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TRATAMIENTOS METAFÍSICOS. Merecimiento. Perdón y Liberación. Gratitud.

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Los «tratamientos» son enunciados positivos que se hacen en cualquier situación dada para establecer nuevas pautas de pensamiento y disolver las antiguas.

Puedes realizar los siguientes TRATAMIENTOS por lo menos durante 21 días seguidos, una vez a la mañana al despertarte y una vez a la noche antes de acostarte.

Léelo en silencio, escríbelo o dilo en voz alta frente al espejo para que se torne aún más poderoso. Puedes repetirlos todas las veces que consideres necesario. 

Recuerda: Una afirmación no «sana» a nadie, sin embargo despierta la capacidad de contribuir en el bien-estar y en el proceso de sanación. Es un punto inicial, que abre el camino. 💗

TRATAMIENTO DE MERECIMIENTO

Yo me merezco todo lo bueno, no algo, un poquito, sino todo lo bueno.

Ahora disuelvo cualquier pensamiento negativo o restrictivo. Me libero y disuelvo todas las limitaciones del pasado. No me ata ningún miedo ni limitación de la sociedad en la que vivo. Ya no me identifico con ningún tipo de limitación.

En mi mente tengo libertad absoluta.

Ahora entro a un nuevo espacio en la conciencia, en donde me veo de forma diferente. Estoy creando nuevos pensamientos acerca de mi ser y de mi vida. Mi nueva forma de pensar se convierte en nuevas experiencias.

Ahora sé y afirmo que formo una unidad con el Próspero Poder del Universo. Y por lo tanto recibo multitud de bienes. La totalidad de las posibilidades está ante mi.

Merezco la vida, una vida buena.

Merezco el amor, abundante amor.

Merezco la salud.

Merezco vivir cómodamente y prosperar.

Merezco la alegría y la felicidad.

Merezco la libertad, la libertad de ser todo lo que puedo ser.

Merezco muchas cosas más que todo eso: merezco todo lo bueno.

El Universo está más que dispuesto a manifestar mis nuevas creencias y yo acepto la abundancia de esta vida con alegría, placer y gratitud.

Porque me lo merezco, lo acepto y sé que es verdad.

Así Es. Gracias Amado Universo.

TRATAMIENTO DE PERDÓN Y LIBERACIÓN

Hoy es otro precioso día sobre la Tierra y vamos a vivirlo con alegría.

Nadie puede arrebatarme jamás aquello que es mío por derecho propio.

Aunque es posible que no sepa cómo perdonar, me dispongo a comenzar el proceso, sabiendo que encontraré ayuda en todos los aspectos de mi vida.

Elijo perdonar a todo aquel que alguna vez haya hecho algo negativo.

Éste es mi día del perdón. Me perdono por todo el daño que hice en el pasado, a mí y a los demás.

Me libero de la carga de la culpa y la vergüenza. Me alejo del pasado  y vivo en este momento con alegría y aceptación.

Ellos son libres y yo soy libre. Somos uno con el poder que nos ha creado estamos seguros y a salvo.

Y todo está bien en nuestro mundo.

Así Es. Gracias Amado Universo.

TRATAMIENTO DE GRATITUD

Hoy es otro precioso día sobre la Tierra y vamos a vivirlo con alegría.

Hoy soy una persona nueva. Me relajo y libero mis pensamientos de toda tensión.

Nadie, ningún lugar ni ninguna cosa me puede irritar ni molestar.

Estoy en paz.

Soy una persona libre que vive en un mundo que es reflejo de mi amor y mi comprensión.

No estoy en contra de nada. Estoy a favor de todo lo que mejore la calidad de mi vida.

Utilizo mis palabras y mis pensamientos como instrumentos para dar forma a mi futuro.

Expreso mi gratitud con frecuencia y busco cosas por las cuales dar las gracias.

Mi vida está llena de agradecimiento.

Somos uno con el Poder que nos ha creado.

Estamos seguros y a salvo, y todo está bien en nuestro mundo.

Así Es. Gracias Amado Universo.

Más Tratamientos Metafisicos de Louise Hay, click  👉 Salud. Prosperidad. Amor  y Armonía. ~

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LOS MANDALAS COMO HERRAMIENTA TERAPÉUTICA.

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El mandala, término sánscrito que podría traducirse como «círculo mágico» o «círculo sagrado». Ellos tienden a actuar como plantillas de activación de la conciencia. Carl G. Jung estudió los mandalas de un amplio campo de las culturas del mundo y épocas, así como de haber abogado por la creación de nuestros propios mandalas como vehículos de trabajo espiritual. Señaló que cuando dibujamos mandalas desde el centro hacia el exterior, tendemos a procesar nuestros problemas o desafíos personales y muchas veces obtenemos una mayor claridad y energía que podemos aplicar a nuestras vidas.

En su artículo “Sobre el simbolismo del mándala”, de 1950, Jung expone sus consideraciones acerca de esta “categoría especial del simbolismo, el mándala”, describiendo 54 cuadros, “de la más diversa proveniencia”, orientales y occidentales.

“Mándala, del sanscrito, significa círculo. Término indio que designa dibujos circulares cultuales. Dibujados a veces por mujeres, otras, elaborados a lápiz rojo en las paredes de templos y cabañas. Los mejores y más interesantes se encuentran en la zona del budismo tibetano”

Para Jung, los cuatro colores básicos del mándala son el rojo, el verde, el blanco y el amarillo. Según Jung “representan los cuatro puntos cardinales y al mismo tiempo funciones psíquicas”. Esto lo repite una y otra vez cada vez que analiza los mándalas de sus pacientes. Por eso, siempre que aparezcan estos cuatro colores, juntos o separados y/o combinados de diferentes maneras, para Jung serán expresión de una etapa en el proceso de individuación.

Por otra parte, llama “círculos mágicos” a los distintos círculos que forman el mándala cuya magia consiste en producir “el paso de los contenidos inconscientes a la conciencia en los pacientes o personas psicoanalizadas”

(…) “En el uso ritual un mándala tibetano es llamado yantra, un instrumento para la contemplación. Su finalidad es fomentar la contemplación mediante el estrechamiento, en cierto modo circular, del campo visual psíquico en dirección al centro.
Normalmente el mándala contiene tres círculos, pintados de negro o de azul oscuro, que deben excluir lo exterior y dar coherencia a lo interior. El borde exterior consta casi regularmente de fuego…
Sigue después hacia dentro una corona de hojas de loto, que caracterizan el conjunto como padma, flor de loto. Dentro hay una especie de patio de monasterio con cuatro puertas. Significa la concentración y el retiro sagrados. En el interior de ese patio se encuentran por lo general los cuatro colores básicos: rojo, verde, blanco y amarillo, que representan los cuatro puntos cardinales y al mismo tiempo funciones psíquicas. Sigue después, normalmente separado por otro círculo mágico, el centro, el objeto o meta fundamental de la contemplación”

Jung También los llama “psicocosmogramas” puesto que revelan al neófito el juego misterioso de las fuerzas que actúan en el universo y en nosotros mismos por lo que se convierten en medios pedagógicos que nos enseñan la vía de la reintegración de la conciencia.

Tanto el mándala budista como el hindú, tienen “el mismo estímulo espiritual: trazar un camino desde el tiempo a la eternidad, llevar a cabo la liberación, captar ese instante que, una vez vivido, rescata lo verdadero que hay en nosotros”.

Fuentes: Carl Jung ~“Los mándalas en El libro rojo de Carl Gustav Jung. Para un acercamiento al simbolismo del centro interior”

Carl Jung ~ Psicología evolutiva ~

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7 PASOS PARA VENCER EL DOMINIO DEL EGO. Wayne Dyer ~

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LIBÉRATE DEL EGO…

1.No te sientas ofendido. La conducta de los demás no es razón para quedarte inmovilizado. Lo que te ofende solo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres. Es tu ego en plena acción, convenciéndote de que el mundo no debería ser como es. Pero puedes convertirte en degustador de la vida y corresponderte con el Espíritu universal de la Creación.

2.Libérate de la necesidad de ganar. Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores. Empeñarte en ganar es un método infalible para evitar el contacto consciente con la intención. ¿Por qué? Porque en última instancia, es imposible ganar todo el tiempo. Siempre habrá alguien más rápido, más joven, más fuerte, más listo y con más suerte que tú, y siempre volverás a sentirte insignificante y despreciado. Tú no eres tus victorias. No existen perdedores en el mundo en el que todos compartimos la misma fuente de energía.

3.Libérate de la necesidad de tener razón. El ego es fuente de conflictos y disensiones porque te empuja a hacer que los demás se equivoquen. Cuando eres hostil, te has desconectado de la fuerza de la intención. El Espíritu creativo es bondadoso, cariñoso y receptivo, y está libre de ira, resentimiento y amargura. Olvidarse de la necesidad de tener siempre la razón en las discusiones y las relaciones es como decirle al ego: “No soy tu esclavo”.

4.Libérate de la necesidad de ser superior. La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que los demás. Se trata de ser mejor de lo que era antes. Céntrate en tu crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en este planeta. Todos emanamos de la misma fuerza vital. Todos tenemos la misión de cumplir la esencia para la que estamos destinados, y tenemos cuanto necesitamos para cumplir ese destino.

5.Libérate  de la necesidad de tener más. El mantra del ego es más. Por mucho que logres o adquieras, tu ego insistirá en que no es suficiente. Te verás luchando continuamente y eliminarás la posibilidad de alcanzar la meta, pero en realidad ya la has alcanzado, y es asunto tuyo decidir cómo utilizar el momento presente de tu vida. Irónicamente, cuando dejas de necesitar más, parece como si te llegara más de lo que deseas. Como estás desapegado de esa necesidad, te resulta más fácil transmitírselo a los demás, porque te das cuenta de lo poco que necesitas para sentirte satisfecho y en paz.

6.Libérate de la necesidad de identificarte con tus logros. Puede resultar un concepto difícil si piensas que tú y tus logros sois lo mismo. Dios escribe toda la música, Dios canta todas las canciones, Dios construye todos los edificios. Dios es la fuente de todos tus logros. Y ya oigo las protestas de tu ego, pero sigue sintonizando con esta idea. Todo emana de la fuente. ¡Tú y tu Fuente sois uno y lo mismo! No eres ese cuerpo y sus logros. Eres el observador… agradece…

7.Libérate de la fama. La fama que tienes no está localizada en ti, sino en la mente de los demás y, por consiguiente, no ejerces ningún control sobre ella. Si hablas con treinta personas, tendrás treinta famas distintas. Conectarse a la intención significa escuchar los dictados de tu corazón y actuar basándote en lo que tu voz interior te dice que es tu meta aquí. Si te preocupas d2emasiado por cómo te van a percibir los demás, te habrás desconectado de la intención y permitido que te guíen las opiniones de los demás. Así funciona el ego…

“Cuando cambias la forma de ver las cosas, las cosas cambiarán de forma”

Wayne w. Dyer ~

Michael Cheval Art «Arte de la Diplomacia» ~

 

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EL SENDERO DE LA VIDA. Dana Plaza ~

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La vida es como un camino, con subidas y bajadas, curvas, contra curvas, serruchos, lomadas, badenes, etc.
Para llegar hacia un lugar, hay que hacerlo paso a paso, a pie o con el vehículo que elijas. Mientras que el medio puede ser cualquiera, el fin será el único motor que te motivará a avanzar.
Mientras transites podrán surgir muchas cosas. Conocerás personas nuevas, una vida repleta de experiencias diferentes a las ya conocidas, aprenderás más sobre ti mismo:
tu fortaleza ante las dificultades,qué nada es fácil o tan difícil como parece,
tu sabiduría y coraje ante situaciones que demanden más atención,
tus límites,
tu ímpetu por lograr tus sueños y llegar a la meta final,
tus habilidades,
tus aspectos por mejorar,
y más…
¿Quieres comenzar a andar pero no puedes?
A veces tenemos una meta propuesta, o varias, pero sentimos que aún no estamos preparados para circular. Ante esta situación, está bueno que te tomes un tiempo para reflexionar sobre qué es lo que te sucede (interna y externamente) que no te permite avanzar.
Cuando visualices las causas, busca otra alternativa, indaga sobre cómo solucionar ese problema que tienes. Entonces, sin darte cuenta, estarás más cerca del objetivo propuesto.
El tiempo que tardes no es lo que concierne. Tal vez veas a otros cumplir sus metas y tú quedes atrás. Recuerda que cada uno tiene sus pesares, miedos, angustias, limitaciones y mucho que superar y sanar antes de llegar a dónde quieres.
Sólo enfócate en ti.
Habrá quién nos acompañe durante la senda y permanecerá hasta el final, otros solo estarán por un tiempo, sin embargo, ¡no te detengas!
Aprender a soltar es una de las cosas más lindas de la vida. No en el momento que te despides de algo viejo, de una persona o una mascota a la cuál quisimos o amamos mucho. Sino, en la parte que finalmente entiendes qué no puedes controlar las decisiones, los sentimientos o el momento de partida de los demás.
Que se cumpla un ciclo para algunas cosas y relaciones no significa que careció de importancia o que fue una pérdida de tiempo, al contrario.
Cuando te relacionas con alguien y pones lo mejor de ti en cada relación que construyes, una parte de ti está dando y la otra recibiendo (puede ser algo favorable o no), de manera que hacerlo es lo que realmente vale.
Duele no obtener lo mismo, pero recuerda que cada individuo es único e irrepetible y que no puede dar más de lo que está posibilitado a brindar en este momento.
Cada persona posee su propio espacio y tiempo para emprender su trayecto personal.
¡Feliz recorrido!”
Dana Plaza ~
Foto: Bosque de Arrayanes – Patagonia – Argentina ~
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COMO CREAR UNA ATMÓSFERA CURATIVA.

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El doctor Bob Brooks señala algunos elementos necesarios para crear una atmósfera curativa:
1. Intención: La clave para todo tipo de curación es la intención. Es lo que suele llamarse «voluntad de vivir». Sin ella, los enfermos no generan el tipo de comportamiento que favorece la supervivencia. He visto a personas muy enfermas, prácticamente agonizantes, que de pronto han desarrollado una fuerte voluntad de vivir, logrando como consecuencia de ello recuperaciones milagrosas. También he visto a personas que podrían haber vivido muchísimo más tiempo dado su estado de salud, y que han muerto prematuramente sencillamente porque ya no deseaban vivir.

2. Contacto humano y amor: En esta sociedad nuestra de tan avanzada tecnología, al parecer hemos olvidado el poder del simple contacto humano y del amor. Los psicólogos han comprobado los profundos efectos de la carencia de contacto y cariño en los bebés, y han llamado a este trastorno «síndrome de privación materna». Sin embargo, yo creo que para muchas personas adultas existe, en el mundo actual, un síndrome de privación, aunque en un grado menor. Sus consecuencias no son tan visibles, si bien por lo que respecta a sus efectos sobre la salud es igualmente grave. Todos necesitamos ser amados y acariciados. En ningún lugar se nota tanto esta falta de contacto humano como en nuestros modernos hospitales. En general, nos comportamos como si se pudiera prescindir de estos requisitos básicos de la existencia humana. Lo cierto es que ningún avance tecnológico podrá reemplazar jamás lo que es básico en nuestra naturaleza humana.
Creo que muchas personas están comenzando a caer en la cuenta de esto; y es esto también lo que se esconde tras el temor y la ansiedad de muchas personas ante la idea de ingresar en un hospital moderno. Es como si nuestro inconsciente nos estuviera haciendo una señal de advertencia cuyo significado es: «Peligroso para el ser humano».

3. Objetivo en la vida: La evitación de la muerte no es una razón para vivir, y las razones para vivir jamás serán creadas por la ciencia ni por la tecnología. Una persona tiene mayores posibilidades de sobrevivir a una enfermedad grave o catastrófica cuando tiene algo por lo cual considera que vale la pena vivir. Las razones para vivir provienen de otros dominios distintos al de la ciencia; provienen de aquellos dominios profundamente íntimos que nos hacen especialmente humanos. Los buenos médicos lo saben, aunque no sean capaces de expresarlo verbalmente. Todos los médicos hemos tenido la experiencia de asistir a enfermos sumamente comprometidos con algo o alguien, y que movidos por este compromiso han generado o bien una curación o bien un largo período de mejoría más allá de lo que hubiera cabido esperar dadas sus circunstancias. Uno no puede expresar este tipo de acontecimientos en términos científicos, pero sí que puede apreciar la experiencia de encontrarse en presencia de una persona tan comprometida.

4. Disposición a mirar dentro de nosotros. Es verdaderamente sorprendente la forma en que consideramos la autoridad externa en Occidente.
Para muchos de nosotros, si lo leemos es un libro, es verdad, y si lo experimentamos directamente, lo ponemos en duda. Se nos ha enseñado a desconfiar de nuestra intuición y de nuestras experiencias humanas básicas. Y sin embargo, la sabiduría de todos los tiempos ha alentado al hombre a mirar hacia adentro en busca de las respuestas a los interrogantes más difíciles de la vida. Yo creo que la trayectoria hacia la curación comienza con una mirada hacia adentro, hacia nosotros mismos, y con un «llegar a conocer» nuestras propias verdades y nuestros poderes curativos.
Me gustaría acabar esta corta exposición con una breve declaración de mi posición respecto al tema. Yo creo que la medicina moderna ha aportado enormes avances al bienestar del ser humano. Sobre esto hay pocas dudas. No obstante, la profesión médica ha descuidado e ignorado lamentablemente una gran cantidad de esa humanidad necesaria y vital para nuestra supervivencia como individuos y como especie. Creo que ahora estamos entrando en una era de síntesis y de cooperación. Así como las superpotencias deben aprender a convivir si hemos de evitar la extinción final en un holocausto, también la medicina debe aprender a convivir con otras disciplinas que contribuyen al bienestar. Es el momento para un verdadero holismo. Es el momento de mirar lo que tiene de valioso toda tradición y todo enfoque. La ciencia sola ya no tiene sentido.

Fuente: Amar sin condiciones. Louise Hay ~

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LA ENFERMEDAD, LOS SÍNTOMAS Y LA CURACIÓN. Causas profundas.

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Texto extraído de «La enfermedad como camino» de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke (Munich, 1983) uno de los más reveladores libros sobre la interpretación profunda de «la enfermedad, la salud y los síntomas».

«Vivimos en una época en la que la medicina continuamente ofrece al asombrado profano nuevas soluciones, fruto de unas posibilidades que rayan en lo milagroso. Pero, al mismo tiempo, se hacen más audibles las voces de desconfianza hacia esta casi omnipotente medicina moderna. Es cada día mayor el número de los que confían más en los métodos, antiguos o modernos, de la medicina naturista o de la medicina homeopática, que en la archicientífica medicina académica. No faltan los motivos de crítica —efectos secundarios, mutación de los síntomas, falta de humanidad, costes exorbitantes y otros muchos— pero más interesante que los motivos de crítica es la existencia de la crítica en sí, ya que, antes de concretarse racionalmente, la crítica responde a un sentimiento difuso de que algo falla y que el camino emprendido, a pesar de que la acción se desarrolla de forma consecuente, o precisamente a causa de ello, no conduce al objetivo deseado. Esta inquietud es común a muchas personas, entre ellas no pocos médicos jóvenes. De todos modos, la unanimidad se rompe cuando de proponer alternativas se trata. Para unos la solución está en la socialización de la medicina, para otros, en la sustitución de la quimioterapia por remedios naturales y vegetales. Mientras unos ven la solución de todos los problemas en la investigación de las radiaciones telúricas, otros propugnan la homeopatía. Los acupuntores y los investigadores de los focos abogan por desplazar la atención del plano morfológico al plano energético de la  fisiología.  (…) Nosotros no tenemos pretensiones de «científicos», ya que nuestro punto de partida es muy distinto.

Tanto en medicina como en el lenguaje popular se habla de las más diversas enfermedades. Esta inexactitud verbal indica claramente la universal incomprensión que sufre el concepto de enfermedad. La enfermedad es una palabra que sólo debería tener singular; decir enfermedades, en plural, es tan tonto como decir saludes. Enfermedad y salud son conceptos singulares, por cuanto que se refieren a un estado del ser humano y no a órganos o partes del cuerpo, como parece querer indicar el lenguaje habitual. El cuerpo nunca está enfermo ni sano ya que en él sólo se manifiestan las informaciones de la mente.

El cuerpo de una persona viva debe su funcionamiento precisamente a estas dos instancias inmateriales que solemos llamar conciencia (alma) y vida (espíritu). La conciencia emite la información que se manifiesta y se hace visible en el cuerpo. La conciencia es al cuerpo lo que un programa de radio al receptor. Dado que la conciencia representa una cualidad inmaterial y propia, naturalmente, no es producto del cuerpo ni depende de la existencia de éste.

Lo que ocurre en el cuerpo de un ser viviente es expresión de una información o concreción de la imagen correspondiente (imagen en griego es eidolon y se refiere también al concepto de la «idea»). Cuando el pulso y el corazón siguen un ritmo determinado, la temperatura corporal mantiene un nivel constante, las glándulas segregan hormonas y en el organismo se forman anticuerpos. Estas funciones no pueden explicarse por la materia en sí, sino que dependen de una información concreta, cuyo punto de partida es la conciencia. Cuando las distintas funciones corporales se conjugan de un modo determinado se produce un modelo que nos parece armonioso y por ello lo llamamos salud. Si una de las funciones se perturba, la armonía del conjunto se rompe y entonces hablamos de enfermedad.

Enfermedad significa, pues, la pérdida de una armonía o, también, el trastorno de un orden hasta ahora equilibrado (en realidad, contemplada desde otro punto de vista, la enfermedad es la instauración de un equilibrio). Ahora bien, la pérdida de armonía se produce en la conciencia, en el plano de la información, y en el cuerpo sólo se muestra. Por consiguiente, el cuerpo es vehículo de la manifestación o realización de todos los procesos y cambios que se producen en la conciencia. (…) Por lo tanto, si una persona sufre un desequilibrio en su conciencia, ello se manifestará en su cuerpo en forma de síntoma. Por lo tanto, es un error afirmar que el cuerpo está enfermo —enfermo sólo puede estarlo el ser humano—, por más que el estado de enfermedad se manifieste en el cuerpo como síntoma.

Síntomas hay muchos, pero todos son expresión de un único e invariable proceso que llamamos enfermedad y que se produce siempre en la conciencia de una persona. Sin la conciencia, pues, el cuerpo no puede vivir ni puede «enfermar». (…)

Cuando en el cuerpo de una persona se manifiesta un síntoma, éste (más o menos) llama la atención interrumpiendo, con frecuencia bruscamente, la continuidad de la vida diaria. Un síntoma es una señal que atrae atención, interés y energía y, por lo tanto, impide la vida normal. Un síntoma nos reclama atención, lo queramos o no. Esta interrupción que nos parece llegar de fuera nos produce una molestia y desde ese momento no tenemos más que un objetivo: eliminar la molestia. El ser humano no quiere ser molestado, y ello hace que empiece la lucha contra el síntoma. La lucha exige atención y dedicación: el síntoma siempre consigue que estemos pendientes de él.

Desde los tiempos de Hipócrates, la medicina académica ha tratado de convencer a los enfermos de que un síntoma es un hecho más o menos fortuito cuya causa debe buscarse en los procesos funcionales en los que tan afanosamente se investiga. La medicina académica evita cuidadosamente la interpretación del síntoma, con lo que destierra tanto al síntoma como a la enfermedad al ámbito de lo incongruente. Con ello, la señal pierde su auténtica función; los síntomas se convierten en señales incomprensibles.

Vamos a poner un ejemplo: un automóvil lleva varios indicadores luminosos que sólo se encienden cuando existe una grave anomalía en el funcionamiento del vehículo. Si, durante un viaje, se enciende uno de los indicadores, ello nos contraría. Nos sentimos obligados por la señal a interrumpir el viaje. Por más que nos moleste parar, comprendemos que sería una estupidez enfadarse con la lucecita; al fin y al cabo, nos está avisando de una perturbación que nosotros no podríamos descubrir con tanta rapidez, ya que se encuentra en una zona que nos es «inaccesible». Por lo tanto, nosotros interpretamos el aviso de la lucecita como recomendación de que llamemos a un mecánico que arregle lo que haya que arreglar para que la lucecita se apague y nosotros podamos seguir viaje. Pero nos indignaríamos, y con razón, si, para conseguir este objetivo, el mecánico se limitara a quitar la lámpara. Desde luego, el indicador ya no estaría encendido –y eso es lo que nosotros queríamos–, pero el procedimiento utilizado para conseguirlo sería muy simplista. Lo procedente es eliminar la causa de que se encienda la señal, no quitar la bombilla. Pero para ello habrá que apartar la mirada de la señal y dirigirla a zonas más profundas, a fin de averiguar qué es lo que no funciona. La señal sólo quería avisarnos y hacer que nos preguntáramos qué ocurría.

Lo que en el ejemplo era el indicador luminoso, en nuestro tema es el síntoma. Aquello que en nuestro cuerpo se manifiesta como síntoma es la expresión visible de un proceso invisible y con su señal pretende interrumpir nuestro proceder habitual, avisarnos de una anomalía y obligarnos a hacer una indagación. También en este caso, es una estupidez enfadarse con el síntoma y, absurdo, tratar de suprimirlo impidiendo su manifestación. Lo que debemos eliminar no es el síntoma, sino la causa. Por consiguiente, si queremos descubrir qué es lo que nos señala el síntoma, tenemos que apartar la mirada de él y buscar más allá.

Pero la medicina académica es incapaz de dar este paso, y en esto radica su problema: se deja fascinar por los síntomas. Por ello, equipara síntomas y enfermedad, es decir, no puede separar la forma del contenido. (…)

El síntoma puede decirnos qué es lo que nos falta —pero para entenderlo tenemos que aprender su lenguaje. (…)

Aquí está la diferencia entre combatir la enfermedad y transmutar la enfermedad. La curación se produce exclusivamente desde una enfermedad transmutada, nunca desde un síntoma derrotado, ya que la curación significa que el ser humano se hace más sano, más completo.

Curación significa redención, aproximación a esa plenitud de la conciencia que también se llama iluminación. La curación se consigue incorporando lo que falta y, por lo tanto, no es posible sin una expansión de la conciencia. Enfermedad y curación son conceptos que pertenecen exclusivamente a la conciencia, por lo que no pueden aplicarse al cuerpo, pues un cuerpo no está enfermo ni sano. En él sólo se reflejan, en cada caso, estados de la conciencia.

El camino del individuo va de lo insano a lo sano, de la enfermedad a la salud y a la salvación. La enfermedad no es un obstáculo que se cruza en el camino, sino que la enfermedad en sí es el camino por el que el individuo va hacia la curación. Cuanto más conscientemente contemplemos el camino, mejor podrá cumplir su cometido. Nuestro propósito no es combatir la enfermedad, sino servirnos de ella; para conseguir esto tenemos que ampliar nuestro horizonte.

Fuente: «La enfermedad como camino». Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke (Munich, 1983) ~

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SÓLO POR HOY. Decálogo de la Serenidad. Juan XXIII ~

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Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras; no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar a nadie, sino a mí mismo.

Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.

Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura, recordando que, igual que el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

Sólo por hoy haré por lo menos una obra que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

Sólo por hoy creeré firmemente —aunque las circunstancias demuestren lo contrario— que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.

Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

Juan XXIII ~

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EL SALTO DE FE. Louise Hay ~

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Cuando deseamos superar nuestros temores aprendemos a confiar. Esto se llama dar «el salto de fe»: confiar en el poder interior que está conectado con la InteligenciaUniversal. Confiar en lo que es invisible en lugar de confiar únicamente en el mundo físico y material. No quiero decir que nos quedemos cruzados de brazos sin hacer nada, sino simplemente que si confiamos vamos a pasar por la vida con mucha más facilidad.  ¿Recuerdas lo que vengo diciendo? Yo creo que todo lo que necesito saber se me revela. Confío en que se me cuida y se me protege, aún cuando no tenga el control físico de todo lo que sucede a mí alrededor. Cuando surge un pensamiento de temor, en realidad lo que intenta es protegerte. Te sugiero que le digas: «Sé que quieres protegerme y aprecio tu deseo de ayudarme. Gracias». Reconoce que el pensamiento de temor está ahí para cuidar de ti. Cuando tienes un susto de tipo físico, tu cuerpo bombea adrenalina para protegerte del peligro. Lo mismo sucede con el temor que fabricamos en la mente.
Observa tus miedos e identifícalos. Ellos no son tú. Piensa en el miedo de la misma forma en que piensas en una película: lo que ves en la pantalla no está ahí en realidad. Las imágenes que se mueven son solamente trozos de celuloide que cambian y desaparecen con rapidez. Nuestros temores vienen y van con la misma rapidez que esas imágenes, a no ser que insistamos en aferrarnos a ellos.

El temor es lo contrario del amor. Cuanto más dispuestos estamos a amarnos y a confiar en nosotros mismos, más atraemos esas cualidades hacia nosotros.

Si te sientes amenazado o asustado, respira conscientemente. Con frecuencia retenemos el aliento cuando estamos asustados. Respira hondo unas cuantas veces. La respiración abre el espacio interior que es tu poder, fortalece la columna vertebral, abre la caja torácica y deja al corazón más espacio para dilatarse. Al respirar empieza a echar abajo barreras y a abrirte.

Di: «Soy uno con el Poder que me ha creado. Estoy seguro y a salvo. Todo está bien en mi mundo».

Fuente: El poder está dentro de tí. Louise Hay ~

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LA FÓRMULA MÁGICA ~ Conny Méndez

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Déjame darte la fórmula metafísica para obtener cualquier cosa que uno desee. Es una fórmula para emplearla en todo. Compruébala por tí mismo, no me lo creas ciegamente.

«YO DESEO (_______________ ) EN ARMONÍA CON TODO EL MUNDO Y DE ACUERDO CON LA VOLUNTAD DIVINA. BAJO LA GRACIA Y DE MANERA PERFECTA. GRACIAS PADRE QUE YA ME OÍSTE».

Ahora no dudes por un solo instante. Has empleado la fórmula mágica. Has cumplido con toda la ley y no tardarás en ver tu deseo manifestado. Ten paciencia. Mientras más tranquilo esperes, más pronto verás el resultado.

La impaciencia, la tensión y el ponerse a empujar mentalmente destruyen el tratamiento (la fórmula es lo que en metafísica se llama «un tratamiento»).

Para que conozcas lo que has hecho al repetir la fórmula, te voy a explicar el proceso detalladamente. Al tú decir «en armonía para todo el mundo» has eliminado todo peligro de que tu conveniencia perjudique a otro, como tampoco se te hace posible desear un mal para otro. Al decir «de acuerdo con la voluntad divina» ; si lo que tú deseas es menos que perfecto para tí, verás suceder algo mucho mejor de lo que tú esperabas. En este caso significa que lo que estabas deseando no lo ibas a encontrar suficiente, o no te iba a resultar tan bueno como tú pensabas. La voluntad de Dios es perfecta.

Al tú decir «bajo la Gracia y de manera perfecta» , encierra un secreto maravilloso. Pero déjame darte un ejemplo de lo que ocurre cuando no se sabe pedir bajo la Gracia y perfección. Una señora necesitaba urgentemente una suma de dinero, y la pidió asimismo: para el día 15 del mes. Tenía absoluta fe de que la recibiría, pero su egoísmo e indiferencia no le inspiró pedirla con alguna consideración para nadie más. Al día siguiente un automóvil atropelló a su hija, y el día 15 del mes recibió la suma exacta que ella había pedido. Se la pagó la Compañía de Seguros por el accidente de su hija. Ella trabajó contra la ley y contra ella misma.

Pedir «bajo la Gracia y de manera perfecta» es trabajar con la ley espiritual. La Ley de Dios que se manifiesta siempre en el plano espiritual. Allí (en el plano espiritual) todo es perfecto, sin obstáculos, sin inconvenientes, sin tropiezos ni daños para alguno, sin luchas ni esfuerzos, «suavecito, suavecito», todo con gran amor, y esa es nuestra Verdad. Esa es la Verdad que al ser conocida nos hace libres.

«Gracias Padre que ya me oíste» es la expresión más alta de fe que podamos abrigar. Jesús la enseñó y la aplicaba en todo, desde antes de partir el pan con que alimentó a cinco mil, hasta para decir cómo transformar el vino en su sangre. Dando gracias al Padre antes de ver la manifestación.»


Metafísica 4 en 1, vol.1
Conny Mendez ~

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PREPARÁNDOSE PARA NACER…

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En el vientre de una madre había dos bebés. Uno le preguntó al otro: «¿Crees en la vida después del parto?» El otro responde: «Por qué? por supuesto! Tiene que haber algo después del parto. Tal vez estamos aquí para prepararnos para lo que seremos más tarde».

– «Tonterías», dice el otro. «No hay vida después del parto. ¿Cuál sería esa vida?»

– «No lo sé, pero habrá más luz que aquí. Quizás caminemos con las piernas y comamos de la boca».

El otro dice: – «¡Esto es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer con la boca? Ridículo. El cordón umbilical proporciona nutrición. La vida después del parto debe ser excluida. El cordón umbilical es demasiado corto».

– «Creo que hay algo y tal vez es diferente de lo que está aquí».

El otro responde: – «Nadie ha regresado de allí. El parto es el final de la vida, y en el posparto no es más que oscuridad y ansiedad y no nos lleva a ninguna parte».

– «Bueno, no sé» -dice el otro- «pero ciertamente veremos a mamá y ella nos cuidará».

– «¿¿Madre??» ¿Crees en una madre? ¿Dónde está ella ahora?

– «Ella está a nuestro alrededor. Es en ella que vivimos. Sin ella no habría este mundo».

– «No la veo, así que es lógico que no exista».

A lo que el otro respondió: – «A veces, cuando estás en silencio, puedes escucharla, puedes percibirla. Creo que hay una realidad después del parto y estamos aquí para prepararnos para esa realidad».

Fuente: web ~