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BISQUETS QUEMADOS. Como construir relaciones sanas. Cuento.

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Cuando yo era niño, a mi mamá le gustaba hacer la comida del desayuno para la cena de vez en cuando.

Recuerdo una noche en particular, cuando ella había hecho el desayuno, después de un largo y duro día en el trabajo.

Esa noche hace mucho tiempo, mi mamá puso un plato de huevos, salchichas y bísquets muy quemados frente a mi padre.

Recuerdo estar esperando ver si alguien lo notaba! Sin embargo, aunque mi padre lo notó, alcanzó un bísquet, sonrió a mi madre y me preguntó cómo me había ido en la escuela.

No recuerdo lo que le contesté, pero sí recuerdo verlo untándole mantequilla y mermelada al bísquet y comérselo todo.

Cuando me levanté de la mesa esa noche, recuerdo haber oído a mi madre pedir disculpas a mi padre por los bísquets quemados. Nunca voy a olvidar lo que dijo: «Cariño, me encantan los bísquets quemados.»

Más tarde esa noche, fuí a dar el beso de las buenas noches a mi padre y le pregunté si a él le gustaban los bísquets quemados. Él me abrazo y dijo: «Tu mamá tuvo un día muy duro en el trabajo está muy cansada y además – un bísquet un poco quemado no le hace daño a nadie»

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La vida está llena de cosas imperfectas y gente imperfecta. Yo no soy el mejor en casi nada, me olvido de los cumpleaños y aniversarios como todo el mundo.

Pero lo que he aprendido con los años, es que aprender a aceptar los defectos de cada uno de nosotros – y decidir celebrar cada una de las diferencias de los demás – es una de las cosas más importantes para crear una relación sana y duradera… donde un bísquet quemado no va a romper un corazón.

Podríamos extender esto a cualquier tipo de relación. De hecho, la comprensión es la base de cualquier relación hijas,esposas amigas o cualquier tipo!

«Así que por favor me pasas un bísquet, y sí, el quemado está bien»

Sé más amable de lo necesario, porque toda la gente que amamos, en este momento están librando algún tipo de batalla.

Fuente: web ~

Ilust. Mónica Fernandez ~

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BUENA SUERTE MALA SUERTE. Cuento ~

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En una aldea pequeña, hace muchos años, vivía un campesino junto a su único hijo. Los dos se pasaban las horas cultivando el campo sin más ayuda que la fuerza de sus manos. Se trataba de un trabajo muy duro, pero se enfrentaban a él con buen humor y nunca se quejaban de su suerte.

Un día, un precioso caballo negro salvaje bajó las montañas galopando y entró en su granja atraído por el olor a comida. Descubrió que el establo estaba repleto de heno, zanahorias y brotes de alfalfa, así que ni corto ni perezoso, se puso a comer.

El joven hijo del campesino lo vio y pensó:
– ¡Qué animal tan fabuloso! ¡Podría servirnos de gran ayuda en las labores de labranza!

Sin dudarlo, corrió hacia la puerta del cercado y la cerró para que no pudiera escapar.

En pocas horas la noticia se extendió por el pueblo. Muchos vecinos se acercaron a felicitar a los granjeros por su buena fortuna ¡No se encontraba un caballo como ese todos los días!

El alcalde, que iba en la comitiva, abrazó con afecto al viejo campesino y le susurró al oído:
– Tienes un precioso caballo que no te ha costado ni una moneda… ¡Menudo regalo de la naturaleza! ¡A eso le llamo yo tener buena suerte!

El hombre, sin inmutarse, respondió:
– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Los vecinos se miraron y no entendieron a qué venían esas palabras ¿Acaso no tenía claro que era un tipo afortunado? Un poco extrañados, se fueron por donde habían venido.

A la mañana siguiente, cuando el labrador y su hijo se levantaron, descubrieron que el brioso caballo ya no estaba. Había conseguido saltar la cerca y regresar a las montañas. La gente del pueblo, consternada por la noticia, acudió de nuevo a casa del granjero.

Uno de ellos, habló en nombre de todos.
– Venimos a decirte que lamentamos muchísimo lo que ha sucedido. Es una pena que el caballo se haya escapado ¡Qué mala suerte!

Una vez más, el hombre respondió sin torcer el gesto y mirando al vacío.
– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Todos se quedaron pensativos intentando comprender qué había querido decir de nuevo con esa frase tan ambigua, pero ninguno preguntó nada por miedo a quedar mal.

Pasaron unos días y el caballo regresó, pero esta vez no venía solo sino acompañado de otros miembros de la manada entre los que había varias yeguas y un par de potrillos. Un niño que andaba por allí cerca se quedó pasmado ante el bello espectáculo y después, muy emocionado, fue a avisar a todo el mundo.
Muchísimos curiosos acudieron en tropel a casa del campesino para felicitarle, pero su actitud les defraudó; a pesar de que lo que estaba ocurriendo era algo insólito, él mantenía una calma asombrosa, como si no hubiera pasado nada.

Una mujer se atrevió a levantar la voz:
– ¿Cómo es posible que estés tan tranquilo? No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora tienes muchos más. Podrás venderlos y hacerte rico ¡Y todo sin mover un dedo! ¡Pero qué buena suerte tienes!

Una vez más, el hombre suspiró y contestó con su tono apagado de siempre:
– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Desde luego, pensaban todos, su comportamiento era anormal y sólo le encontraban una explicación: o era un tipo muy raro o no estaba bien de la cabeza ¿Acaso no se daba cuenta de lo afortunado que era?

Pasaron unas cuantas jornadas y el hijo del campesino decidió que había llegado la hora de domar a los caballos. Al fin y al cabo eran animales salvajes y los compradores sólo pujarían por ellos si los entregaba completamente dóciles.
Para empezar, eligió una yegua que parecía muy mansa. Desgraciadamente, se equivocó. En cuanto se sentó sobre ella, la jaca levantó las patas delanteras y de un golpe seco le tiró al suelo. El joven gritó de dolor y notó un crujido en el hueso de su rodilla derecha.

No quedó más remedio que llamar al doctor y la noticia corrió como la pólvora. Minutos después,  decenas de cotillas se plantaron otra vez allí para enterarse bien de lo que había sucedido. El médico inmovilizó la pierna  rota del chico y comunicó al padre que tendría que permanecer un mes en reposo sin moverse de la cama.

El panadero, que había salido disparado  de su obrador sin ni siquiera quitarse el delantal manchado de harina, se adelantó unos pasos y le dijo al campesino:
– ¡Cuánto lo sentimos por tu hijo! ¡Menuda desgracia, qué mala suerte ha tenido el pobrecillo!

Cómo no, la respuesta fue clara:
– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Los vecinos ya no sabían qué pensar ¡Qué hombre tan extraño!

El chico estuvo convaleciente en la cama muchos días y sin poder hacer nada más que  mirar por la ventana y leer algún que otro libro. Se sentía más aburrido que un pingüino en el desierto pero si quería curarse, tenía que acatar los consejos del doctor.

Una tarde que estaba medio dormido dejando pasar las horas, entró por sorpresa el ejército en el pueblo. Había estallado la guerra  en el país y necesitaban reclutar muchachos  mayores de dieciocho años para ir a luchar contra los enemigos.  Un grupo de soldados se dedicó a ir casa por casa y como era de esperar, también llamaron a la del campesino.

– Usted tiene un hijo de veinte años y tiene la obligación de unirse a las tropas ¡Estamos en guerra y debe luchar como un hombre valiente  al servicio de la nación!

El anciano les invitó a pasar y les condujo a la habitación donde estaba el enfermo. Los soldados, al ver que el chico tenía el cuerpo lleno de magulladuras y la pierna vendada hasta la cintura, se dieron cuenta de que estaba incapacitado para ir a la guerra; a regañadientes, escribieron un informe que le libraba de prestar el servicio  y continuaron su camino.

Muchos vecinos se acercaron, una vez más, a casa del granjero. Uno de ellos, exclamó:
– Estamos destrozados porque nuestros hijos han tenido que alistarse al ejército y van camino de la guerra. Quizá jamás les volvamos a ver,  pero en cambio, tu hijo se ha salvado ¡Qué buena suerte tenéis!

¿Sabes qué respondió el granjero?…
– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Adaptación de un antiguo cuento chino.

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LAS CUATRO ESTACIONES. Cuento ~

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Había una vez un hombre que tenía cuatro hijos.

El hombre buscaba que ellos aprendieran a no juzgar las cosas tan rápidamente; entonces los envió a cada uno por turnos a visitar un peral que estaba a una gran distancia.

El primer hijo fue en el invierno, el segundo en la primavera, el tercero en el verano y el hijo más joven en el otoño.

Cuando todos ellos habían ido y regresado; su padre los llamó, y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.

El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo, dijo que estaba cargado de flores, que tenia aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa más llena de gracia que jamás había visto.

El último de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, y dijo que el peral estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían razón, porque ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.

Les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, solo por ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones ya han pasado.

Si tú te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano, y la satisfacción del otoño.

No dejes que el dolor de una estación destruya la dicha del resto.

No juzgues la vida solo por una estación difícil.

Aguanta con valor las dificultades y las malas rachas, porque luego disfrutarás de los buenos tiempos.

Sólo el que persevera encuentra un mañana mejor.

Fuente: web ~

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ABUELA, ¿CÓMO SE AFRONTA EL DOLOR?

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ABUELA, ¿CÓMO SE AFRONTA EL DOLOR? 
«Con las manos, cariño. Si lo haces con la mente, en lugar de aliviar el dolor, éste se endurece aún más».
«¿Con las manos abuela?»
«Sí. Nuestras manos son las antenas de nuestra alma. Si las mueves tejiendo, cocinando, pintando, jugando o hundiéndolas en la tierra, envías señales de cuidado a la parte más profunda de ti. Y tu alma se ilumina, porque le estás prestando atención. Entonces las señales del dolor ya no serán necesarias».
«¿Las manos son realmente tan importantes?»
«Sí, hijo/a mío/a. Piensa en los bebés: comienzan a conocer el mundo, gracias al toque de sus pequeñas manos. Si miras las manos de los viejos, te cuentan más sobre su vida que cualquier otra parte del cuerpo. Todo lo que se hace a mano, se dice que está hecho con el corazón. Porque es realmente así: las manos y el corazón están conectados. Los masajistas lo saben bien: cuando tocan el cuerpo de otra persona con sus manos, crean una conexión profunda. Es precisamente a partir de esta conexión que llega la curación. Piensa en los amantes: cuando se tocan las manos, hacen el amor de una manera más sublime».
«Mis manos abuela … ¡cuánto tiempo no las he usado así!»
«Muévelas, mi amor, comienza a crear con ellas y todo dentro de ti se moverá. El dolor no pasará. Y en cambio lo que hagas con ellas, se convertirá en la obra maestra más hermosa. Y ya no dolerá más. Porque habrás sido capaz de transformar su esencia».
Elena Bernabé ~

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MAESTRO, ¿CÓMO PUEDO ENFRENTAR EL AISLAMIENTO?

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-Maestro, cómo puedo enfrentar el aislamiento?

– Limpia tu casa. A fondo. En todos los rincones.
Incluso los que nunca tuviste ganas, el coraje y la paciencia de tocar.
Haz que tu casa sea brillante y cuidada. Quita el polvo, las telarañas, las impurezas. Incluso las más ocultas.
Tu casa te representa a ti mismo: si cuidas de ella, también te cuidas.

-Maestro pero el tiempo es largo.
Después de cuidar de mí a través de mi casa ¿cómo puedo vivir el aislamiento?

-Arregla lo que se puede arreglar y elimina lo que ya no necesitas.
Dedícate al remiendo, borda los arranques de tus pantalones, cose bien los bordes deshilachados de tus vestidos, restaura un mueble, repara todo lo que vale la pena reparar.
El resto, tíralo. Con gratitud.
Y con conciencia de que su ciclo ha terminado.
Arreglar y eliminar fuera de ti permite arreglar o eliminar lo que hay dentro de ti.

-Maestro ¿y luego qué?
Qué puedo hacer todo el tiempo solo?

-Siembra.
Incluso una semilla en un jarrón.
Cuida una planta, riegala todos los días, háblales, dale un nombre, quita las hojas secas y las malas hierbas que pueden asfixiarla y robarle energía vital preciosa.
Es una forma de cuidar tus semillas interiores, tus deseos, tus intenciones, tus ideales.

-Maestro ¿y si el vacío viene a visitarme?… ¿Si llegan el miedo a la enfermedad y a la muerte?

-Háblales.
Prepara la mesa para ellos también, reserva un lugar para cada uno de tus temores.
Invítales a cenar contigo. Y pregúntales por qué llegaron desde tan lejos hasta tu casa. Qué mensaje quieren traerte.
Qué quieren comunicarte.

-Maestro, no creo que pueda hacer esto…

-No es el aislamiento tu problema, sino el miedo a enfrentar tus dragones interiores. Esos que siempre quisiste alejar de ti. Ahora no puedes huir.
Míralos a los ojos, escúchalos y descubrirás que te pusieron contra la pared.
Te han aislado para poder hablar contigo.
Como las semillas que solo pueden brotar si están solas.

Fuente web ~ Autor desconocido 
Ilustración Zen Toons

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EL SENDERO DE LA VIDA. Dana Plaza ~

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La vida es como un camino, con subidas y bajadas, curvas, contra curvas, serruchos, lomadas, badenes, etc.
Para llegar hacia un lugar, hay que hacerlo paso a paso, a pie o con el vehículo que elijas. Mientras que el medio puede ser cualquiera, el fin será el único motor que te motivará a avanzar.
Mientras transites podrán surgir muchas cosas. Conocerás personas nuevas, una vida repleta de experiencias diferentes a las ya conocidas, aprenderás más sobre ti mismo:
tu fortaleza ante las dificultades,qué nada es fácil o tan difícil como parece,
tu sabiduría y coraje ante situaciones que demanden más atención,
tus límites,
tu ímpetu por lograr tus sueños y llegar a la meta final,
tus habilidades,
tus aspectos por mejorar,
y más…
¿Quieres comenzar a andar pero no puedes?
A veces tenemos una meta propuesta, o varias, pero sentimos que aún no estamos preparados para circular. Ante esta situación, está bueno que te tomes un tiempo para reflexionar sobre qué es lo que te sucede (interna y externamente) que no te permite avanzar.
Cuando visualices las causas, busca otra alternativa, indaga sobre cómo solucionar ese problema que tienes. Entonces, sin darte cuenta, estarás más cerca del objetivo propuesto.
El tiempo que tardes no es lo que concierne. Tal vez veas a otros cumplir sus metas y tú quedes atrás. Recuerda que cada uno tiene sus pesares, miedos, angustias, limitaciones y mucho que superar y sanar antes de llegar a dónde quieres.
Sólo enfócate en ti.
Habrá quién nos acompañe durante la senda y permanecerá hasta el final, otros solo estarán por un tiempo, sin embargo, ¡no te detengas!
Aprender a soltar es una de las cosas más lindas de la vida. No en el momento que te despides de algo viejo, de una persona o una mascota a la cuál quisimos o amamos mucho. Sino, en la parte que finalmente entiendes qué no puedes controlar las decisiones, los sentimientos o el momento de partida de los demás.
Que se cumpla un ciclo para algunas cosas y relaciones no significa que careció de importancia o que fue una pérdida de tiempo, al contrario.
Cuando te relacionas con alguien y pones lo mejor de ti en cada relación que construyes, una parte de ti está dando y la otra recibiendo (puede ser algo favorable o no), de manera que hacerlo es lo que realmente vale.
Duele no obtener lo mismo, pero recuerda que cada individuo es único e irrepetible y que no puede dar más de lo que está posibilitado a brindar en este momento.
Cada persona posee su propio espacio y tiempo para emprender su trayecto personal.
¡Feliz recorrido!”
Dana Plaza ~
Foto: Bosque de Arrayanes – Patagonia – Argentina ~
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EL CAPITÁN Y EL GRUMETE. Tiempos de pandemia. ~

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«Il capitano e il mozzo» del escritor italiano Alessandro Frezza, ha tenido una gran difusión, siendo atribuido erróneamente, en las redes sociales, a Carl Gustav Jung.  Al parecer, Alessandro Frezza lo público en su página de Facebook, siendo compartido después en la página “El libro rosso di Jung” y, a partir de aquí, alguien debió difundirlo con la atribución equivocada…

De todos modos, se trata de una reflexión muy inspiradora,  sobre cómo se le puede sacar el máximo provecho a una situación negativa y cómo los momentos más difíciles encierran el gran propósito del reencuentro con la esencia de la vida.

—Capitán, el chico está preocupado y muy alterado debido a la cuarentena que nos han impuesto en el puerto.

—¿Qué te inquieta, chico? ¿No tienes bastante comida? ¿No duermes bien?

—No es eso, capitán. No soporto no poder bajar a tierra ni poder abrazar a mi familia.

—Si te dejaran bajar y estuvieras contagioso, ¿soportarías la culpa de infectar a alguien que no pudiera superar la enfermedad?

—No me lo perdonaría nunca, aunque creo que han inventado esta epidemia…

—Puede ser, pero ¿y si no fuera así?

—Entiendo lo que quiere decir, pero me siento privado de libertad, capitán. Me han privado de algo mío.

—Prívate tú de algo más.

—¿Me está tomando el pelo?

—En absoluto. Si te privan de algo y no respondes de forma adecuada, has perdido.

—Entonces, según usted, ¿si me quitan algo, para vencer, debo quitarme alguna cosa más por mí mismo?

—Así es. Yo lo hice en la cuarentena de hace siete años.

—¿Y qué es lo que se quitó?

—Tenía que pasar más de veinte días en el barco. Llevaba meses esperando llegar a puerto y gozar de la primavera en tierra. Hubo una epidemia. En Port April nos prohibieron bajar.

Los primeros días fueron duros. Me sentía como tú ahora. Luego, empecé a responder a aquellas imposiciones no utilizando la lógica. Sabía que después de veintiún días teniendo un comportamiento, se crea un hábito y, en vez de lamentarme y adquirir costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente a los demás. Antes, reflexioné y pensé en aquellos que tienen muchas privaciones y una vida miserable y, luego, decidí vencer.

Empecé con el alimento. Me puse a comer la mitad de lo que comía habitualmente, después comencé a seleccionar los alimentos que se digerían mejor y comí alimentos tradicionalmente sanos. El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos para tener pensamientos cada vez más elevados y nobles.

Me impuse leer, al menos una página cada día, sobre algún tema desconocido para mí.

Me obligué a hacer ejercicios en el puente del barco. Un viejo hindú me había dicho años atrás que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento… Me propuse hacer profundas respiraciones cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza.

La tarde era la hora de las oraciones, de dar las gracias a cualquier entidad por no haberme dado un destino con privaciones serias a lo largo de mi vida. El hindú también me había aconsejado adquirir la costumbre de imaginar la luz entrar en mí y hacerme más fuerte. Podía funcionar también hacerlo para la gente querida que estaba lejos y así, esta práctica también la integré en mi rutina diaria sobre el barco.

En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que haría cuando bajara tierra. Visualizaba las escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera. Lo que podemos obtener enseguida, nunca es interesante. La espera sublima el deseo y lo hace más poderoso.

Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron, de imprecaciones y palabrotas, de jugar a las cartas, de dormir mucho, de estar ocioso, de pensar solo en lo que me habían quitado…

—¿Y cómo acabó, capitán?

—Adquirí todos esos hábitos nuevos. Pude bajar después de mucho más tiempo del previsto.

—Lo privaron de la primavera, entonces, capitán…

—Sí, aquel año me privaron de la primavera y de muchas cosas más, pero yo había florecido. Llevaba la primavera dentro y nadie nunca más pudo quitármela.

Fuente: Muro en Facebook de Alessandro Frezza~

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LA PARÁBOLA DEL MATRIMONIO.

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Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
– Nos amamos – empezó el joven.
– Y nos vamos a casar – dijo ella.
– Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
– Por favor – repitieron – ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
– Hay algo…- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé…es una tarea muy difícil y sacrificada.
– No importa – dijeron los dos-. Lo que sea – ratificó Toro Bravo.
– Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.
– Y tú, Toro Bravo – siguió el brujo – deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta…¡salgan ahora!.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur…. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

– ¿Volaban alto?- preguntó el brujo.
– Sí, sin duda. Como lo pediste… ¿y ahora? – preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
– No – dijo el viejo-.
– Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne – propuso la joven-.
– No – repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero… Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.
Este es el conjuro…
-Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, VUELEN JUNTOS PERO JAMÁS ATADOS.

Autor Desconocido ~

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EL TRABAJO EN SOLEDAD. Relato de un viejo ermitaño ~

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Un día una persona subió a la montaña donde se refugiaba una mujer ermitaña que meditaba, y le preguntó:

Qué haces en tanta soledad?, a lo que élla le respondió:

Tengo mucho trabajo.

y, cómo puedes tener tanto trabajo?, no veo nada por aquí…
Tengo que entrenar a dos halcones y a dos águilas, tranquilizar a dos conejos, disciplinar a una serpiente, motivar a un burro y domar a un león.

y, por dónde andan que no los veo?

Los tengo dentro.

Los halcones se lanzan sobre todo lo que se me presenta, bueno o malo, tengo que entrenarlos a que se lancen sobre cosas buenas. Son mis ojos.

Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan, tengo que enseñarles a que no hagan daño. Son mis manos.

Los conejos quieren ir donde ellos quieren, no enfrentar situaciones difíciles, tengo que enseñarles a estar tranquilos aunque haya sufrimiento, o tropiezo. Son mis pies.

El burro siempre está cansado, es obstinado, no quiere llevar su carga muchas veces. Es mi cuerpo.

La más difícil de domar es la serpiente. Aunque está encerrada en una fuerte jaula, ella siempre está lista para morder y envenenar a cualquiera que esté cerca. Tengo que disciplinarla. Es mi lengua.

También tengo un león. Ay… qué orgulloso, vanidoso, se cree ser el rey. Tengo que domarlo. Es mi ego. -Como ves, amigo, tengo mucho trabajo. Y tú, en que trabajas?

Autor desconocido ~

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CUANDO LA VIDA TE SACUDE.

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Vas caminando con tu taza de café y de repente alguien pasa, te empuja y hace que se te derrame el café por todas partes.

-¿Por qué se te derramó el café?

-Porque alguien me empujó.

Respuesta equivocada.
Derramaste el café porque tenías café en la taza. Si hubiera sido té, hubieras derramado el té.

Lo que tengas en la taza, es lo que se va a derramar.

Por lo tanto, cuando la vida te sacude (qué seguro pasará) lo que sea que tengas dentro de ti, vas a derramar.

Puedes ir por la vida fingiendo que tu taza está llena de virtudes, pero cuando la vida te empuje vas a derramar lo que en realidad tengas en tu interior. Eventualmente sale la verdad a la luz.

Así que habrá que preguntarse a uno mismo. ¿Qué hay en mi taza?

Cuando la vida se ponga difícil, ¿qué voy a derramar?

¿Alegría, agradecimiento, paz, humildad?

¿O coraje, amargura, palabras o reacciones duras?

¡Tú eliges!

Ahora, trabaja en llenar tu taza con gratitud, perdón, alegria, palabras positivas y amables, generosidad y amor para los demás.

De lo que esté llena tu taza, tú eres el responsable.

Y mira que la vida sacude, sacude más veces de las que puedes imaginar!

Fuente: web ~