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COMO LAS PALABRAS ALTERAN NUESTRAS EMOCIONES. Un relato de Mario Alonso Puig ~

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Hay un relato muy sugerente que procede de Japón y que nos recuerda el extraordinario poder de las palabras y su capacidad para alterar nuestras emociones:
Había una vez un samurai que era muy diestro con la espada y a la vez muy soberbio y arrogante. De alguna manera, él sólo se creía alguien y algo cuando mataba a un adversario en un combate y, por eso, buscaba continuamente ocasiones para desafiar a cualquiera ante la más mínima afrenta. Era de esta manera como el samurai mantenía su idea, su concepto de sí mismo, su férrea identidad.
En una ocasión, este hombre llegó a un pueblo y vio que la gente acudía en masa a un lugar. El samurai paró en seco a una de aquellas personas y le preguntó:
-¿Adonde vais todos con tanta prisa?
-Noble guerrero -le contestó aquel hombre que, probablemente, empezó a temer por su vida-, vamos a escuchar al maestro Wei.
-¿Quién es ese tal Wei?
-¿Cómo es posible que no le conozcas, si el maestro Wei es conocido en toda la región?
El samurai se sintió como un estúpido ante aquel aldeano y observó el respeto que aquel hombre sentía por ese tal maestro Wei y que no parecía sentir por un samurai como él. Entonces decidió que aquel día su fama superaría a la de Wei y por eso siguió a la multitud hasta que llegaron a la enorme estancia donde el maestro Wei iba a impartir sus enseñanzas.
El maestro Wei era una hombre mayor y de corta estatura por el cual el samurai sintió de inmediato un gran desprecio y una ira contenida.
Wei empezó a hablar:
-En la vida hay muchas armas poderosas usadas por el hombre y, sin embargo, para mí, la más poderosa de todas es la palabra.
Cuando el samurai escuchó aquello, no pudo contenerse y exclamó en medio de la multitud:
-Sólo un viejo estúpido como tú puede hacer semejante comentario. -Entonces, sacando su katana y agitándola en el aire, prosiguió—: Ésta sí que es un arma poderosa, y no tus estúpidas palabras.
Entonces Wei, mirándole a los ojos, le contestó:
-Es normal que alguien como tú haya hecho ese comentario; es fácil ver que no eres más que un bastardo, un bruto sin ninguna formación, un ser sin ningunas luces y un absoluto hijo de perra.
Cuando el samurai escuchó aquellas palabras, su rostro enrojeció y con el cuerpo tenso y la mente fuera de sí empezó a acercarse al lugar donde Wei estaba.
-Anciano, despídete de tu vida porque hoy llega a su fin.
Entonces, de forma inesperada, Wei empezó a disculparse:
-Perdóname, gran señor, sólo soy un hombre mayor y cansado, alguien que por su edad puede tener los más graves de los deslices. ¿Sabrás perdonar con tu corazón noble de guerrero a este tonto que en su locura ha podido agraviarte?
El samurai se paró en seco y le contestó:
-Naturalmente que sí, noble maestro Wei, acepto tus excusas.
En aquel momento Wei le miró directamente a los ojos y le dijo:
-Amigo mío, dime: ¿son o no poderosas las palabras?
El relato dice que en ese momento el samurai comprendió cómo lo que para él eran simples palabras habían tenido la capacidad de alterarle más que muchos de sus anteriores contrincantes, y cómo también las palabras habían tenido la capacidad de devolverle a un estado de equilibrio y serenidad como hacía tiempo que no conocía. En aquel momento, algo en su interior empezó a transformarse.
Seamos por eso muy cautos con el tipo de palabras que usamos y con el tipo de valoraciones que generemos, para evitar que no sean los eventos, sino nuestras propias valoraciones, los que nos roben nuestro poder personal y nos generen un sufrimiento innecesario.

Las palabras no se las lleva el viento sino que crean realidades. Busque palabras para ayudar y no para anular.
Tal vez se sorprenda de lo que empiece a suceder.

Fuente: “Reinventarse” Dr. Mario Alonso Puig ~

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LA CULPA. Louise Hay ~

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La culpa es otro sentimiento que necesitamos eliminar lo más pronto posible. Fuera de hacernos sentir mal, la culpa no tiene la menor finalidad. No la necesitamos para nada. Estamos en el proceso de amarnos a nosotros mismos. Lamentablemente, a muchísimos de nosotros se nos manipuló cuando éramos niños mediante la culpa para que nos portáramos bien. Consiguientemente, vivimos todo el tiempo bajo un manto de culpa por algo. O pensamos que la única forma de conseguir algo de los demás es haciéndolos sentir culpables. Nada de eso es en absoluto curativo.
También están todas aquellas personas que, por el motivo que fuere, han aceptado la culpa de no valer lo suficiente. Sea cual fuere el motivo, es hora ya de dejar que la culpa se vaya. El pasado es eso, pasado, y no podemos cambiarlo, pero ahora podemos liberarnos de él, olvidarlo. Por lo tanto, tomemos nuestra energía y utilicémosla para encontrar la forma de curarnos a nosotros mismos. «Me amo y me acepto exactamente tal como soy», es una buena afirmación para disolver la culpa.

Da un giro a tu vida.
Tienes el poder de cambiar tu vida de tal manera que ni siquiera reconozcas a tu antiguo yo. Puedes pasar de la enfermedad a la salud, de la soledad al amor, de la pobreza a la seguridad y la realización. Puedes pasar de la vergüenza y la culpa a la confianza en ti y el amor por ti. Puedes pasar de sentir que no vales a sentirte una persona creativa y poderosa. Ya es hora de que todos seamos todo lo que podemos ser.

Fuente: Amar sin condiciones. Louise Hay ~

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NO TE MUERAS CON TUS MUERTOS. René Trossero ~

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No te mueras con tus muertos…

¿Sabes que, cuando lloras a tus muertos, lloras por ti y no por ellos?

Lloras porque los perdiste, porque no los tienes a tu lado, porque si todo concluye con la muerte, tus muertos ya no están, ni siquiera para sufrir por haber muerto; si la vida continúa más allá de la muerte, ¿Por qué apenarte por tus muertos?

Cuando hayas terminado de aceptar que tu muertos se murieron, dejarás de llorarlos y los recuperarás en el recuerdo para que te sigan acompañando con la alegría de todo lo vivido…

No te mueras con tus muertos, recuerda que donde ardió el fuego del amor y la vida, debajo de las cenizas muertas, quedan las brasas esperando el soplo para hacerse las llamas.

Si dices, que sin tus muertos no podrás seguir viviendo, no digas que porque los amabas tanto, sino por cuanto los necesitabas, (y no es lo mismo amar que necesitar).

Si lo aceptas así tal vez descubras para tu crecimiento que tu vida consiste en ser tu vida… ¡Y no la de los otros!

No frenes tus lágrimas cuando llegan, ni fuerces el llanto cuando se aleja no dejes de llorar, porque alguien lo reprueba, ni te obligues a llorar porque sino: “¿Qué dirán los otros?”

Respeta tu dolor, y tu manera de expresarlo.

No te mueras con tus muertos; ¡déjalos partir, como parten las golondrinas en otoño, para anidar en otros climas y volver más numerosas y crecidas, en otra primavera!

Las lágrimas que ocultas el dolor que escondes y la protesta que callas, no desaparecen:

Quedan al asecho del momento en el que puedan estallar. Y es mejor que lo vivas todo en su tiempo y en su hora.

Es común que las personas guarden buena cantidad de culpas para reprocharse ante sus muertos. ¡No lo hagas contigo!

Tus muertos no ganan nada, con tus insomnios de remordimientos.

Ámalos ahora; recuérdalos con amor, y, quizás, si ganen algo….

Como otro nacimiento….

Tú y yo solo vemos una cara de la muerte, la del otro lado se nos escapa.

Si desde el seno de tu madre hubieras visto nacer un hermano, creo que lo hubieras llorado como muerto, hasta nacer tu y reencontrarlo.

¿Qué sentirías si miraras la muerte como otro nacimiento?….

A la hora de cosechar…

Tus muertos no están en el cementerio.

Nunca estuvieron ahí, salvo cuando estaban vivos

¿Me preguntas dónde están…?

Y no puedo responder por ti.

Yo sé donde están “para mi” los míos; pregúntate tú a ti mismo donde crees que están “para ti” los tuyos.

El cementerio es como un surco donde se arrojan las semillas.

Ningún sembrador vuelve a remover la tierra para buscar las semillas ya sembradas; regresa al campo a la hora de cosechar espigas.

René Trossero ~

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ENOJO. Louise Hay ~

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El enfado es un mecanismo de defensa. Si estás a la defensiva es porque tienes miedo.

Renuncio al pasado y confío en el proceso de la vida.

El enfado es algo normal y natural. Generalmente nos enfadamos una y otra vez por las mismas cosas, y sentimos que no tenemos derecho a expresarlo, de modo que nos lo tragamos. Entonces el enojo tiende a instalarse en una parte concreta de nuestro cuerpo, y se manifiesta como enfermedad.
Durante años y años seguimos amontonando nuestro fastidio en ese mismo lugar. Para sanar, deja salir tus verdaderos sentimientos. Si no puedes expresárselos directamente a la persona que los provoca, mírate al espejo y habla con esa persona. Díselo todo: «Estoy fastidiado contigo»; «Tengo miedo»; «Estoy alterada»; «Me has hecho daño». Y sigue; sigue hasta que te hayas liberado de todo el enojo. Entonces haz una inspiración profunda, mírate en el espejo y pregunta: « ¿Cuál es la pauta que provocó esto? ¿Qué puedo hacer para cambiar?»
Si logras cambiar el sistema de creencias que desde adentro te crea ese comportamiento, no necesitarás seguir repitiéndolo.

Una de las peores cosas que podemos hacer es enfadarnos con nosotros mismos. El enojo sólo sirve para encerramos más rígidamente dentro de nuestras pautas.

Fuente: Pensamientos del Corazón. Louise Hay ~

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Y… ¿QUÉ TAL SI ME PERDONO?

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Y… ¿QUÉ TAL SI ME PERDONO?

Me he sentado a tomar un café conmigo misma frente al espejo y me descubrí alzándome la ceja como siempre, entonces me dije a mi misma; ¡Ya estuvo bueno de ser tan dura! y qué lo mejor era simplemente. Perdonarme.

Me perdono por dejarme en último lugar infinidad de veces…
Me perdono por hacerme pedazos para completar a otros…
Me perdono por no tener tiempo para mí…
Me perdono por no hacerme caso, y tropezar con el mismo obstáculo una y mil veces.
Me perdono por poner mi salud como un pendiente y no como una prioridad…
Me perdono por haber hablado de más…
Me perdono por haberme callado…
Me perdono por confundir resignación con tolerancia…
Me perdono no gastar en mí lo que sin reparo gasto en alguien más que a veces no lo merece…
Me perdono por mentirme…
Me perdono por no verme al espejo más seguido…
Me perdono por no ser más amable conmigo misma…
Me perdono por no tenerme paciencia ni tener constancia…
Me perdono por ser tan ruda cuando se trata de mí…
Me perdono no encajar en un molde…
Me perdono por no permitirme muchas cosas…
Me perdono por no disfrutar de otras tantas…
Me perdono por no valorar los momentos que valen la pena y darme cuenta muy tarde…

Me dije a mi misma; elijo aprender a soltar, a dejar ir y sobre todo ¡A Perdonar!. Elijo hacer frente común contra el mundo que está en nuestra contra… simplemente es el mundo y la gente es gente con lo bueno y con lo malo, a veces sólo estamos parados en el camino equivocado con alguien que viene a todo pulmón y nos arrasa sin miramientos.

No hay explicaciones ni justificaciones, es así y así sucede. ¿Sabes?, le dije a mi niña interior necesito tu apapacho, tu abrazo, tu complicidad, he aquí el trato… Menos reproches y más amor, menos revivir el momento y más perdón.

Y… ¿si me perdono? Ampliamente y de verdad, sin echarme en cara después mi errores, sin pensar en un problema toda la noche, sin sentir una punzada con un recuerdo corrupto cruzándonos la mente. ¿Y si perdono mis errores y mi pasado?

Sí, me perdono, me acepto, me acomodo las piezas y me reseteo la memoria y el corazón para poder perdonarme… ¡Si, me perdono para empezar a vivir!.

Autor:  Male Capetillo

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DOS PÁJAROS.

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Dos pájaros estaban muy felices sobre la misma planta, que era un sauce. Uno de ellos se apoyaba en una rama en la punta más alta del sauce, el otro estaba más abajo, en la bifurcación de unas ramas. Después de un rato, el pájaro que estaba en lo alto dijo para romper el hielo: – ¡Oh, que bonitas son estas hojas tan verdes! El pájaro que estaba abajo lo tomó como una provocación y le contestó de modo cortante: -¿Pero estás ciego? ¿No ves que son blancas? Y el de arriba molesto, contestó: -¡Tú eres el que estás ciego!¡Son verdes! Y el otro desde abajo. Con el pico hacia arriba, respondió: – Te apuesto las plumas de la cola a que son blancas. Tú no entiendes nada. El pájaro de arriba notaba que se le encendía la sangre y sin pensarlo dos veces, se precipitó sobre su adversario para darle una lección. El otro ni se movió. Cuando estuvieron cercanos, uno frente a otro, con las plumas encrespadas por la ira, antes de comenzar el duelo tuvieron la lealtad de mirar los dos hacia lo alto, en la misma dirección. El pájaro que había venido de arriba se sorprendió: -¡Oh, qué extraño! ¡Fíjate que las hojas son blancas! E invitó a su amigo: – Ven hasta arriba adonde yo estaba antes.. Volaron hasta la rama más alta del sauce y esta vez dijeron los dos a coro: -¡Fíjate que las hojas son verdes!

«No juzgues a nadie si antes no has caminado durante una hora metido en sus zapatos»

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HO´OPONOPONO. Reprogramando experiencias.

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“Lo siento, perdóname, gracias, te amo”.
Ho’oponopono es una técnica hawaiana que aplicó el doctor Len Ilheakala. Joe Vitale y Mabel Katz, son algunos autores destacados que han descripto esta actitud de aceptación y liberación de conflictos.
Comencemos por el ritual de apertura hacia nuestro pasado para sanar antiguas heridas de las cuales nosotros traemos sus huellas:
En un lugar tranquilo, con el cuerpo relajado, las manos cómodas y abiertas en posición de recibir, practicamos la respiración que los hawaianos llaman “ha”: tomamos el aire por nariz en siete tiempos, retenemos siete tiempos y exhalamos en siete tiempos. Repetimos siete veces y luego nos disponemos a leer la siguiente oración:

“Divino Creador, padre, madre, hijo como uno. Si yo, mi familia, parientes y ancestros te han ofendido a ti, a tu familia, parientes y ancestros en pensamiento, palabras, hechos y acciones desde el principio de nuestra creación hasta el presente, te pedimos perdón. Que esto limpie , purifique, libere, corte todos los recuerdos negativos, bloqueos, energías, vibraciones y trasmute estas energías no deseadas en luz pura… Y está hecho”

Continuamos… Focalizando en algún conflicto o persona repetimos, con la intención que se detalla en cada caso.
Gracias, lo siento, te amo, te libero…
* GRACIAS: Agradezco que vengas a mostrarme algo que debo sanar en mí, lo que veo es un reflejo de una herida que tengo, asumo esta responsabilidad y te doy gracias, aunque…  (actitud, situación) me hace sufrir. Abandono el sufrimiento y elijo agradecer que estés en mi vida porque voy a aprender y este aprendizaje me dará mayor crecimiento espiritual. Agradezco que estés en mi vida. Estás representando un papel y un guión que yo mismo he escrito de acuerdo a los juicios que he tenido. Gracias porque estoy sanando.
* LO SIENTO – PERDÓN: Realmente creo que estás representando un papel en la película de mi vida que considero muy doloroso, incluso para vos. Te pido perdón. Quiero verte como Dios te ve. Sé que todo está en el camino para mi superación.

* TE AMO: El Amor es el Amor de Dios que ha traído hasta vos esa persona o situación. Quiero verte con los ojos del Amor, por eso te amo y me amo. Todos somos Amor.

* TE LIBERO: Abandono todo juicio, porque lo que ha sucedido es consecuencia de mis creencias que interpretan los hechos de acuerdo a ellas. Ya no hay necesidad que siga sucediendo lo mismo, lo he comprendido. Baño en luz todo lo que ha causado conflicto. Sé que la próxima vez todo tendrá un final feliz para todos los involucrados.
¡ASI ES!
Con profundo amor sanamos en vos todas nuestras heridas.
Gracias, lo siento, te imagino, ¡TE AMO!

Fuente: “Otra Oportunidad para re-inventar tu vida”  ReCicladas ~

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EL VENENO.

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El marido llegó con su padre y le dice: Papá, no aguanto más a mi esposa, quiero matarla, pero tengo miedo que me descubran! Me puedes ayudar? A lo que su papá respondió: Claro que sí hijo, pero tendrás que hacer las paces con ella para que nadie desconfié de ti cuando ella muera. Debes cuidar de ella muy bien, ser gentil, agradecido, paciente, cariñoso, menos egoísta, retribuir siempre, escuchar más.. Ves este frasco aquí? todos los días colocaras un poco de este polvo en su comida. Así de a pocos ella irá muriendo.

Pasados 30 días el hijo volvió y le dijo a su padre: No quiero más que muera! Pasé a amarla… y ahora? cómo hago para cortar el efecto del veneno? El padre entonces le respondió: No te preocupes! Lo que yo te di fue polvo de arroz. Ella no va a morir, pues el veneno estaba en ti!

Cuando alimentamos rencores, morimos de a poco. Es necesario que podamos hacer las paces con nosotros mismos y con quienes nos han ofendido. Que podamos tratar a los otros como nos gustaría ser tratados. Que podamos tener la iniciativa de amar, de dar, de entregarnos, de servir…

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¿QUÉ SIGNIFICA PERDONAR? Louise Hay ~

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Podemos liberarnos del pasado y perdonar a todo el mundo. El pasado sólo existe en nuestra mente. Aferrarnos a viejas heridas es castigarnos ahora por algo que otra persona hizo hace mucho tiempo. Eso no tiene ningún sentido. Demasiado a menudo nos encerramos a nosotros mismos en una cárcel de engreído resentimiento, y esa es una terrible forma de vivir.
Puedes liberarte. Perdonar no significa aprobar el mal comportamiento; significa dejar de estar «atascados» en una situación, liberarnos de ella con el fin de no recrear una experiencia similar. Todos nos comportamos de la mejor manera que podemos en cada momento, con el entendimiento, la conciencia y el conocimiento que tenemos. Abandonar el resentimiento y reemplazarlo por comprensión es liberarnos. El perdón es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos.

El perdón abre la puerta al amor. El amor es el objetivo.

El perdón es como las muchas capas de la cebolla: conviene comenzar por las cosas que nos resulta más fácil perdonar, y avanzar poco a poco hacia las heridas más importantes a medida que vamos adquiriendo más práctica y vamos confiando cada vez más en el proceso. Saquemos las capas de las heridas una a una, hasta llegar a un nivel más profundo de comprensión. Allí encontraremos al amor esperándonos. El perdón y el amor van tomados de la mano.

Fuente: “Amar sin condiciones” . Louise Hay ~

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PERDONAR MEJORA LA SALUD.

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Saber perdonar puede ayudarnos no sólo a mejorar nuestras relaciones con los demás, sino que también puede contribuir en mejorar nuestra salud de una manera muy notable.

En nuestra interacción con el resto de la humanidad no todo es armonía y entendimiento permanente. Es esperable, como en todo contacto humano, que se presenten roces y diferencias de ideales, sentimientos, aspiraciones. Incluso es factible que el desentendimiento o la falta de empatía lleven a generar o a recibir daño, que de acuerdo a su grado puede convertirse en sufrimiento, por ello es importante perdonar.

Aún esto comprende algo normal dentro del trato entre personas: la sintonía puede fallar, la comunicación puede no ser la misma y, cuando menos lo esperamos, causamos una gran herida a alguien o somos nosotros sujeto de una inconcebible puntada de aflicción en el pecho. Para este caso en particular es muy importante que sepamos integrar eso a nuestras vivencias y perdonar al otro.

El rencor como carga, su importancia

Cuando nos convertimos en receptores de emociones y deseos negativos hacia algo o alguien, el principal (y por lo general único) perjudicado somos nosotros. Tales emociones van mermando el fuero interior de compasión y entendimiento que nos hace humanos, por lo que el perdón va más allá del otro: se trata de un proceso a librar en relación a nosotros mismos y por nuestro propio bien. Si se ha sido víctima de un gran daño no se trata de absolver ni olvidar la agresión, sino liberarnos de la nocividad que esta produce en la integridad psicológica del individuo.

Practica el perdón y sanarás tu vida

Para perdonar existen diversas alternativas que podemos aplicar de acuerdo a qué se perdonará. En primer lugar está la opción del amor. Esta se refiere principalmente para perdonar a aquellos que, a pesar de la ofensa, amamos.

Comprende practicar el amor una mampara anti-rencor que cubra nuestro ser y nos impida sentir negatividad hacia esa persona. Por otro lado la compasión, la comprensión y la compasión son escenarios que, de planteárnoslos referidos a la persona que nos dañó, pueden propiciar en buena medida un perdón sincero que nos dé lo que buscamos: paz interna, de allí su importancia.

“Perdonar es darle la libertad a un prisionero y descubrir que el prisionero eras tú.”

El perdón debe ser profundo, desde la comprensión y no por una cuestión impuesta desde afuera como lo es la religión, según un estudio, se encontró que el perdón que nace de la comprensión de que nadie es perfecto, permitió a esa persona retomar su relación de una manera más amplia y con más entendimiento mutuo, en cambio cuando el perdón es externo, (y fingido) puede empeorar nuestras relaciones con los demás.

Fuente:  Vida Lúcida 

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