RESILIENCIA. El arte de «rehacerse» ~

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Ella si será capaz de superarlo… no todas tenemos su fortaleza. Cualquiera en su lugar no lo hubiera logrado… él siempre se levanta de las caídas. Ha nacido con ese don. Todas estas frases hablan de personas que logran superar la tragedia, la adversidad, las situaciones de duelo y pérdida, por duras y difíciles que sean… ¿Cómo lo hacen? ¿Son de una “pasta” especial? ¿Nacen o se hacen con esa capacidad?

La resiliencia es un concepto que ocupa las primeras posiciones en psicología positiva y es un valor en alza en los nuevos planteamientos y terapias.  “Tenemos que ser resilientes”… pero ¿esto qué significa? ¿cómo hago para ser más resiliente?

Boris Cyrulnik, neurólogo, psiquiatra, psicoanalista y etólogo francés, divulgó este concepto,  tomando referencias de John Bowlby , definiendo la resiliencia como la capacidad de los seres humanos para superar períodos de dolor emocional y situaciones adversas, saliendo fortalecido de ellas.

Múltiples autores han hablado sobre este término, cada uno con un enfoque:

  • La resiliencia distingue dos componentes: la resistencia frente a la destrucción, es decir, la capacidad de proteger la propia integridad, bajo presión y, por otra parte, más allá de la resistencia, la capacidad de forjar un comportamiento vital positivo pese a las circunstancias difíciles. Vanistendael (1994).
  • Resiliencia es saber afrontar la adversidad de forma constructiva. Saber adaptarse con flexibilidad y salir fortalecido del suceso traumático. Dra. Santos. (2000).

Todas las personas tenemos la capacidad de sobreponernos a un estímulo adverso, pero el uso decidido y firme de esta capacidad es lo que nos hace realmente resilientes.

¿Aprender de una dificultad que sientes que no mereces? ¿Usar el humor cuando algo no sale bien? ¿Sacar lo positivo de cualquier situación?…. No es fácil actuar de este modo en todas las situaciones, pero ¿se puede aprender a hacerlo? Mi respuesta es que sí, sin embargo,  cada persona lo hace a su ritmo y con su estilo personal.

Se habla de dominios de resiliencia particulares para hacer referencia a formas específicas de resiliencia, como puede ser la social, la escolar o la emocional.

¿Qué dice la neurociencia acerca de la resiliencia?

Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar las situaciones difíciles y estresantes.

Algunos autores, más del ámbito biológico, incluyen en su definición de resiliencia el hecho de que esta se manifiesta también a nivel biológico, neurofisiológico y endocrino, en respuesta a los estímulos ambientales.

La investigación neurológica ha demostrado que tales evocaciones del trauma y estrés se generan con activaciones autónomas de diversas partes del cerebro, en especial las de la memoria y las de vigilancia, es decir, con activación en diferentes áreas del cerebro tales como los núcleos de la amígdala, el hipocampo, y luego el neocórtex.

Es la dualidad mente-cuerpo, en el que ambos se retroalimentan y expresan, de una u otra forma, la respuesta del individuo en una situación estresante o de sufrimiento.

El sufrimiento psicológico va a provocar en el sujeto modificaciones bioquímicas que son perceptibles en los análisis, principalmente el cortisol está vinculado con un incremento de la vigilancia o el estado de hiperalerta, así como de la atención focal. El exceso de cortisol implica: déficits en el desarrollo, la reproducción y en respuestas inmunes adecuadas. Esto explicaría (al menos parcialmente) lo observado en gente sometida a estrés intenso o de larga evolución: disminución del pensamiento asertivo, menor creatividad y proactividad, frecuencia de ideas estereotipadas (repetición de esquemas), así como disfunciones sexuales.

En síntesis: el cortisol atenta contra la resiliencia. Fortalecer nuestra resiliencia también repercute por tanto en el estado de salud física.

Mejorar nuestro estado físico mejora nuestra resiliencia y viceversa.

¿Cómo podríamos ser más capaces frente a la adversidad?

Las experiencias tempranas y los factores de personalidad que se establecen en la adolescencia son dos guías que van a marcar en ciertos aspectos nuestra capacidad de adaptación y resiliencia, sin embargo, hay cosas que podemos hacer para minimizar los factores de riesgo e incrementar los protectores en las situaciones de estrés y sufrimiento.

Para mejorar nuestra resiliencia necesitamos fortalecer las cualidades que nos permiten una adaptación positiva en una situación de adversidad o sufrimiento.

Probablemente tengamos desarrolladas más unas cualidades que otras, lo ideal sería equilibrar o reforzar aquellos aspectos que necesitemos sin tratar de abarcar todos, y lo que es muy importante, a nuestro ritmo.

Estos cambios necesitan comenzar quizás por el primero de ellos, conocernos un poco mejor para saber cómo afrontamos las situaciones dolorosas o traumáticas.

La resiliencia puede adquirirse, pero siempre a nuestro ritmo, sin ansiedad.

Ser resiliente no quiere decir que una persona no tenga heridas, sino que a pesar de ellas la situación adversa le ha sido instructiva de algún modo. Ha sido capaz de aceptar el dolor y en lugar de sumergirse en él, ha optado por aprender.

Recuerda: “Cuando hay una tormenta, los pajaritos se esconden pero las águilas vuelan más alto”. Mahatma Gandhi ~

Te invitamos a ver esta interesante y clarificadora entrevista a Boris Cyrulnik: «Resiliencia: el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.»

Fuente: La resiliencia, ¿qué es y cómo poseerla? areahumana.es

Credit Amanda Cass Art ~

 

 

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