¿QUÉ ES LA ESCRITURA EXPRESIVA COMO TERAPIA?

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«Para mí, el escribir era vivirse, conocerse, ser arqueólogo de uno mismo. Escarbar y, si se escarba, hay de todo dentro de nosotros: el criminal y el santo, el héroe y el cobarde.» José Luis Sampedro ~

En la mente global todos tenemos la idea de lo que significa «escritura terapéutica»: es aquel acto voluntario de escritura en el que el único fin es dejar que un pasado o un presente doloroso deje de serlo. En este sentido, debemos escribir sin limitaciones y sabiéndolo que nadie va a juzgarnos por nada porque es una práctica íntima y personal.

De igual forma, si lo que queremos es escribir buscando un bienestar lo que menos debería importarnos es el cómo esté escrito. El plano estético queda relegado: la escritura terapéutica exige más sentir que pensar, dejarse llevar y enfrentarse al papel sin miedo alguno.

Durante los últimos 20 años, un buen número de estudios han demostrado los efectos beneficiosos que escribir acerca de los eventos traumáticos o estresantes experimentados en primera persona tiene sobre la salud física y emocional.

El resultado obtenido en la gran mayoría de estudios es una mejora significativa tanto física como psicológica.

La escritura expresiva  puede ser el germen de la superación de un trauma. Una práctica sobre la que ha investigado durante décadas el profesor estadounidense de la Universidad de Texas en Austin especializado en Psicología Social James W. Pennebaker.

El psicólogo ha llevado a cabo estudios con supervivientes de trágicos sucesos, como el atentado del 11 de septiembre en Nueva York o el terremoto de San Francisco (EE.UU.) de 1989. A resultas de estas investigaciones, Pennebaker llegó a la siguiente conclusión: Descubrimos que aquellas personas que habían mantenido en secreto sus vivencias personales más dolorosas tenían mayor potencial de enfermar”.

Además de seguir la evolución de víctimas de grandes tragedias, el psicólogo se basó en su propia experiencia cuando al iniciar los estudios de posgrado, sufrió una depresión y consiguió recuperarse a base de escribir diariamente.

La psicóloga especialista en Terapia Narrativa y Trabajo Comunitario Mònica Florensa Biescas explica: “Para darle sentido a nuestra historia elegimos ciertos acontecimientos y excluimos otros. Las historias dan forma a nuestras vidas e impulsan o impiden la realización de ciertas acciones”. Y es en este punto cuando la práctica narrativa puede incidir “modificando las narraciones” que la persona hace de su propia vida.

Durante la práctica de la escritura expresiva, el profesor Adrián Montesano resalta que la persona debe ser capaz “de volcar emociones y pensamientos profundos”, a diferencia de cuanto se realiza una escritura más anodina y superficial. En este sentido sostiene que el ser humano tiene “un impulso narrativo”, es decir, es un contador de historias.

Pero el relato vital se puede ver truncado a causa de la vivencia de un acontecimiento traumático, como la muerte de un ser querido, una separación amorosa o una enfermedad grave. “Este ejercicio de escritura expresiva te permite la integración de tu memoria autobiográfica para, de alguna manera, darle sentido a la experiencia”, explica Montesano.

Una escritura saludable

El experto asegura que “fácilmente” esta técnica habitual en algunos tipos de terapia tiene efectos beneficiosos sobre el estado de ánimo, los niveles de estés y también sobre la salud física. En este último ámbito, se han observado resultados positivos en enfermedades médicas como el asma, la artritis, el VIH, problemas cardiovasculares o el cáncer, según Montesano.

Si bien la escritura expresiva no es capaz de curar por sí sola una enfermedad, ayuda al paciente a adaptarse mucho mejor a su nueva situación, a poder experimentar mayores sentimientos de bienestar, a retomar sus niveles de autoestima y, además, puede contribuir a fortalecer el sistema inmune o algunas funciones fisiológicas.

Aumenta la conciencia interior

“Cuando necesites poner orden, aclarar, comprender, simplemente escribe”, recomienda Mireia Cabero, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. “Y como la escritura requiere de un ordenamiento y de una formulación que es muy diferente a los del pensamiento, aumenta tu conciencia interior y, por tanto, estás más capacitado para poner solución”, reflexiona.

No obstante, la psicóloga también admite que la voluntad de “dirigir la comprensión que ofrece la escritura expresiva” es fundamental para conseguir resultados positivos. También recomienda la supervisión de un experto en este tipo de escritura o bien de un psicólogo que pueda acompañar al paciente durante el proceso.

En cuanto a cómo y cuándo empezar a plasmar en un papel los sentimientos, emociones y pensamientos que provoca una experiencia traumática, Adrián Montesano sugiere que la persona debe encontrar el momento y el lugar en el que se encuentre cómoda y sin distracciones para escribir entre 15 o 20 minutos. “Que lo escriba dejándose ir, sin suspender el juicio o la crítica, no importa si cometes faltas o el estilo que utilices”, aclara.

Lo cierto es que la escritura puede llegar a ser una de las formas más poderosas y catárticas de terapia que existe. Y lo mejor de todo, está siempre al alcance de todos y cada uno de nosotros.

Par finalizar, una invitación…

Carta para los días de lluvia

Cuando te sientas bien y capaz de hacer frente a la vida diaria, puede ser útil escribirte una carta para leer posteriormente, en esos momentos que no son tan buenos, o en los que te encuentras particularmente débil o vulnerable. Se trata de escribir en tu “día bueno” una carta destinada a ti mismo expresándote apoyo y comprensión para leer y darte ánimos en el “día malo”.

En esta carta podrías incluir todo aquello que te  ayuda a sentirse mejor en esos momentos, lo que te ayudó en el pasado, cosas que hacer para sentirte bien, consejos sobre qué no hacer, tus fortalezas y recursos personales, cosas que necesitas saber en ese momento.

Pero sobre todo debes ser amable y compasiv@, mostrando apoyo y comprensión a tu yo más vulnerable.

Fuentes: La Vanguardia ~   Psicopedia  ~

 

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