Tag Archives: Inteligencia Interior

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AFIRMACIONES PARA CREAR RELACIONES ROMÁNTICAS SANAS. Louise Hay ~

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Ser una persona “necesitada” es la mejor manera de atraer una relación que no funciona. Si esperas que otra persona te “arregle” la vida o sea tu “media naranja”, te preparas para el fracaso. Necesitamos ser realmente felices con nosotros mismos para entablar una relación. Necesitamos ser lo suficientemente felices para ni siquiera necesitar que una relación sea feliz.

Mientras trabajas para resolver los obstáculos que se interponen entre tú y tu relación, ejercítate en ser tu amante. Invítate al romance y al amor. Demuéstrate lo especial que eres. Mímate, regálate pequeños actos de amabilidad y aprecio. Cómprate flores, rodéate de colores, texturas y aromas que te gustan. La vida siempre refleja los sentimientos que tenemos en nuestro interior. A medida que se desarrolle tu sentido del amor y el romance, la persona adecuada para compartir tu intimidad se sentirá atraída hacía a ti como si fueras un imán.

Acompaña el proceso con estas afirmaciones:

  • Ahora merezco amor, romance y dicha y todo lo bueno que la Vida puede ofrecerme.
  • Mi corazón se abre. Hablo con palabras amorosas.
  • Tengo un amante maravilloso y ambos somos felices y estamos en paz
  • Tengo una relación íntima feliz con una persona que me ama de verdad.
  • Solo atraigo relaciones sanas. Siempre me tratan bien.
  • Las relaciones de afecto duraderas iluminan mi vida.
  • Estoy a salvo expresando amor.
  • Siempre tengo la pareja perfecta en mi vida.
  • Me abro para recibir una relación amorosa maravillosa.
  • En lo más profundo del centro de mi ser hay un infinito manantial de amor.

Fuente: Afirmaciones.  Louise Hay ~

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¿QUÉ OYEN LOS NIÑOS EN UN DÍA? ¿Qué sucede en su cerebro?

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Cuando nacemos, nuestra mente está limpia de información. El cerebro está vacío, como una cinta virgen. A medida que crecemos, nuestros padres nos educan, condicionando nuestra mente para las dificultades y los desafíos de la vida. El problema es que, en su afán por enseñarlo todo, los padres muchas veces exageran la nota, dejando traumas y lagunas en el comportamiento del niño.

Científicos estadounidenses llevaron a cabo un estudio con una serie de niños para saber qué oían exactamente al cabo de un día. Colocaron micrófonos detrás de las orejas de los niños y lo grabaron todo durante 24 horas. Con los datos que obtuvieron, descubrieron que un niño —desde que nace hasta que cumple los ocho años de edad— oye unas cien mil veces la palabra «no». Es mucho, ¿verdad? «¡No hagas eso!», «¡No pongas el dedo ahí!», «¡No toques el frigorífico!», «¡Hoy no saldrás a jugar!», «¡No pongas los pies sobre la silla!». Y otro dato chocante es que por cada elogio, el niño recibe nueve reprimendas.

¿Cómo queda la mente del niño después de tantas negativas? Se crea un montón de limitaciones y condiciona su inteligencia y su creatividad para ser «aceptado» por sus propios padres. El talento del niño desaparece poco a poco, y queda, en su lugar, una montaña de reglas y normas de conducta. Y eso, querido lector, sigue así de generación en generación. Te pondré dos ejemplos. ¿Sabes cómo se domestica una pulga? Coloca una dentro de un frasco y tápalo. Como antes era libre, empezará a saltar y se golpeará el cuerpo contra la tapa, pero después de varios intentos descubrirá que no sirve qué de nada resistirse y se pondrá a saltar a una altura inferior, la suficiente para evitar el golpe. Entonces puedes sacar la tapa, porque la pulga ya no saltará fuera del frasco. Su pequeño cerebro ha quedado condicionado y será incapaz de llegar a la conclusión de que si salta un poco más, podrá escapar.

Con los elefantes ocurre lo mismo. El entrenador ata a un árbol un pequeño elefante recién destetado. Al principio, el elefantito intenta soltarse, pero el árbol es fuerte y no lo consigue. Después de varios intentos, desiste. Más tarde, en el circo, el payaso puede atar el animal a la pata de un taburete o a cualquier otra cosa, y no se escapará. Sigue pensando que lo han atado a un árbol y ni siquiera intentará liberarse. Muchas veces nos parecemos al elefante y a la pulga. ¿Cuántas limitaciones habrá en nuestra mente, como la del frasco de cristal de la pulga, sin que nos demos cuenta? Y de los cien mil «nos» que oímos en la infancia, ¿cuáles tienen efecto todavía en nuestra vida? ¿No habrá llegado el momento de replantearnos nuestras actitudes?

La cuestión es que podemos dar la vuelta a la situación. Con la estimulación adecuada, es posible invertir la tendencia y comprender que muchas de las limitaciones que nos impiden alcanzar el éxito sólo existen en nuestra mente.

Fuente:  “Los pies en el suelo y la cabeza en las estrellas”. Dr. Lair Riberio ~

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DEJA DE ESPERAR LA ABUNDANCIA. Jeff Foster ~

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Cuando eras joven te gustaba soñar y soltar los sueños. Vivías en el Ahora.
Cuando creciste, comenzaste a tomarte tus sueños y metas demasiado en serio, y tu felicidad se vinculó al futuro, y el destino se volvió más importante que el viaje. 
Sueña con lo que quieres, por supuesto. Ten una visión para el futuro. Pero aprende a soltar tus sueños, también, deja que floten en el río de la vida, y vuelve tu atención hacia el momento presente. No uses un sueño como excusa para desconectarte del lugar en el que te encuentras. Donde estás es infinitamente valioso…
Aprende a amar los momentos intermedios. Aprende a amar esta deliciosa sensación de espera, anhelo, anticipación. Aprende a bailar y respirar en el espacio que hay entre el querer y el conseguir, entre el soñar y la resolución de los sueños. Aprende a amar el no tener lo que quieres ahora mismo. La tremenda sensación de potencial que hay allí, la plenitud de ello, la paz.

Date cuenta que la ‘carencia’ es solo espacio, resistido.

E incluso la sensación de que algo esté ‘incompleto’ es tan completa, un visitante bienvenido en el corazón.

Respira en el vientre, en el pecho, en la cabeza. Infunde el cuerpo con luz, satúralo con consciencia, empápalo con amor. Siente la plenitud del cuerpo. Carente de nada. Queriendo nada. Abundante de vida.

Incluso cuando no tienes lo que quieres, estas siendo invitado a querer estar exactamente donde estás; a enamorarte del lugar en el que estás, a entrar en contacto con el suelo fértil mientras esperas, u olvidar la espera y simplemente saborear cada momento.

Y abre tus brazos en gratitud, listo para recibir lo que venga.

A veces, incluso el ‘no conseguir’ puede ser tan hermoso.

He aquí tu vida abundante.

– Jeff Foster

Fuente: Jeff Foster Español

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COMO LAS PALABRAS ALTERAN NUESTRAS EMOCIONES. Un relato de Mario Alonso Puig ~

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Hay un relato muy sugerente que procede de Japón y que nos recuerda el extraordinario poder de las palabras y su capacidad para alterar nuestras emociones:
Había una vez un samurai que era muy diestro con la espada y a la vez muy soberbio y arrogante. De alguna manera, él sólo se creía alguien y algo cuando mataba a un adversario en un combate y, por eso, buscaba continuamente ocasiones para desafiar a cualquiera ante la más mínima afrenta. Era de esta manera como el samurai mantenía su idea, su concepto de sí mismo, su férrea identidad.
En una ocasión, este hombre llegó a un pueblo y vio que la gente acudía en masa a un lugar. El samurai paró en seco a una de aquellas personas y le preguntó:
-¿Adonde vais todos con tanta prisa?
-Noble guerrero -le contestó aquel hombre que, probablemente, empezó a temer por su vida-, vamos a escuchar al maestro Wei.
-¿Quién es ese tal Wei?
-¿Cómo es posible que no le conozcas, si el maestro Wei es conocido en toda la región?
El samurai se sintió como un estúpido ante aquel aldeano y observó el respeto que aquel hombre sentía por ese tal maestro Wei y que no parecía sentir por un samurai como él. Entonces decidió que aquel día su fama superaría a la de Wei y por eso siguió a la multitud hasta que llegaron a la enorme estancia donde el maestro Wei iba a impartir sus enseñanzas.
El maestro Wei era una hombre mayor y de corta estatura por el cual el samurai sintió de inmediato un gran desprecio y una ira contenida.
Wei empezó a hablar:
-En la vida hay muchas armas poderosas usadas por el hombre y, sin embargo, para mí, la más poderosa de todas es la palabra.
Cuando el samurai escuchó aquello, no pudo contenerse y exclamó en medio de la multitud:
-Sólo un viejo estúpido como tú puede hacer semejante comentario. -Entonces, sacando su katana y agitándola en el aire, prosiguió—: Ésta sí que es un arma poderosa, y no tus estúpidas palabras.
Entonces Wei, mirándole a los ojos, le contestó:
-Es normal que alguien como tú haya hecho ese comentario; es fácil ver que no eres más que un bastardo, un bruto sin ninguna formación, un ser sin ningunas luces y un absoluto hijo de perra.
Cuando el samurai escuchó aquellas palabras, su rostro enrojeció y con el cuerpo tenso y la mente fuera de sí empezó a acercarse al lugar donde Wei estaba.
-Anciano, despídete de tu vida porque hoy llega a su fin.
Entonces, de forma inesperada, Wei empezó a disculparse:
-Perdóname, gran señor, sólo soy un hombre mayor y cansado, alguien que por su edad puede tener los más graves de los deslices. ¿Sabrás perdonar con tu corazón noble de guerrero a este tonto que en su locura ha podido agraviarte?
El samurai se paró en seco y le contestó:
-Naturalmente que sí, noble maestro Wei, acepto tus excusas.
En aquel momento Wei le miró directamente a los ojos y le dijo:
-Amigo mío, dime: ¿son o no poderosas las palabras?
El relato dice que en ese momento el samurai comprendió cómo lo que para él eran simples palabras habían tenido la capacidad de alterarle más que muchos de sus anteriores contrincantes, y cómo también las palabras habían tenido la capacidad de devolverle a un estado de equilibrio y serenidad como hacía tiempo que no conocía. En aquel momento, algo en su interior empezó a transformarse.
Seamos por eso muy cautos con el tipo de palabras que usamos y con el tipo de valoraciones que generemos, para evitar que no sean los eventos, sino nuestras propias valoraciones, los que nos roben nuestro poder personal y nos generen un sufrimiento innecesario.

Las palabras no se las lleva el viento sino que crean realidades. Busque palabras para ayudar y no para anular.
Tal vez se sorprenda de lo que empiece a suceder.

Fuente: “Reinventarse” Dr. Mario Alonso Puig ~

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LA INDEFENSIÓN APRENDIDA. Un síndrome para conocer y considerar.

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La indefensión aprendida es algo que puede afectar a personas tan cercanas como lo puede ser un familiar e incluso a uno mismo. No es, por ende, solo un concepto académico sin relevancia en la realidad, sino algo que afecta la vida diaria de muchas personas y, en no pocas ocasiones, la vida de ellas puede depender del auxilio efectivo de algún familiar o profesional de la salud mental que trate de mitigar esta conducta aprendida y disfuncional.

¿Qué es la indefensión aprendida?

A grandes rasgos, se refiere a la condición por la cual una persona o animal se inhibe ante situaciones aversivas o dolorosas cuando las acciones para evitarlo no han sido fructíferas, terminando por desarrollar pasividad ante este tipo de situaciones. Entender la forma en que se desarrolla dicho fenómeno es vital para poder comprender y ayudar a las personas que sufren este sesgo psicológico, puesto que puede ser una creencia limitante que actúe como un fuerte lastre para su desarrollo personal y su autoestima.

Los aportes de Martin Seligman, el investigador que descubrió la indefensión aprendida

Seligman y Overmaier fueron de los primeros investigadores que se plantearon la cuestión sobre por qué un animal o una persona que sufría en sus propias carnes condiciones adversas y dolorosas constantes no hacía nada para abandonar dicha situación. Este hallazgo fue reportado en investigaciones con perros, y fueron seguidos posteriormente por algunos investigadores como Watson y Ramey, que estudiaron la indefensión aprendida en seres humanos.

Por otra parte, no hay una situación en específico que genere la indefensión, es decir, muchas personas pueden vivir la misma situación adversa (incluso de manera grupal) y sin embargo reaccionar diferente ante ella. Fue Bernard Weiner quien consideró la influencia de la interpretación y la percepción que cada individuo tiene del evento en el desarrollo de la indefensión y también en la forma de afrontarla.

Señales de la indefensión aprendida

Cuando alguien cae en la indefensión, lo manifiesta en tres déficits: el motivacional, el emocional y cognitivo. Una persona que empieza a caer en la indefensión o que ya sufre de ella comienza a mostrar un retraso en la iniciación de respuesta voluntarias hasta que poco a poco deja de haberlas (déficit motivacional). De igual forma, comienzan a existir una serie de desórdenes conductuales, siendo los más habituales los estado de ansiedad y la depresión (déficit emocional), que van haciendo mella hasta el punto de que el afectado es incapaz de ver soluciones al problema que le atormenta (déficit cognitivo).

La respuesta a la pregunta de por qué no hace nada una persona en una situación claramente por salir de ella radica justamente en la afectación integral no solo de estos tres ámbitos (motivacional, emocional y cognitivo) sino también a nivel fisiológico. En una palabra, toda su persona, los distintos ámbitos psíquicos y somáticos, se sumen en dicho síndrome. En consecuencia, no bastará con tomar la decisión de romper con el ciclo negativo sino que implica desaprender la forma en que se procesa la situación aversiva o dolorosa.

¿Por qué algunas personas desarrollan indefensión aprendida?

¿Cómo se llega a la indefensión? Una forma fácil de entenderlo es la historia de las ranas. Se dice que para cocinar a una rana viva es necesario meterla en el agua fría e ir aumentado poco a poco el calor hasta que ésta hierva. En cambio, si para cocinar la misma rana decidimos echarla al agua ya hirviendo, la rana saltará; escapará del agua hirviendo. Con este ejemplo quiero explicar que la indefensión aprendida es un esquema de pensamiento que se desarrolla de forma gradual y que poco a poco carcome las fortalezas psíquicas y corporales hasta el punto de doblegar la voluntad.

Lo triste a considerar es la facilidad con la que se puede llegar a desarrollar la indefensión aprendida. Todos somos vulnerables de adoptar este tipo de esquemas de pensamiento, pues pocas veces existe una educación emocional para poder enfrentarnos a ello.

Basta con exponer continuamente a la posible víctima a circunstancias adversas, bajarle la moral, sobrecargarla de trabajo, cerrarle el apoyo externo durante un tiempo prolongado y de forma reiterada. La persona que ha sido tratada de este modo no tardará en manifestar déficits en los ámbitos ya mencionados: afectivo, emocional, cognitivo e incluso somático. Y no, no es algo que no pase todos los días: la violencia familiar y/o la violencia de pareja son ejemplos comunes en los que se suelen percibir distintos grados de indefensión aprendida por parte de la víctima.

Pero no son estos los únicos escenarios en que se pueden generar patrones relacionales que pueden desembocar en indefensión aprendida. La hay en la escuela, en el trabajo, en los grupos de amigos… Los estilos comunicativos y relacionales que generan indefensión aprendida no necesariamente se traducen en violencia física. En muchos casos, la violencia puede ser de tipo psicológico, económico, moral, entre otros.

Solucionar la indefensión aprendida

En cuanto a la necesidad de generar dinámicas para tratar de ayudar a una persona con indefensión aprendida, cabe decir varias cosas. De poco ayuda que alguien intente ayudar repitiéndole constantemente a la víctima lo que debería hacer o cómo debería pensar. Sería como querer decirle a un enfermo de gripe que no se sienta mal: tanto el virus de la gripe como los esquemas mentales que llevan a la indefensión aprendida están lo suficientemente enraizados en la persona como para resistir a unas meras palabras bienintencionadas o a unos consejos sumarios sobre cómo sobrellevar la situación.

En efecto, la persona que sufre indefensión aprendida no se siente mal porque quiera sino porque su psique ha consolidado esquemas disfuncionales que le inhiben a la hora de cambiar su propia situación. Por tanto, es necesario desestigmatizar a la víctima. Entender que ha perdido la capacidad de ver las soluciones que otros sin el problema pueden ver y que la ayuda que requiere no es solo que los demás le digan lo que “debería” o “no debería” hacer, sino reafirmarle en su capacidad y en su autoestima; devolverle el control a su vida para que sea capaz de tomar las riendas sobre aquello que en su momento veía sin solución.

Terapia psicológica para tratar estos casos

A este respecto, existen profesionales de la salud mental que pueden tratar los casos de personas con indefensión aprendida. Una de las terapias más frecuentemente empleadas para este fin es la terapia cognitivo-conductual. A través de varias sesiones, el psicólogo ayudará al paciente a restructurar sus pensamientos y emociones, así como las conductas aprendidas que le impiden salir adelante.

Para finalizar, la indefensión no es un asunto meramente individual. Se puede hacer “viral”, si se me permite la expresión. Es decir, que la indefensión se puede contagiar a toda una sociedad o a un grupo social. La Segunda Guerra Mundial fue un caso extremo donde se puso de manifiesto toda la crueldad de la que el ser humano es capaz, y los campos de concentración nazis fueron testigo de miles de seres humanos que, habiendo perdido toda esperanza de sobrevivir, prácticamente se entregaron a la muerte.

De todos modos, no es necesario irse tan lejos en el tiempo o en el espacio. La violencia familiar, el bullying, el mobbing son tan solo algunos ejemplos cotidianos que nos demuestran que este fenómeno es bien presente en nuestras sociedades. De nosotros depende empezar a tomar conciencia de ello y luchar no solo por minimizar sus efectos, sino también por combatir sus causas.

Fuente: Psicología y mente~

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NO SE HAN PODIDO LLEVAR LA MÚSICA. Eduardo Galeano ~

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Se dice que era un mago del arpa. En la llanura de Colombia no había ninguna fiesta sin él. Para que la fiesta fuese fiesta, Mesé Figueredo tenía que estar allí con sus dedos bailadores que alegraban los aires y alborotaban las piernas.

Una noche, en un sendero perdido, fue asaltado por unos ladrones. Iba Mesé Figueredo de camino a unas bodas, él encima de una mula, encima de la otra su arpa, cuando unos ladrones se le echaron encima y lo molieron a palos.

A la mañana siguiente, alguien lo encontró. Estaba tendido en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo con un hilo de voz:

– “Se llevaron las mulas.”

Y dijo también:

– “Se llevaron el arpa.”

Y, tomando aliento, rió:

– “¡Pero no se han podido llevar la música!”

Eduardo Galeano ~

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LA CULPA. Louise Hay ~

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La culpa es otro sentimiento que necesitamos eliminar lo más pronto posible. Fuera de hacernos sentir mal, la culpa no tiene la menor finalidad. No la necesitamos para nada. Estamos en el proceso de amarnos a nosotros mismos. Lamentablemente, a muchísimos de nosotros se nos manipuló cuando éramos niños mediante la culpa para que nos portáramos bien. Consiguientemente, vivimos todo el tiempo bajo un manto de culpa por algo. O pensamos que la única forma de conseguir algo de los demás es haciéndolos sentir culpables. Nada de eso es en absoluto curativo.
También están todas aquellas personas que, por el motivo que fuere, han aceptado la culpa de no valer lo suficiente. Sea cual fuere el motivo, es hora ya de dejar que la culpa se vaya. El pasado es eso, pasado, y no podemos cambiarlo, pero ahora podemos liberarnos de él, olvidarlo. Por lo tanto, tomemos nuestra energía y utilicémosla para encontrar la forma de curarnos a nosotros mismos. «Me amo y me acepto exactamente tal como soy», es una buena afirmación para disolver la culpa.

Da un giro a tu vida.
Tienes el poder de cambiar tu vida de tal manera que ni siquiera reconozcas a tu antiguo yo. Puedes pasar de la enfermedad a la salud, de la soledad al amor, de la pobreza a la seguridad y la realización. Puedes pasar de la vergüenza y la culpa a la confianza en ti y el amor por ti. Puedes pasar de sentir que no vales a sentirte una persona creativa y poderosa. Ya es hora de que todos seamos todo lo que podemos ser.

Fuente: Amar sin condiciones. Louise Hay ~

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TEORÍA DE LOS SEPTENIOS. La vida cambia cada 7 años.

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Según la antroposofía el desarrollo de la vida de una persona está dividido en ciclos de 7 años y marcan la evolución de la conciencia a lo largo del tiempo.

La teoría de los septenios es uno de los pilares de la antroposofía, una línea de pensamiento creada por el filósofo Rudolf Steiner. En ella, se establece una especie de «pedagogía del vivir» del ser humano, que interactúa con todo el universo. Ese pensamiento filosófico ve la vida de forma cíclica, a partir de la observación de los ritmos de la naturaleza, divididos en fases de siete años.

Qué son los septenios

El número siete es, por naturaleza, una cifra mística dotada de mucho poder en casi todas las culturas conocidas. Por eso, los ciclos de la naturaleza también respetan una subdivisión en múltiplos de siete. En los tres primeros ciclos, que van desde los 0 a los 21 años —llamados «septenios del cuerpo»— el cuerpo madura y se forma la personalidad.

Los tres ciclos siguientes, desde los 21 hasta los 42 años, son conocidos como «septenios del alma». Es la fase en que, una vez superadas las experiencias básicas de la vida, la persona se inserta en la sociedad y toma su camino. Solo a partir de los 42 años, en los últimos septenios, se vive la vida con madurez, profundidad y espiritualidad.

En el caso de las mujeres, la división por septenios ayuda a entender los procesos reproductivos: el desarrollo, los años fértiles y la menopausia, cuando las fuerzas reproductivas se transforman en fuerzas de pensamiento más ligadas a la introspección, lo que posibilita una visión amplia de la vida. A continuación te contamos cuáles son las características de cada septenio.

De los 0 a los 7 años: nido

 Se produce una interacción entre lo individual (que está latente) y lo hereditario. Además, se produce el encuentro entre la parte espiritual de la individualidad y la parte biológica, que se prepara después de la fecundación en el vientre materno. La herencia biológica está muy marcada en las células del cuerpo en el 1.º septenio, por la acción de las fuerzas heredadas, y se almacenan en los riñones para toda la vida. A esa edad, sin embargo, la presencia de la madre es fundamental, hasta que a los siete años el niño se vuelva autónomo.

De los 7 a los 14 años: cambio

Salen los dientes permanentes y maduran los órganos del sistema rítmico, es decir, aquellos que están en la caja torácica (corazón y pulmones). Es en esta fase que el mundo exterior aparece y la persona descubre cómo manifestarse en él. Si esquematizamos de manera gráfica este movimiento, veremos fuerzas que entran y otras que salen. La característica de este septenio es el cambio.

De los 14 a los 21 años: pubertad, adolescencia y crisis de identidad

Tanto hombres como mujeres se vuelven fértiles (en las mujeres, esto se manifiesta con la llegada de la menstruación). Es la fase en la que el ser humano sale del mundo más paradisíaco y cósmico de la infancia e ingresa al mundo terreno. Se convierte en un ciudadano terrestre, que participa de la ciudadanía, de su lugar, su sociedad y el mundo.

De los 21 a los 28 años: límites

Los músculos y huesos ya se fortalecieron. El hombre y la mujer llegan a su máximo de fertilidad. Como se inicia la fase del alma, surge la emoción y dudas como «¿Elegí la profesión correcta? ¿Qué talentos o aptitudes dejé de lado? ¿Logré una buena relación con el mundo, el trabajo, la familia, y conmigo mismo?».

De los 28 a los 35 años: fase organizacional

Aparecen las primeras arrugas. En esta fase llega la crisis del talento: «¿Estaré en el camino correcto? ¿Qué otro debo seguir?». También aparecen cuestiones sobre el intelecto, así como de otra índole: «¿Ocurrió algún cambio importante en mi vida en los últimos tiempos?».

De los 35 a los 42 años: crisis de autenticidad

El hígado pierde la mitad de sus funciones. A su vez, el cabello empieza a caerse y llenarse de canas. Es la fase del alma y la consciencia. Las preguntas son «¿Qué haré de aquí en adelante, ahora que ya pasó la mitad de mi vida? ¿Sumé nuevos valores a mi vida? ¿Encontré mi misión?».

De los 42 a los 49 años: altruismo y mantener la fase expansiva

Los pulmones pierden parte de su capacidad de oxigenar la sangre, el rostro pierde firmeza, la andropausia y la menopausia llegan en este septenio. Las preguntas pueden incluir: «¿Estoy desarrollando alguna creatividad nueva? ¿Cómo está mi matrimonio? ¿Y mis relaciones, como la relación con mis hijos? ¿Estoy buscando o ya encontré un nuevo pasatiempo para esta fase?».

De los 49 a los 56 años: oír el mundo

La vitalidad declina, la energía de los riñones y el hígado es más débil. Se dificulta la eliminación de toxinas. Llega una fase inspiradora o moral y, con ella, las preguntas: «¿Pude encontrar un nuevo ritmo de vida? ¿Cómo es mi ritmo anual, mensual, semanal y diario?».

De los 56 a los 63 años: abnegación

La visión o la audición pueden debilitarse, y los reflejos y la movilidad cambian dado el declive energético de los órganos sólidos (corazón, bazo-páncreas, hígado y riñones). Es la etapa mística o intuitiva: «¿Cómo pude realizarme? ¿Cómo estoy cuidando mi cuerpo, mi memoria, los órganos de los sentidos? ¿Cómo están mis bienes y mi jubilación?».

De los 63 a los 70 años: sabiduría

 Es la «fase del maestro». Los niños tienen un aura de luz a su alrededor, porque todavía no está totalmente encarnada. En la fase del 10.º septenio, esta aura está interiorizada y es luminosa por dentro, siempre que la persona no padezca alguna enfermedad. Si respetas el ritmo de cada fase, tu luz interior también brillará.

Ser consciente de cómo se conforman los capítulos de nuestra vida es vital a la hora de conocerse, aceptarse y quererse cada vez más. Lo importante es vivir y disfrutar cada etapa ya que es única. En relación a esto un proverbio chino afirma que la vida humana tiene tres fases: veinte años para aprender, veinte para luchar y veinte para alcanzar la sabiduría.

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Fuentehttps://www.vix.com 
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EL BOTE VACÍO. Una metáfora muy inspiradora.

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Un monje decidió meditar solo, lejos de su monasterio. Tomó su bote hasta el centro del lago, lo amarró allí, cerró los ojos y empezó a meditar. Después de unas horas de silencio, sintió el repentino golpe de otro barco chocando con el suyo.
Con los ojos aún cerrados, sintió que su ira aumentaba. Estaba listo para gritarle al barquero que tan descuidadamente había perturbado su meditación. Pero, cuando abrió los ojos, se sorprendió al descubrir que se trataba de un barco vacío que había golpeado al suyo. Probablemente se había desatado y flotaba hacia el centro del lago.
En ese momento, el monje tuvo una gran revelación. Comprendió que el enojo estaba dentro de él; sólo necesitaba el golpe de un objeto externo para sacarlo fuera de él. A partir de entonces, cada vez que encontraba a alguien que lo irritaba, se recordaba a sí mismo, que la otra persona no era más que un barco vacío: la ira estaba dentro de él.

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CLAVES PARA CREAR UNA VIDA EXCEPCIONAL. Louise Hay ~

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Del viaje espiritual a la sanación. Hay una energía, una fuerza divina que nos crea, sustenta, interconecta y actúa en colaboración con nuestros pensamientos, palabras y acciones para generar las experiencias de nuestra vida. Cuando reconocemos este poder benevolente y aprendemos a trabajar con él, nos convertimos en dueños de nuestro destino. La fórmula es sencilla: piensa en cosas que te ayuden a sentirte bien, elige cosas que te ayuden a sentirte bien y actúa de forma que te ayude a sentirte bien. Luego, no pienses en el resultado y confía en que la Vida te aportará lo que necesitas para evolucionar y ser feliz.
Esta sencilla fórmula ha mejorado radicalmente mi calidad de vida, y también puede mejorar la vuestra.

Factores clave del viaje espiritual de Louise hacia la sanación:
• Simplicidad: concentrarse en dar pasos pequeños, sencillos y manejables en lugar de intentar hacer cosas complicadas.
• Optimismo: poner la atención y la energía en las soluciones en lugar de concentrarse en los problemas.
• Paciencia: experimentar el proceso en su totalidad y conscientemente, en lugar de apresurarsepara conseguir un resultado específico.
• Confianza: aprender a confiar en la Vida viendo perfección y oportunidades de crecimiento en todas nuestras experiencias.
• Crecimiento: ver la vida como una escuela donde utilizamos nuestras experiencias como catalizadores para el cambio y la autorrealización.
• Servicio: centrarnos más en cómo podemos animar y ayudar mejor a las personas que lo necesitan, en lugar de perdernos en nuestra visión personal de las cosas y en alcanzar el éxito.
• Acción: comprometernos a estar presentes y a cruzar las puertas que nos abre la Vida en nuestro viaje.
• Fe: estar dispuestos a arriesgarnos y a avanzar aunque no sepamos cuál va a ser el resultado.
• Magnetismo: conectar con la habilidad de atraer lo que necesitamos y desarrollarla adoptando (y conservando) el estado mental adecuado.

Fuente: “Tú puedes crear una vida excepcional”. Louise L. Hay y Cheryl Richardson ~