Ahora mismo nos encontramos en fase de desescalada, lo que implica salidas progresivas a la calle , el inicio de la normalidad. Aunque a priori esto es una noticia positiva tras tantos días de encierro, para muchas personas esta vuelta al exterior es el desencadenante de potentes sentimientos de ansiedad. A este fenómeno se le denomina “síndrome de la cabaña”. Concretamente este síndrome consiste en la aparición de un miedo intenso a cambiar de entorno tras un tiempo prolongado de encierro, a pesar de que el entorno en el que se encuentre la persona no sea mejor.

El origen de este síndrome se remonta al siglo XX, su nombre inicial es “cabin fever”. En esta época muchos colonos americanos debían pasar largas temporadas en invierno dentro de sus cabañas, experimentando síntomas depresivos, ansiosos y sensación de enjaulamiento.

¿Cómo se desarrolla?

El síndrome de la cabaña suele aparecer tras una estancia prolongada en un lugar cerrado. Actualmente, como consecuencia de la situación de alarma sanitaria que estamos viviendo por el COVID-19, salimos a la calle simplemente para realizar las tareas más básicas y pasamos la mayor parte del día en casa.

Somos conocedores del riesgo real que supone exponernos a salir, es por ello que es normal que puedan surgir sentimientos de inseguridad o incertidumbre cada vez que tenemos que ir al supermercado o farmacia. Sin embargo, lo que ocurre en muchos casos es que esta situación está siendo detonante de problemas como hipocondría, ansiedad, depresión…. Esto lleva a que asociemos la calle a peligro y percibamos nuestra casa (donde pasamos tanto tiempo) como el único lugar seguro, de forma que cada vez que cambiamos a un entorno fuera de casa, se genera un miedo incapacitante. Tras tantas semanas de confinamiento, nuestro cerebro se ha habituado a la seguridad de nuestro hogar.

Síntomas del síndrome de la cabaña

Es muy frecuente que se experimenten alteraciones en los patrones de sueño: mayor frecuencia de siestas duraderas, sensaciones de cansancio y letargo. Otros síntomas a destacar son los siguientes:

  • A nivel de cognitivo: dificultad para la concentración, déficitis de memoria.
  • A nivel emocional: sensación de nerviosismo, síntomas depresivos y ansiosos, sensación de desasosiego y enjaulamiento, frustración, angustia y temor.
  • Falta de motivación: presencia de desgano, gran esfuerzo para realizar tareas cotidianas, sobre todo que impliquen salir al exterior.
  • Excesivo miedo a salir, retomar la rutina y relaciones sociales.

Este síndrome suele darse con mayor frecuencia en personas que viven solas o tienen escaso contacto social en este periodo de confinamiento por dificultades de acceso a internet. No es exclusivo de quienes antes de la situación de alarma ya tenían problemas emocionales, es decir, cualquier persona es vulnerable de poder padecerlo en cualquier momento.

¿Qué hacer en este caso? Recomendaciones psicológicas.

  • Plantearnos objetivos realizables: Conforme el confinamiento avanza, ir retomando de manera progresiva las actividades de la vida cotidiana. De forma que empecemos a exponernos primero a aquellas situaciones que nos generan menor ansiedad hasta habituarnos.
  • Diseñar una rutina: Con el fin de evitar demasiado tiempo inactivos (siestas largas, excesivo tiempo en el sofá o cama…) es necesario establecer una rutina marcando unos horarios básicos para dormir, levantarse, la higiene personal o comidas. Importante también planificar actividades que impliquen salir al exterior.
  • Realizar ejercicio físico: Para evitar la inactividad y como parte de la rutina, es muy recomendable la realización diaria de ejercicio físico.
  • Mantener contacto social: Fomentar el contacto social, a través de redes sociales: videollamadas, mensajes… y cuando en el desescalamiento se permitan actividades sociales, exponernos progresivamente a ellas.
  • Expresión emocional: Es importante que podamos transmitir como nos sentimos a aquellas personas que son importantes para nosotros. Es también relevante no invalidar las emociones negativas que podamos experimentar: tristeza, desasosiego… puesto que a pesar de ser incómodas, son totalmente necesarias.
  • Buscar apoyo profesional: En caso de que los síntomas persistan o resulten incapacitantes en el día a día, es necesario pedir ayuda psicológica. Si este síndrome se agrava puede derivar en depresión. Es por ello que en los casos en los que estos síntomas persisten, se requiere de intervención psicológica. Una intervención temprana favorece un mejor pronóstico.

Sin duda, esta situación de confinamiento es totalmente inédita para todos. Es probable que, con el paso del tiempo, vayan apareciendo más secuelas que se están generando a nivel psicológico.

Fuente: Psicólogos Málaga

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