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¿QUÉ SIGNIFICA AGRADECER 3 VECES?

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La Gratitud es la mayor expresión del amor y es la gran multiplicadora de la vida. Cuando nosotros agradecemos estamos diciéndole al universo lo bendecidos que somos por existir, por ser afortunados, por vivir el aquí y el ahora. Estamos diciéndole a nuestro Dios, al Universo, a la vida, la gratitud que sentimos por el solo hecho de existir.

Agradecer es un acto que genera bienestar. La gratitud de por sí es uno de los principios de vida más importantes que hay. Cuando agradeces de corazón, estás entregando parte de tu buena energía. Y es aquí, donde justamente tiene lugar esa ley que dice “recibes lo que das”.

¿Por qué agradecer 3 veces?

Cada vez que escribes la palabra Gracias 3 veces, estás aumentando la concentración de gratitud en tu vida, porque es el número matemático para toda nueva creación en el universo. Entonces, cuando dices gracias tres veces seguidas, estás usando el número mágico de la creación.

Simbólicamente con el tres nos referimos a varias cosas que tienen lugar en el universo. Quizá no lo sabías, pero detrás de este gesto se esconde algo muy espiritual. El número 3 representa algo que se ve como un todo. El número tres puede representar la totalidad humana: cuerpo, mente y espíritu.

Por ejemplo: en la biblia, también se habla de que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo; las dimensiones del tiempo son 3: pasado, presente, futuro; los estados del agua son 3: sólido, líquido y gaseoso, y el Universo tiene 3 planos de manifestación: físico, mental y etérico. Así pues, agradecer tres veces, también tiene su trasfondo.

Entonces cuando yo digo, pienso o escribo 3 veces la palabra «gracias», hago esto:

Gracias por todo lo que soy.
Gracias por todo lo que tengo.
Gracias por todo lo bueno que ahora fluye hacia mí.

Dar las gracias es un acto muy positivo que envuelve pureza, profundidad y poder, además te ayudará a estar más en paz contigo mismo. Por lo que, si agradeces tres veces de corazón a Dios o al Universo, lo que estás haciendo es decretar un cambio de actitud, un cambio de estado de ánimo y una manera diferente pero positiva de ver las cosas.

Asimismo, cuando des las gracias tres veces, abrirás las puertas de tu corazón para albergar amor, generosidad, seguridad, confianza y bienestar.

Cuando das las gracias por algo tres veces, estarás agradeciendo lo que eres, lo que tienes, y lo que viene en camino, si agradeces al universo tres veces estarás decretando prosperidad y abundancia a tu vida. Gracias, gracias, gracias.

«Si eres agradecido, cosas buenas llegarán a tu vida».

Encuentra  más sobre Gratitud aquí:

ORACIÓN DE GRATITUD. Louise Hay

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CARTA DE BERT HELLINGER A SU PADRE. ~

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Querido papá:

Tanto tiempo no supe lo que me faltaba en lo más íntimo. Tanto tiempo estuviste tú, querido papá, desterrado de mi corazón. Tanto tiempo fuiste como un simpatizante más, que pasé por alto, porque mi mirada se mantenía dirigida hacia algo distinto, hacia algo Mayor, así es como me lo imaginaba.

De pronto regresaste a mí desde la lejanía, porque mi mujer Sophie te llamó. Ella te vio y tú hablaste conmigo a través de ella. Cuando pienso lo mucho que, tantas veces, me consideré superior a ti, lo mucho que también te temí, porque a menudo me golpeaste dolorosamente; y lo mucho que te desterré de mi corazón. SÍ tuve que desterrarte, porque mi madre se interpuso, entonces siento hasta ahora, en lo vacío y lo solitario que me había convertido y que me encontraba, como apartado de la vida plena.

Pero ahora regresaste a mí como de muy lejos, cariñosamente y a distancia, sin intervenir en mi vida. Hasta tan sólo ahora comienzo a captar, que fuiste tú, quien día a día aseguró nuestra supervivencia, sin que hayamos sentido en el fondo, cuánto amor se desbordó de ti hacia nosotros, siempre de la misma manera, siempre en vista de nuestro bienestar y no obstante, como excluido de nuestros corazones.

¿Alguna vez te hemos dicho lo fantástico que fuiste como nuestro padre? La soledad te rondó y como quiera permaneciste cuidadoso y cariñoso al servicio de nuestra vida y de nuestro futuro. Nosotros lo tomamos como natural, sin valorar jamás, lo que a ti te exigía. Ahora me brotan las lágrimas, querido papá.

Me inclino ante tu grandeza y te tomo en mi corazón. Tanto tiempo estuviste como excluido de él. Tan vacío se encontraba sin ti. También ahora te mantienes a cierta distancia, en forma amable, sin esperar algo de mí que quite un tanto de tu grandeza y tu dignidad.

Tú sigues siendo el grande como mi Padre, y yo te tomo y todo aquello que te debo, como el hijo por ti amado.

Querido papá, Tu Toni*

*Así llamaban a Bert Hellinger en su casa cuando era un niño.

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UN PADRE CONSCIENTE SABE QUE SU HIJO ES SU MAESTRO. Alejandro Jodorowsky ~

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 A un niño, mejor que decirle lo que debe hacer es mostrarle lo que haces.
Éstas podrían ser las últimas palabras de un padre de conciencia elevada a su hijo:
“Viniste al mundo para ser mi maestro, tenías que ser como tú eras, luché para no robarte la infancia y no desviarte de tu futuro. Tú eras mi futuro, te doy las gracias por tu existencia.
Tienes que ser tu propio protector, tu creador. Te dí lo que pude, lo que no supe darte tienes que dártelo tú mismo. Me voy sabiendo que te vas a realizar y tu realización será la mía.
Te dejo mi fuerza, mi corazón. Gracias por acompañarme en mi muerte, sabes que te he querido mucho”.
Alejandro Jodorowsky ~
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LAS 12 LEYES DEL KARMA. Un camino de sabiduría para la vida. ~

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Dentro de tradiciones religiosas como el budismo y el hinduismo, el karma se entiende como un principio universal de justicia y equilibrio a partir del cual todas tus acciones tienen una consecuencia equivalente. De acuerdo con la tradición budista, el karma se desprende de una fuerza cósmica que tiende a la compensación y la armonía.

Así, el karma es el juez de nuestros actos, la energía transcendente e invisible que se deriva de nuestros comportamientos y que va acumulando consecuencias y pagos conforme a ellos. Las leyes del karma nos dicen en esencia que las fuerzas que pusimos en movimiento hace diez minutos o hace diez vidas volverán a nosotros.

Íntimamente ligado a las reencarnaciones venideras, siguiendo los principios del hinduismo, el karma se convierte en la energía que usaremos para limpiar el alma hasta que alcancemos la perfección. Así, mientras que el karma simboliza la responsabilidad y el pago por nuestras acciones, la reencarnación nos ofrecería la oportunidad de seguir avanzando.

“¿Existe una máxima que debería ser la base de las acciones que uno toma a lo largo de su vida? Seguramente es la máxima de la compasión: no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”.  Confucio ~

Las 12 leyes del karma

Como vemos, el karma no da lugar a la casualidad. A continuación, veamos cómo sus leyes dictaminan cómo responder por nuestras acciones, pensamientos y sentimientos.

1. La gran ley del karma o la ley de causa y efecto

Hemos crecido con esta ley muy presente aunque no lo sepamos. De hecho, algunos expertos han asociado la ley de causalidad universal con ésta ley del karma.

Según ella, aquello que sembremos es lo que cosecharemos. Lo que ponemos en el Universo es lo que vuelve a nosotros. La energía negativa enviada a otros volverá de nuevo a nosotros, pero eso sí, 10 veces más potente. El karma es el juez de nuestros actos que nos ayuda a reflexionar sobre nuestros sufrimientos.

Así, y dejando a un lado este enfoque espiritual, dicho principio cuenta con una gran correspondencia psicológica. Pensemos, por ejemplo, en ciertas dinámicas comportamentales. En ese padre autoritario, en esa madre controladora, o en ese amigo que traiciona o desparrama rumores. El efecto de todos estos actos es evidente en muchos casos: la distancia, el necesitar dejar a un lado ese foco que en un momento dado nos dio solo sufrimiento e infelicidad.

Reflexionemos por tanto en dicha correspondencia. En la causalidad existente entre nuestros actos y sus consecuencias.

2. Ley de la creación

La vida requiere que participemos de ella. Somos uno con el universo dentro y fuera, somos parte de la corriente de nacimiento de la naturaleza y nuestras vidas se reproducen como el resto de ciclos naturales. Lo que nos rodea nos da pistas sobre nuestro estado interior. Crea las opciones que quieras tener en tu vida.

Dentro del budismo cada uno de nosotros somos plenamente responsables de aquello que hacemos. Las leyes del karma nos enseñan que tenemos la libertad suficiente para que seamos capaces de crear la realidad que deseamos. Sin embargo, más tarde seremos juzgados en base a esas elecciones tomadas, a ese tejido diseñado en base a nuestras acciones.

3. Ley de la humildad

Lo que te niegas a aceptar, te seguirá ocurriendo. Este principio tan conocido de las leyes del karma es algo que vemos con muchas frecuencia en nuestra cotidianidad. Todos de algún modo, presentamos ciertas realidades internas que no queremos ver. En nosotros habita el egoísmo, el apego excesivo hacia lo material o incluso nuestra dependencia absoluta hacia ciertas personas.

Ser humildes es ser capaz de ver al realidad aunque no nos guste. Implica mirar hacia nuestro interior para ver todas nuestras heridas, defectos y debilidades. Solo quien es capaz de verse con autenticidad es capaz a su vez de ejercer un cambio. Y ese avance, ese logro debe partir desde la ley de la humildad.

4. Ley del crecimiento

Donde quiera que vayas, siempre estarás tú. Para crecer con autenticidad somos nosotros los que debemos cambiar y no las personas, los lugares o las cosas que nos rodean. Pero llevar a cabo ese principio tan básico requiere un gran esfuerzo. ¿La razón? Nuestra sociedad no nos ha educado según la ley del crecimiento.

Somos ese mundo obsesionado en mirar al exterior, en ansiar lo que no tenemos, en envidiar lo que tiene el otro. Somos entidades pasivas que esperan a que los demás cambien para ajustarse a nuestras necesidades.

Solo tendremos control sobre nosotros mismos cuando seamos capaces de crecer desde el interior. Dejando a un lado el contexto, aceptando a los que nos rodean por lo que son y no por lo que nos gustaría que fueran. Si procuramos ejercer cambios en el propio ser, nuestra vida también cambiará. Y esto ha de hacerse con cuidado para que redunde en un beneficio kármico.

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5. Ley de responsabilidad

¿Asumes la responsabilidad de cada una de tus acciones? La felicidad de los tuyos depende de lo que hagas, de lo que digas o no digas, de tus silencios, de tu presencia o tu ausencia. Eres responsable de tus elecciones, de tus errores y de tus éxitos. Según las leyes del karma todo aquello que nos sucede es un reflejo del propio interior.

No obstante, queda claro que hay cosas que escapan a nuestro control. Cuando menos lo esperamos llega la adversidad. Ahora bien, en estos casos lo que cuenta es tu actitud hacia esos acontecimientos. El modo en que respondes también determinará su efecto. Así que hazlo, sé responsable de tu persona, de tus palabras, acciones y reacciones.

6. Ley de la conexión

El propio universo se inscribe en las cosas más pequeñas. En las casuales, en todo encuentro, en todo acto, decisión, elección personal. Todas esas dinámicas según las leyes del karma están conectadas. Porque todo lo que existe está engarzado como una pulsera de cuentas. Si una perla se mueve moverá a las siguientes, si una se rompe las demás también se desprenderán.

Asimismo, cada paso que damos es el resultad de nuestro pasado. Nuestras decisiones presentes afectan a las futuras. Nada queda libre, ningún eslabón queda suelto en nuestra existencia… Ser capaces de percibir la ley de la conexión nos permitirá ser más consecuentes (y prudentes) en cada uno de nuestras decisiones.

Ni el primer ni el último paso son más o menos importantes porque ambos son necesarios para realizar la tarea. Las leyes del karma nos recuerdan que todos estamos conectados en pasado, presente y futuro.

7. Ley del enfoque

No se puede pensar en dos cosas al mismo tiempo. Tienes que ir subiendo peldaño por peldaño, poco a poco. Cuando perdemos el norte en nuestra brújula despertamos a la inseguridad y a la ira. Asúmanoslo, este es también otro de nuestros temas pendientes. El propio Daniel Goleman nos recuerda la importancia de entrenar la atención como si de un músculo se tratara.

Nuestra realidad está llena de misterios, de oportunidades y rincones donde se encuentra la felicidad. Solo quienes están atentos de mente y corazón conectarán con aquello que el universo les tiene reservado. Ahora bien, aquellos que miren el mundo solo a través de la carencia, de materialismo y a través del deseo de posesión, rara vez entenderán el misterio de la casualidad. La magia de la vida.

Enfocarse es mirar el mundo desde el corazón. Ajustar nuestra mirada a lo que nos envuelve es conectarse a la realidad con sabiduría.

8. Ley del dar y de la hospitalidad.

Quien es capaz de dar a los demás aquello que es suyo, ofrece también parte de su energía: hace nuestro universo más amplio y receptivo. Ofrecer y acoger son dos principios vitales en la humanidad, aquello que nos hace grandes, aquello que nos hace nobles.

Porque estos dos actos se llevan a cabo mediante la humildad y ese enfoque descalzo de egoísmos donde ser capaces de acoger al otro como parte de uno mismo.

Según las leyes del karma, esta energía también retorna a nosotros. Quien ampara, acoge y es capaz de dar, al final también recibe. Tarde o temprano ese acto de nobleza nos recompensará como merecemos.

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9. Ley del aquí y ahora

Mirar hacia atrás y vivir anclados en el pasado es lo que nos impide disfrutar del presente. Debemos aprender a centrarnos en lo que sucede en este mismo instante, en el aquí y ahora. Ahora bien ¿cómo lograrlo?

Somos esa sociedad ocupada y e hiperconectada. Estamos pendientes de múltiples estímulos y el presente, se desdibuja del horizonte ante tantas presiones, informaciones y ansiedades.

En este punto, es necesario aplicar también la ley del enfoque. Algo que nos enseña muy bien prácticas como el mindfulness. Solo cuando aprendemos a entrenar nuestra atención en el momento presente, podemos apreciar mejor cada instante y ser conscientes de todo lo que sucede.

10. Ley del cambio

La historia se repite hasta que aprendamos las lecciones necesarias para cambiar nuestro camino. Es decir, si solo te has involucrado en relaciones problemáticas, solo has trabajado en ambientes laborales tóxicos, o lidiado con sucesos desagradables de manera repetitiva es porque no has aprendido la lección por completo. Cuando lo hagas, tu vida cambiará.

Ahora bien, ¿cómo saber si estamos en nuestro camino? ¿cómo intuir que no estamos cometiendo los mismos errores pasados?

La ley del cambio es también la ley de la responsabilidad. Cada paso que demos, cada elección tomada debe hacerse desde la bondad y la humildad. Sin hacer daño a otros, sin ir en contra también de nuestras necesidades y esencias.

Algo así se lleva a cabo desde el autoconocimiento. Porque solo cuando seamos capaces de entendernos a nosotros mismos pondremos en marcha esos cambios que edificarán nuestro verdadero destino.

11. Ley de la paciencia y la recompensa

Las leyes del karma nos recuerdan que todas las recompensas requieren de un esfuerzo inicial. Nada llega porque sí, nada acontece solo porque el destino o la suerte lo desee. Así, y aunque en ocasiones puedan sucederse esas mágicas casualidades, dichos acontecimientos responden a una causa inicial.

Somos nosotros mismos los arquitectos de nuestro presente, nosotros quienes edificaremos nuestro futuro. Algo así implica esfuerzo, voluntad y determinación.

La mayor gratificación es la que llega finalmente tras aunar paciencia y persistencia.

12. Ley de la importancia e inspiración

El valor de algo es el resultado directo de la energía y la intención que se pone en él. Cada contribución personal es también una contribución a la totalidad. Las contribuciones mediocres no tienen ningún impacto en la totalidad, son tan comunes que se anulan entre ellas.

Por tanto, debemos ser capaces de implicarnos en todo aquello que llevamos a cabo, en dotarnos de esa inspiración que erige grandes sueños y que tarde o temprano los hace realidad.

Si le damos importancia a cada objetivo propuesto e invertimos en ese propósito los mejores recursos personales, la magia acontecerá. El destino cobrará realidad.

La conexión entre las 12 leyes del karma

Como pudimos observar, las leyes del karma no son independientes unas de las otras; al contrario, forman parte de un único principio: todos muestras acciones tienen consecuencias, y todo lo bueno o malo que hagamos, regresará a nosotros.

Ahora bien, creas o no en la filosofía kármica, puedes usar estas estas leyes para conducir tu vida. Pues, representan un buen comienzo para ser más responsables, humildes y generosos; no solo con nosotros mismos, sino con el resto del mundo.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com ~ y mejorconsalud.com

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LA INMORTALIDAD. Según Brian Weiss ~

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Todos somos inmortales.
No me refiero simplemente a que, antes de morir, transmitimos nuestros genes, nuestras convicciones, nuestras peculiaridades y nuestras costumbres a nuestros hijos, y ellos, a su vez, a los suyos; aunque, desde luego, esto es así. Tampoco me refiero a que nuestros logros (la obra de arte, el invento para la confección de zapatos, la idea revolucionaria, la receta para hacer tarta de arándanos) nos sobreviven, aunque, desde luego, esto también es así. Lo que quiero decir es que la parte más importante del ser humano, el alma, vive eternamente.
Sigmund Freud afirmó que la mente funcionaba en distintos niveles. Entre ellos, está lo que él denominó el inconsciente, del que, como su propio nombre indica, no somos conscientes, y que almacena toda nuestra experiencia y nos empuja a actuar como actuamos, a pensar como pensamos, a responder como respondemos y a sentir como sentimos. Freud comprobó que sólo si accedemos al inconsciente podemos descubrir quiénes somos para, con ello, alcanzar la curación. Hay quien ha escrito que eso es precisamente el alma, el inconsciente de Freud. Y en mi trabajo de regresión, y últimamente de progresión, de pacientes a sus vidas pasadas y futuras para que puedan
curarse con más facilidad, esto es también lo que veo: el funcionamiento del alma inmortal.
Creo que todos poseemos un alma que existe después de la muerte del cuerpo físico y que regresa una y otra vez a otros cuerpos en un intento progresivo de alcanzar un plano superior.  Esto no puede demostrarse de forma empírica; el alma no tiene ADN o, al menos, no tiene un ADN físico. Sin embargo, los casos de los que se tiene conocimiento son abrumadores y, para mí, sin lugar a dudas, concluyentes. Lo he visto casi todos los días desde que Catherine me llevó con ella hasta momentos del pasado tan dispares como la Arabia del año 1863 antes de Cristo o la
España de 1756.
Cuando mis pacientes se veían en otras vidas, los traumas que les habían conducido hasta mí quedaban mitigados y, en algunos casos, llegaban a desaparecer. Ése es, pues, uno de los propósitos fundamentales del alma: progresar hacia la curación.
Si fuera yo el único que hubiera visto esos casos, el lector tendría razón al creer que sufro alucinaciones o que he perdido el juicio…
Cientos de terapeutas han grabado miles de sesiones sobre vidas pasadas, y muchas de las experiencias de sus pacientes se han comprobado.
Justo antes de morir, el alma, esa parte del ser que es consciente cuando abandona el cuerpo, se detiene durante un instante, flotando en el aire. En ese estado, puede diferenciar el color, escuchar voces, identificar objetos y repasar la vida que acaba de dejar atrás. Ese fenómeno se conoce como «experiencia extracorporal» y se ha documentado en miles de ocasiones; son especialmente conocidos los casos de Elizabeth Kubler-Ross y Raymond Moody. Todos lo experimentamos al morir, pero son pocos los que han regresado a la vida presente para contarlo.

¿Adónde se dirige el alma tras abandonar el cuerpo?

No estoy seguro; puede que no exista la palabra adecuada para designar ese lugar. Yo digo que es otra dimensión, un
estado de conciencia superior. Está claro que el alma existe fuera del cuerpo físico y que establece conexiones no sólo con las demás vidas de la persona que acaba de abandonar, sino con todas las demás almas. Morimos físicamente, pero esa parte de nuestro ser es indestructible e inmortal. El alma es eterna. Probablemente, en el fondo, exista sólo un alma, una energía. Mucha gente lo llama Dios; otros, amor. Pero tampoco es el nombre lo que importa.
Yo entiendo el alma como una entidad energética que se fusiona con la energía universal y que después vuelve a separarse, intacta, al regresar a una nueva vida. Antes de fundirse con el alma única, contempla desde lo alto el cuerpo que acaba de abandonar y hace lo que yo denomino una evaluación vital, un repaso de la vida que acaba de
abandonar. La evaluación se realiza con espíritu de bondad afectuosa y cariño. No se trata de castigar, sino de aprender.
El alma registra las experiencias. Siente el aprecio y la gratitud de todas aquellas personas a las que uno ha ayudado en la vida, y de todos aquellos seres a los que ha amado, con más intensidad ahora que ha abandonado el cuerpo. Del mismo modo, siente el dolor, la rabia y la desesperación de todos aquellos a los que ha hecho daño o traicionado, también de manera acentuada. Así, el alma aprende a ser compasiva.
Una vez terminada la evaluación, el alma parece alejarse más del cuerpo y a menudo encuentra la hermosa luz, aunque puede que no suceda de inmediato; pero no importa, la luz siempre está ahí. A veces hay otras almas (llamémoslas sabios, maestros o guías) que son muy experimentadas y que la ayudan en su viaje hasta el alma única. En un nivel determinado, se funde con la luz, pero sin perder la conciencia, para poder seguir aprendiendo al otro lado (al final del viaje inmortal, la fusión será completa), y ese proceso va acompañado de una indescriptible
sensación de felicidad.  Al final (el tiempo transcurrido varía), el alma decide regresar a otro cuerpo y, cuando se reencarna, pierde la sensación de estar fusionada. Hay quien cree que la separación de esa gloria, de esa dicha que surge de la fusión de luz y energía, produce un hondo pesar, y puede que así sea.
En la Tierra, en el presente, somos individuos, pero la individualización es una ilusión característica de este plano, de esta dimensión, de este planeta. Sí, estamos aquí, somos reales, tangibles, igual que el sillón en el que quizás esté sentado usted mientras lee, pero los científicos saben que un sillón lo componen sólo átomos, moléculas, energía: es un sillón y, al mismo tiempo, energía. Nosotros somos humanos, finitos y, al mismo tiempo, inmortales.

A mi entender, en el nivel superior todas las almas están interconectadas. Creemos que somos entidades individuales, separadas; pero eso es sólo una ilusión, una falsa ilusión que, aunque en la Tierra puede tener sentido, nos impide ver la realidad: estamos conectados con todas las demás almas y, en una esfera distinta, todos somos uno. En este mundo, nuestros cuerpos son densos y pesan según parámetros físicos; sufren dolencias y enfermedades. Pero estoy convencido de que, en reinos superiores, no existen los padecimientos físicos. En esferas aún superiores, no hay nada físico, sólo la conciencia pura. Y más allá (y más, y más allá), en niveles que no podemos llegar a concebir y donde todas las almas conforman una única, ni siquiera existe el tiempo. Esto quiere decir que las vidas pasadas, presentes y futuras podrían discurrir de forma simultánea.

Fuente: Muchos cuerpos, una misma alma. Brian Weiss ~

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LA PARÁBOLA DE LA FLECHA ENVENENADA. Buda ~

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En el Majjhima Nikaya, una colección de textos atribuidos a Buda, que forman parte del Canon Pali, se cuenta la que ha sido llamada «la parábola de la flecha envenenada».

La historia es contada por Gautama Buda aparentemente después de que un discípulo estuviera impaciente de escuchar del maestro las respuestas a las «14 preguntas sin respuesta».

Hubo una vez un hombre que fue herido por una flecha envenenada. Sus familiares y amigos le querían procurar un médico, pero el hombre enfermo se negaba, diciendo que antes quería saber el nombre del hombre que lo había herido, la casta a la que pertenecía y su lugar de origen.

Quería saber también si este hombre era alto, fuerte, tenía la tez clara u oscura y también requería saber con qué tipo de arco le había disparado, y si la cuerda del arco estaba hecha de bambú, de cáñamo o de seda.

Decía que quería saber si la pluma de la flecha provenía de un halcón, de un buitre o de un pavo real… Y preguntándose si el arco que había sido usado para dispararle era un arco común, uno curvo o uno de adelfa y todo tipo de información similar, el hombre murió sin saber las respuestas.

Ésta es básicamente la parábola, si bien a veces es relatada con algunos más detalles. Evidentemente la actitud del hombre herido es absurda y podríamos pensar que es de una necedad inaudita, pero Buda nos diría que a la mayoría de nosotros nos está pasando algo muy similar pero no nos damos cuenta.

De alguna manera todos estamos heridos con esa flecha envenenada –todos estamos muriendo– y hacemos preguntas irrelevantes (por más que sean fascinantes), y le damos importancia a cosas que solamente nos desvían de nuestra realidad.

Todos tenemos la oportunidad de salvarnos de esta herida –si abandonamos nuestra importancia personal– pero pocos los hacemos. Hay muchas cosas que son innecesarias –la verdadera espiritualidad consiste más en eliminar las cosas que son innecesarias que en penetrar construcciones metafísicas y obtener deslumbrantes conceptos filosóficos.

De alguna manera Buda nos está sugiriendo que el camino no es a través de la mente y de sus especulaciones –la mente que es incesante en su duda y en su deseo y que teje laberintos espectrales a la velocidad del pensamiento– sino que el sendero se abre a través de la acción que responde a lo que es necesario, la conducta en armonía con la Ley.

Manly P. Hall comenta sobre esta parábola en su libro Buddhism and Psychotherapy:

En la parábola, la flecha es la tragedia inmediata, significando el egoísmo base que se ha convertido en el lugar común de la existencia moral… No nos damos cuenta de la gravedad de la herida, o estaríamos impelidos a remover la flecha inmediatamente, utilizando cualquier medio a nuestro alcance para liberarnos de los venenos que han sido colocados en la punta de la flecha. Mientras el ser humano viva apegado a un código de interés personal, justificando el error malinterpretando los patrones universales a su alrededor, nunca podrá conocer la libertad más allá del dolor.

La parábola de Buda y el comentario de Manly P. Hall, nos invitan a examinar nuestra propia conciencia, nos llaman a atrevernos a ver lo que es evidente. ¿Qué es lo necesario? ¿Qué es aquello que debo hacer antes que otra cosa? Quizá si meditamos –no es necesario tener gran técnica, sí lo es la sinceridad– nos daremos cuenta que lo necesario, lo que justamente debemos hacer, es tan contundente como una flecha enterrada en el cuerpo.

Fuente: Cultura Inquieta

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LAS 7 EDADES DEL ALMA. ¿Cuál es la edad de la tuya?

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«El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos». Aristóteles ~

Y sin embargo, nadie jamás ha sido capaz de verla, de medirla o de aquilatarla en una perspectiva de realidad tangible. Pero, aún así y aunque los científicos renieguen de este concepto, la realidad es que permanece vivo en nuestra cultura, como aquello en lo que creemos aunque no podamos tocar. Quizás habrás escuchado expresiones como alma joven o alma vieja. Tal vez incluso te hayas preguntado cómo saber la edad de mi alma. Pues hoy nos acercamos a una teoría interesante. Se trata de las 7 edades del alma.

¿En qué consiste la teoría de las 7 edades del alma?

La teoría de las 7 edades del alma no es un asunto del mundo moderno. En realidad, gran parte de las tradiciones religiosas, filosóficas y culturales, pasando por los antiguos egipcios, hindúes y griegos, y hasta los chinos y los mayas, contemplan como divino el origen del alma y el espíritu. En esta concepción, la edad del alma tiene poco que ver con la edad del cuerpo físico. Puede una persona ser anciana y tener un alma joven, un alma infantil. También se da el caso de niños que parecen mostrar una sabiduría no acorde a su edad. Son aquellos que muestran rasgos de un alma vieja. 

Lo que plantea esta teoría es que el alma se fija unos objetivos antes de encarnarse. Según la vida que haya tenido y que tan bien los haya cumplido o no, puede avanzar o repetir alguno de los niveles. Este proceso no es infinito, sino que tiene como objetivo final: alcanzar la inmortalidad en la última etapa o edad del alma.

Cada una de las 7 edades del alma tiene una analogía o semejanza con las etapas de la vida humana y así es más fácil entender el proceso evolutivo. Muchos de los seguidores de esta filosofía creen que en cada una de las edades del alma existen además 7 niveles. Cada uno de ellos representa un progreso o avance dentro de la edad en que se encuentra el espíritu. Si no se consiguen los avances que se esperaban, el alma cambia de estrategia para tratar de conseguirlo, pero siempre de una manera reposada. El alma no tiene prisa para consolidar sus etapas. Cuando alcanza su última edad, el alma que ha hecho el viaje consigue la inmortalidad, al unirse con el principio supremo que impregna todo el universo, similar al «Tao» del taoísmo.

¿Cuáles son las 7 edades del alma?

1. El alma recién nacida

En la primera de las las 7 edades del alma, la misión de ésta es aprender a sobrevivir. Se trata de personas con miedos y particularmente primitivos. No tienen especial atención por la ética o la moral y su búsqueda principal es el placer y el evitar el dolor. Se le ve como un alma simple, mundana y que vive para el momento. La parte positiva de esta etapa es que suele estar muy unida a la naturaleza.

2. El alma bebé

En esta etapa del alma, el ser tiene menos miedos y empieza a ser más sofisticado en su comportamiento. Estas personas suelen seguir ciegamente a la autoridad y se sienten cómodas sin cuestionar nada. Su finalidad es tener una buena vida basada en valores tradicionales. No se preocupan de búsquedas existenciales o espirituales.

3. El alma joven

Si te inquieta la pregunta de como saber la edad de tu alma, quizás te encuentres siendo un alma joven o alguna de las siguientes etapas. Independencia, ambición, ejercicio del poder, competitividad, aventura, sentido práctico y creatividad son los rasgos generales que definen la juventud humana, y que se hallan en la tercera entre las 7 edades del alma. Buscan vivir experiencias, productividad, riquezas y reconocimiento. Dan especial atención a su cuerpo físico y les aterra la idea de la muerte. También empiezan a preocuparse por la ética y la espiritualidad, pero siempre en un segundo plano.

4. El alma madura

La siguiente de las 7 edades del alma es el alma madura, definida por la eterna búsqueda. El alma madura siente que falta algo y se reconocen a si mismo y a los demás como seres espirituales que intentan conseguir respuestas a la existencia. Compasión, solidaridad y emociones de todo tipo surgen en esta edad. Intentan vivir una vida plena y auténtica. Se estrecha tanto las relaciones humanas como con el mundo animal y la naturaleza.

5. El alma vieja

Al llegar a esta etapa, el alma acumula muchas lecciones de vida y tiene conocimiento y sabiduría. La verdadera naturaleza del universo y de la vida se le presentan más claros. No tienen miedo de confiar en sus instintos y son grandes maestros y guías espirituales. Solo les mueve la satisfacción interior y rara vez hacen cosas que en verdad no deseen hacer. A veces pueden parecer solitarios, extraños e incluso rebeldes con la autoridad o no encajar en ningún grupo.

6. El alma trascendente

La siguiente en las 7 etapas del alma es muy interesante y se acerca al fin mismo del proceso. Se trata del alma trascendente, aquella que ha ascendido y vuelve para servir de iluminación a los demás. Su misión es aportar guía con su presencia y enseñanzas, a fin de acelerar el camino hacia el amor y la unidad. Pueden acceder a todas las dimensiones de la experiencia y a todas las capas de la realidad.

7. La edad infinita del alma

Y la última de las 7 edades del alma es aquella que se define como la edad infinita. Se trata de la última  antes de unirse plenamente con el principio supremo que impregna todo el universo. Son plenamente amor y su existencia terrenal suele ser muy corta. Son grandes avatares en la historia humana.

Y tú, ¿habías escuchado sobre la teoría de las 7 edades del alma? ¿te has cuestionado sobre como saber la edad de tu alma? ¿Te identificas con alguna de ellas? Déjanos todas tus opiniones en un comentario. ¡Estaremos deseando leerte! Y si captura tu atención este interesante tema, no te pierdas el artículo sobre la teoría del peso del alma.

Fuente: Supercurioso.com

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COMO SABER SI VERDADERAMENTE SON TUS ÁNGELES O ES TU IMAGINACIÓN.

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Una chiquilla tiene la mirada perdida en el espacio y la dirige hacia la altura de su hombro izquierdo. Da la sensación de que está conversando sola.
–  ¿Con quién hablas, cariño? — su madre le pregunta.
– Con mi ángel — contesta la niña con toda naturalidad.
La madre de la niña me comentó más tarde, “Me extraña, porque no somos una familia religiosa y nunca he hablado acerca de los ángeles en su presencia. Que yo sepa, nadie le ha hablado sobre este tema”.
He oído historias parecidas de padres de todo el mundo. Los niños son indudablemente más receptivos y pueden ver y oír a sus ángeles mejor que un adulto. ¿Y cuál es la razón? En mis investigaciones he descubierto que la razón principal es que a los niños no les importa si el ángel o sus mensajes constituyen una realidad o una fantasía; simplemente les divierte la experiencia sin cuestionarse su validez. Quizás ésta sea la razón por la cual en un estudio realizado por el Doctor William MacDonald de la Universidad del Estado de Ohio, se demostró que los niños tienen más experiencias físicas verificables que cualquier otro grupo de edad.
Nosotros, los adultos, nos ponemos tan nerviosos pensando en si estamos realmente imaginando la presencia angelical que a menudo descartamos el consejo Divino legítimo. Si pudiéramos parecernos a los niños y evitáramos la incredulidad durante unos momentos, disfrutaríamos más intensamente de las ricas experiencias de Dios y del reino angelical.
De todos modos, nuestro hemisferio izquierdo a menudo decide y exige pruebas y evidencias; y quizás hayan sido las experiencias dolorosas las que nos han hecho ser cautos. Queremos garantías de que nuestras vidas mejorarán antes de decidir abandonar nuestros trabajos y hacernos autónomos, o dejar la ciudad donde hemos crecido.
Afortunadamente, algunas características distintivas nos ayudan a diferenciar entre las experiencias angelicales verdaderas de nuestras ilusiones (o de la energía que se basa en el miedo). Lo hacemos gracias a nuestros cuatro sentidos divinos; la vista, el oído, los pensamientos y las sensaciones. Todos recibimos mensajes angelicales a través de estos sentidos; de todos modos, únicamente tenemos un sentido primario más desarrollado. Por ejemplo, yo misma soy una persona altamente visual, así que mis experiencias angelicales me llegan a modo de visiones. Otros
probablemente sean más sensibles a las sensaciones que provocan las intuiciones o tengan su sentido de la audición más desarrollado.
Sentir los mensajes Divinos
La mayoría de las personas experimentan una “sensación” emocional o física cuando tienen una experiencia angelical. Si no estás segura de que se trate realmente de una visita o de un mensaje angelical, analiza estas
señales:
Una verdadera experiencia angelical que implica sentimientos .
Un encuentro de estas características:
* suele ser cariñoso y afectuoso, como si de un abrazo amoroso se tratara;
* suele hacerte sentir segura, aunque te esté alertando de un peligro;
* a menudo va acompañado de fragancias de flores inmateriales o del olor inconfundible de tu ser querido fallecido;
* puede provocar que la temperatura o que la presión del aire varíe;
* puede hacerte sentir como si alguien te tocara la cabeza, el pelo o el hombro;
* puede darte la sensación de que una persona cercana a ti está a tu lado;
* se produce de forma natural, como si la experiencia apareciera con total libertad.

Imaginación u orientación falsa que implica sentimientos .
Una experiencia de este tipo:
* suele ser fría y dolorosa;
* puede hacerte sentir miedo o pánico;
* provoca que la habitación de repente se hiele;
* da la sensación de que estás totalmente sola;
* provoca la necesidad de regresar muy pronto;
* es como si fuese forzada.

Recibir los mensajes Divinos como pensamientos
Tus experiencias con los ángeles pueden ser en forma de ideas, revelaciones o pensamientos, más que sensaciones.
Un encuentro de estas características:
* supone conceptos coherentes y repetitivos;
* se basa en un tema central que trata de cómo puedes ayudar a solucionar un problema o ayudar a terceras personas;
* es positivo y fortalece;
* te da instrucciones específicas sobre el primer paso que debes dar y también te da instrucciones sobre los siguientes;
* surge de la nada o en respuesta a tus oraciones;
* es coherente con tus intereses, pasiones o talentos naturales;
* te da a conocer que un ser querido fallecido en concreto está cerca de ti, aunque no lo puedas ver.

Imaginación u orientación falsa que implica pensamientos
* es aleatoria y siempre cambiante;
* es decepcionante y ofensiva;
* te hace pensar en el peor de los supuestos;
* consiste en pensamientos deprimentes y aterradores;
* hace que las ideas aparezcan con demasiada lentitud como respuesta a tus preocupaciones;
* es un modelo de cómo hacerte rico con rapidez;
* su motivación principal es el deseo de escapar de una situación actual, en lugar de ayudar a los demás.

Escuchar los mensajes Divinos
Una broma común entre los estudiantes de psicología es decir que si uno oye voces es señal de locura. Por otra parte, muchos de los santos, sabios y grandes inventores han recibido orientación en su camino. Miles de personas me han dicho que han recibido avisos que les han salvado, a ellos o a sus seres queridos, de
peligros y que no tienen una explicación normal.
La diferencia entre oír una auténtica voz Divina, prestar atención a la imaginación o tener alucinaciones, es clara y definida.

Tu experiencia angelical posiblemente implique lo que ves, tanto si estás despierta o dormida o en estado de meditación. Hay muchas formas de distinguir las visiones verdaderas de las falsas.

Una experiencia angelical verdadera que implica el sentido de la vista
Las visitas que se producen durante el sueño parecen casi surrealistas, con colores vivos y muchas emociones.
Se pueden ver centellos o ráfagas de luz o brumas coloreadas.
La visión produce una sensación de espontaneidad y naturalidad.
En repetidas ocasiones, y sin razón evidente, ves una pluma, una moneda, un pájaro, una mariposa, el arco iris, una secuencia de números…
Recibes visiones de ti misma ayudando a los demás.

Imaginación u orientación falsa que implica el sentido de la vista
Los sueños parecen sencillos y fáciles de olvidar.
Ves los peores de los supuestos sin que te hayan dado instrucciones sobre cómo evitarlos.
Recibes una visión centrada en ti misma.
Da la sensación que estás intentando que se produzca la visión.
Buscas una señal, pero encuentras incoherencia e interpretas lo que ves como tú quieres.

Presta atención a los mensajes
Tanto si tu mensaje angelical te llega a modo de visión, de voz, de idea, de sensación o por una combinación de estos cuatro elementos, debes prestar atención a las características mencionadas para poder distinguir entre la orientación verdadera y la falsa.

Fuente: Como escuchar a tus ángeles. Doreen Virtue ~

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EL PODER DE LOS MANTRAS. Cómo elegir y activar un mantra. ~

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Existen palabras que causan cierto poder y un efecto especial en las personas. Tal es el caso de los mantras o cánticos para meditar, las cuales son fórmulas lingüísticas que se usan desde tiempos inmemoriales en distintas culturas con la finalidad de aumentar la concentración y mantener el enfoque al momento de la meditación. Además, los mantras sirven como cánticos que atraen la paz y el equilibrio interior en el ser humano.

Los mantras son palabras, frases o sílabas que se cantan con un ritmo melódico y secuencial. Su finalidad es causar un efecto positivo a nivel espiritual, psicológico y emocional en la persona que los recita. También, en algunas culturas se utilizan para invocar a una deidad durante la meditación.

Etimológicamente, mantra es una palabra que procede del sánscrito. Está formada por la unión de 2 vocablos que son: “man” (mente) y “tra”. Al unir ambos vocablos se adquiere el significado de “liberación”. De ahí, se deriva su importancia como elementos sonoros que pueden afectar el entorno que nos rodea.

¿Para qué sirven los mantras?

El poder de los mantras está en la fijación y la repetición de las frases, sílabas o palabras para relajar la mente y el cuerpo, de tal manera, que los cánticos recitados lleven a un completo estado de meditación. Igualmente, existe la creencia de que los mantras ayudan a eliminar o bloquear los pensamientos negativos para alcanzar un buen equilibrio interior, ya que centran las emociones, las estabilizan y generan un gran impacto espiritual.

Desde el punto de vista psicológico, los mantras para meditar sirven para internalizar y reafirmar conceptos. De esta manera, se pueden modificar ciertas conductas y algunas creencias personales.

Existen muchos beneficios y usos. Dentro de los principales podemos mencionar los siguientes:

  • Disminuyen los niveles de estrés y ansiedad.
  • Mejoran la concentración y la memoria.
  • Bajan la tensión arterial.
  • Relajan el cuerpo y la mente.
  • Son coadyuvantes para aliviar ciertos dolores.
  • Sirven para potenciar la creatividad.
  • Llenan de energía el espíritu.
  • Despiertan la conciencia.
  • Calman la mente y la fortalecen.

Si te preguntas qué tipo de mantras existen, debes saber que hay distintos mantras, los cuales dependen de la religión y de la cultura de la cual provengan. Algunos de ellos, tienen un uso ancestral. Los mantras poderosos y conocidos son los mantras budistas e hindús. En estas religiones, la meditación tiene un significado muy profundo, por eso, estos cánticos están muy presentes en su cultura.

  • Mantra “Om”: El mantra Om lo encontramos dentro de muchos otros mantras más, y es que éste es la base inicial para comenzar a invocar el maravilloso poder de los mantras. OM es la exclamación inicial que se utiliza para invocar al poder absoluto, al universo, a Dios. De manera que pueda escuchar nuestra plegaria mientras nos rendimos a su persona con toda nuestra adoración y alabanza. Hay un dicho muy popular entre los seguidores de los mantras, que establece que todo lo que decimos o hacemos a la hora de meditar se reduce al OM.
  • Mantra “Om ah hum”: este mantra poderoso tiene por significado “yo soy eso” o “yo soy lo que soy”. Es uno de los cantos más simples para iniciar la meditación y que cuenta con un poderoso significado.
  • Mantra “Om Shanti Shanti Shanti»: quien recita este mantra positivo se conecta con la paz, la libertad y el equilibrio interno.
  • Mantra “Om Tare Tutare Ture Soha»: con este mantra poderoso se liberan los miedos e inseguridades. Tiene como finalidad liberar el alma del dolor y que las bendiciones recibidas sean duraderas.
  • Mantra “Om mani padme hum”: este es el mantra para meditar de la compasión. Se traduce como “la joya que tiene el loto”, y se utiliza para sanar el alma y ser más compasivos con el mundo que nos rodea.
  • Mantra “Om namah shivaya”: este mantra positivo es de origen hindú. Se pronuncia para llamar el bienestar, la alegría y la felicidad.
  • Mantra “Wha Hay Guru”: Este mantra es también uno de los más poderosos, y se puede traducir como “Éxtasis a través de la conciencia”.  Wha Hay Guru proviene del sánscrito y está diseñado para atraer energía positiva hacia ti y los que te rodean, mientras te deshaces de la energía negativa. Para ponerlo en marcha, es necesario repetirlo siguiendo una serie de pasos especiales que te llevarán a un estado de meditación plena y funcional.

¿Cómo elegir un mantra?

Quizás quieras saber cómo se deben usar los mantras. Para ello, tienes que comprender que los mantras se utilizan como imanes de energía que se interconectan con el universo para atraer aquello que se desea. Es por eso, que lo principal es entonarlos en voz alta para que las vibraciones surtan el efecto deseado.

Lo ideal es que represente tus deseos y que la elección sea de acuerdo a lo que dicte tu pensamiento y corazón. Por ejemplo, puedes optar por los mantras más tradicionales o formar uno con algún dato relevante para ti, como por ejemplo, tu fecha de cumpleaños, un mes del año o algo que te identifique. De hecho, hasta las palabras “gracias”, “lo siento”, “te amo”, son de gran utilidad como mantras positivos personales.

Otra excelente alternativa es buscar en un poema o en un libro de tu agrado, aquella frase que enfoque tu energía. Inclusive, si es de tu gusto, puedes simplemente utilizar el “om” y no hay ningún inconveniente. Lo importante es que sientas mucha comodidad con el mantra para meditar que elegiste, para que surta en ti el efecto que estás esperando.

Algunos consejos para practicar la activación de los mantras

No basta simplemente con repetirlos sin sentirlos. Es necesaria una meditación profunda que nos lleve a entender el significado místico de los mantras. Busca un espacio donde puedas sentirte plena y llena de vida, para comenzar tus rituales de meditación habituales. Ve incluyendo los mantras que te hemos presentado poco a poco. Si al principio no sientes la concentración total, detente y pregúntate a ti misma qué es lo que está faltando en tu entorno para que puedas encontrar el poder de los mantras. Puedes cambiar tu entorno ayudándote con música relajante especial para meditar, velas aromáticas, incienso, o cualquier otro elemento que te ayude a conectarse con el universo y volverte uno solo en armonía con lo que te rodea.

Pero puedes también recurrir a otras técnicas para que los mantras hagan efecto en ti. Si te encuentras en un viaje largo, en una sala de espera, o en cualquier otro lugar en el que tengas mucho tiempo disponible, puedes repetir mantras. Puede ser una rutina muy beneficiosa para practicar camino a casa. Repite durante 40 días el mismo mantra 108 veces. Verás cómo poco a poco tu vida empezará a lucir mucho más luminosa, y las puertas de la sabiduría se abrirán ante tus ojos para que las aproveches de la mejor manera.

Fuente: Psicología-Online – Yogahouse

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LA MONTAÑA. Brian Weiss ~

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Imaginemos una hermosa montaña, quizá con una cumbre cubierta de nieve.
Cuando la miramos, vemos que tiene un núcleo interior de paz y temperatura constantes, así que da igual lo que pase fuera: el interior no cambia.
Imaginemos ahora que las estaciones van y vienen. El verano llega con rayos, tormentas, inundaciones e incendios, pero el interior de la montaña permanece quieto, tranquilo y en calma. El verano da paso al otoño, con vientos huracanados y hojas que caen de los árboles; luego llega el invierno y sus nevadas y temperaturas gélidas; y este, cuando se funde la nieve y se producen los aludes, se convierte a su vez en primavera. Sin embargo, el núcleo interno, el bello espacio en las honduras de la montaña, no se ve afectado por ninguno de estos cambios estacionales.
Nosotros somos como la montaña. No hemos de dejar que sucesos de fuera nos quiten la dicha ni la armonía, al margen de lo fuerte que bramen lastormentas o aúllen los vientos. Todos contamos con este núcleo interior de calma
y tranquilidad. Está ahí cuando quiera que lo queramos o necesitemos. Si vamos hacia dentro, accedemos a su poderosa presencia sanadora. La montaña, por dentro, es perfecta; como lo somos nosotros.
Imaginemos ahora que aparecen en la montaña unos turistas. Llegan en tren, avión, coche, barco y otros sistemas de transporte. Y todos opinan. Esta montaña no es tan bonita como una que he visto en otra parte. Es demasiado pequeña, o demasiado alta, o demasiado estrecha, o demasiado ancha. Pero a la montaña le da igual, pues sabe que es la esencia ideal de montaña.
Una vez más, somos como esa montaña. Digan lo que digan los demás de nosotros, al margen de sus críticas y juicios o lo que para ellos sean espejos, ya somos ideales y divinos. No tenemos que sentirnos afectados por sus opiniones, ni siquiera de las personas cercanas a nosotros, como la familia, los jefes o los seres queridos. En este sentido, somos sólidos y estamos bien afianzados en la tierra, como la montaña. En el fondo de nuestro corazón, sabemos que somos la esencia perfecta de un ser espiritual. Las palabras de los otros no pueden quitarnos la dicha y la paz interior a no ser que les demos la capacidad para ello.

Suelo utilizar esta reflexión como recordatorio, para mí mismo y para losdemás, de nuestro esplendor y nuestra nobleza, como la bella montaña. Aunque,lo hayamos olvidado, ya somos perfectos. Siempre lo hemos sido.

Brian Weiss ~ «Los milagros existen» ~