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EL HOMBRE Y LA SERPIENTE. Breve relato.

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Un hombre vió cuando una serpiente estaba muriendo quemada y decidió sacarla del fuego, pero cuando lo hizo, la serpiente lo mordió . Por la reacción del dolor, el hombre la soltó y el animal cayó de nuevo en el fuego y se estaba quemando de nuevo. El hombre intentó sacarla otra vez y otra vez la serpiente lo mordió . Alguien que estaba observando se acercó al hombre y le dijo:
– Disculpe, pero usted es terco! No entiende que todas las veces que intente sacarla del fuego va a morder?
El hombre respondió:
– La naturaleza de la serpiente es morder, y eso no va a cambiar la mía, que es AYUDAR .

Entonces, con la ayuda de un pedazo de hierro, el hombre sacó la serpiente de fuego y salvó su vida.


NO CAMBIES TU NATURALEZA SI ALGUIEN TE HACE ALGÚN DAÑO,  no pierdas tu esencia; sólo toma precauciones.
Algunos persiguen la felicidad, otros la crean.
Preocúpate más por tu conciencia que por tu reputación. Porque tu conciencia es lo que eres, y tu reputación es lo que piensan los demás de ti. Y lo que piensan los demás, no es tu problema… Es problema de ellos.

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UN CUENTO SOBRE LA CONSCIENCIA. Alejandro Jodorowsky ~

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En un chalet muy lujoso con una gran piscina se está celebrando una fiesta. El dueño que es multimillonario, dice que compartirá su fortuna con el valiente que se atreva a cruzar su piscina que está llena de cocodrilos hambrientos.
De repente se ve a un chico dentro del agua nadando a toda velocidad, cuando sale por el otro extremo de la piscina el dueño acude a felicitarlo, diciendo que por fin acababa de conocer a una persona realmente valiente.

El joven le respondió: “¡Que valiente, ni que valiente…alguien me empujó”!

Dice Alejandro Jodorowsky que la piscina con sus cocodrilos son nuestros “demonios interiores”, contra los que tenemos que luchar para tratar de conocernos. Que ese pequeño empujón que te lanza al interior de la piscina te lo da “un maestro”. Pero la energía para luchar y salir (aprender) la pones tú. Sin ella no serviría de nada el pequeño empujón que nos han dado. La recompensa de atravesar la piscina es conocerse mejor, un aumento de nuestra “consciencia” rompiendo algunos límites que establecíamos como fijos e inamovibles.

Haciendo consciente lo inconsciente accedemos a la oportunidad de aprender, experimentar, accionar de una manera diferente, recuperar nuestro potencial. Aprender es ampliar la consciencia, es un nuevo estado del SER. Este nuevo estado genera un colapso cuántico que crea una nueva realidad y tu vida cambia. Cuando cambias la forma de ver las cosas, las cosas cambian de forma. Toda la vida se transforma porque somos creadores de nuestra realidad. Entonces el maestro habrá cumplido con su cometido y ya no tendrá sentido de existir.

Reflexiones sabias sobre el tema de la consciencia.

“Si queremos cambiar el mundo, primero debemos cambiar nuestra manera de verlo. Que en el pasado este cambio de consciencia sólo sucedió a un número muy reducido de personas, sin embargo en la actualidad el cambio de consciencia se da a una escala mucho mayor.” Eckhart Tolle

“La consciencia es la presencia de Dios en el hombre” Swedenborg“

“… esa chispita del fuego celeste, la consciencia” George Washington

“Que peligrosa es la inconsciencia! Para liberarte de los prejuicios solo tienes la consciencia. Es la consciencia la que te puede liberar. Siempre serás esclavo de las cosas de las que no eres consciente” Anthony de Mello.

“La conciencia es la brújula del hombre”. Vincent Van Gogh.

“La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo.” William Shakespeare .

“Conciencia es la voz silenciosa de tu ser interior que no te deja ni de día ni de noche, ni en la vigilia ni en el sueño esperando que lo escuches”. Vásquez D.R.D.

Fuente: Consciencia eterna 

Foto: Sala Mae West – Museo Salvador Dalí de Figueres ~ España ~

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COMO LAS PALABRAS ALTERAN NUESTRAS EMOCIONES. Un relato de Mario Alonso Puig ~

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Hay un relato muy sugerente que procede de Japón y que nos recuerda el extraordinario poder de las palabras y su capacidad para alterar nuestras emociones:
Había una vez un samurai que era muy diestro con la espada y a la vez muy soberbio y arrogante. De alguna manera, él sólo se creía alguien y algo cuando mataba a un adversario en un combate y, por eso, buscaba continuamente ocasiones para desafiar a cualquiera ante la más mínima afrenta. Era de esta manera como el samurai mantenía su idea, su concepto de sí mismo, su férrea identidad.
En una ocasión, este hombre llegó a un pueblo y vio que la gente acudía en masa a un lugar. El samurai paró en seco a una de aquellas personas y le preguntó:
-¿Adonde vais todos con tanta prisa?
-Noble guerrero -le contestó aquel hombre que, probablemente, empezó a temer por su vida-, vamos a escuchar al maestro Wei.
-¿Quién es ese tal Wei?
-¿Cómo es posible que no le conozcas, si el maestro Wei es conocido en toda la región?
El samurai se sintió como un estúpido ante aquel aldeano y observó el respeto que aquel hombre sentía por ese tal maestro Wei y que no parecía sentir por un samurai como él. Entonces decidió que aquel día su fama superaría a la de Wei y por eso siguió a la multitud hasta que llegaron a la enorme estancia donde el maestro Wei iba a impartir sus enseñanzas.
El maestro Wei era una hombre mayor y de corta estatura por el cual el samurai sintió de inmediato un gran desprecio y una ira contenida.
Wei empezó a hablar:
-En la vida hay muchas armas poderosas usadas por el hombre y, sin embargo, para mí, la más poderosa de todas es la palabra.
Cuando el samurai escuchó aquello, no pudo contenerse y exclamó en medio de la multitud:
-Sólo un viejo estúpido como tú puede hacer semejante comentario. -Entonces, sacando su katana y agitándola en el aire, prosiguió—: Ésta sí que es un arma poderosa, y no tus estúpidas palabras.
Entonces Wei, mirándole a los ojos, le contestó:
-Es normal que alguien como tú haya hecho ese comentario; es fácil ver que no eres más que un bastardo, un bruto sin ninguna formación, un ser sin ningunas luces y un absoluto hijo de perra.
Cuando el samurai escuchó aquellas palabras, su rostro enrojeció y con el cuerpo tenso y la mente fuera de sí empezó a acercarse al lugar donde Wei estaba.
-Anciano, despídete de tu vida porque hoy llega a su fin.
Entonces, de forma inesperada, Wei empezó a disculparse:
-Perdóname, gran señor, sólo soy un hombre mayor y cansado, alguien que por su edad puede tener los más graves de los deslices. ¿Sabrás perdonar con tu corazón noble de guerrero a este tonto que en su locura ha podido agraviarte?
El samurai se paró en seco y le contestó:
-Naturalmente que sí, noble maestro Wei, acepto tus excusas.
En aquel momento Wei le miró directamente a los ojos y le dijo:
-Amigo mío, dime: ¿son o no poderosas las palabras?
El relato dice que en ese momento el samurai comprendió cómo lo que para él eran simples palabras habían tenido la capacidad de alterarle más que muchos de sus anteriores contrincantes, y cómo también las palabras habían tenido la capacidad de devolverle a un estado de equilibrio y serenidad como hacía tiempo que no conocía. En aquel momento, algo en su interior empezó a transformarse.
Seamos por eso muy cautos con el tipo de palabras que usamos y con el tipo de valoraciones que generemos, para evitar que no sean los eventos, sino nuestras propias valoraciones, los que nos roben nuestro poder personal y nos generen un sufrimiento innecesario.

Las palabras no se las lleva el viento sino que crean realidades. Busque palabras para ayudar y no para anular.
Tal vez se sorprenda de lo que empiece a suceder.

Fuente: «Reinventarse» Dr. Mario Alonso Puig ~

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NO SE HAN PODIDO LLEVAR LA MÚSICA. Eduardo Galeano ~

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Se dice que era un mago del arpa. En la llanura de Colombia no había ninguna fiesta sin él. Para que la fiesta fuese fiesta, Mesé Figueredo tenía que estar allí con sus dedos bailadores que alegraban los aires y alborotaban las piernas.

Una noche, en un sendero perdido, fue asaltado por unos ladrones. Iba Mesé Figueredo de camino a unas bodas, él encima de una mula, encima de la otra su arpa, cuando unos ladrones se le echaron encima y lo molieron a palos.

A la mañana siguiente, alguien lo encontró. Estaba tendido en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo con un hilo de voz:

– “Se llevaron las mulas.”

Y dijo también:

– “Se llevaron el arpa.”

Y, tomando aliento, rió:

– “¡Pero no se han podido llevar la música!”

Eduardo Galeano ~

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EL BOTE VACÍO. Una metáfora muy inspiradora.

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Un monje decidió meditar solo, lejos de su monasterio. Tomó su bote hasta el centro del lago, lo amarró allí, cerró los ojos y empezó a meditar. Después de unas horas de silencio, sintió el repentino golpe de otro barco chocando con el suyo.
Con los ojos aún cerrados, sintió que su ira aumentaba. Estaba listo para gritarle al barquero que tan descuidadamente había perturbado su meditación. Pero, cuando abrió los ojos, se sorprendió al descubrir que se trataba de un barco vacío que había golpeado al suyo. Probablemente se había desatado y flotaba hacia el centro del lago.
En ese momento, el monje tuvo una gran revelación. Comprendió que el enojo estaba dentro de él; sólo necesitaba el golpe de un objeto externo para sacarlo fuera de él. A partir de entonces, cada vez que encontraba a alguien que lo irritaba, se recordaba a sí mismo, que la otra persona no era más que un barco vacío: la ira estaba dentro de él.

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EL AMOR Y EL TIEMPO. La isla de los sentimientos.

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Hubo un tiempo en el que en una isla muy pequeña, confundida con el paraíso, habitaban los sentimientos como habitamos hoy en la tierra.

En esta isla vivían en armonía el Amor, la tristeza, y todos los otros sentimientos. Un día en uno de esos que la naturaleza parece estar de malas, el amor se despertó aterrorizado sintiendo que su isla estaba siendo inundada.

Pero se olvidó rápido del miedo y cuidó de que todos los sentimientos se salvaran. Todos corrieron y tomaron sus barcos y corrieron, y subieron a una montaña bien alta, donde podrían ver la isla siendo inundada pero sin que corriesen peligro.

Sólo el amor no se apresuró, el amor nunca se apresura. Él quería quedarse un poquito más en su isla, pero cuando se estaba casi ahogando el amor se acordó de que no debía morir. Entonces corrió en dirección a los barcos que partieron y gritó en busca de auxilio.

La Riqueza, oyendo su grito, trató luego de responder que no podría llevarlo ya que con el oro y con la plata que cargaba temía que su barco se hundiera.

Pasó entonces la Vanidad que también dijo que no podría ayudarlo, una vez que el amor se hubiese ensuciado ayudando a los otros, ella, la Vanidad, no soportaba la suciedad.

Por detrás de la Vanidad venía la Tristeza que se sentía tan profunda que no quería estar acompañada por nadie.

Pasó también la Alegría, pero ésta tan alegre estaba que no oyó la súplica del amor.

Sin esperanza el Amor se sentó sobre la última piedra que todavía se veía sobre la superficie del agua y comenzó a menguar.

Su llanto fue tan triste que llamó la atención de un anciano que pasaba con su barco. El viejito tomó al Amor en sus brazos y lo llevó hacia la montaña más alta, junto con los otros sentimientos.

Recuperándose, el amor le preguntó a la Sabiduría quién era el viejito que le había ayudado… a lo que ésta respondió….. “El Tiempo”….. el Amor cuestionó: …”¿Por qué sólo el Tiempo me ayudó?”….

La Sabiduría entonces respondió:

“Porque sólo el Tiempo tiene la capacidad de entender cuan valioso es el Amor”

Autor desconocido ~

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EL SUEÑO DEL GUSANO. Cuento de éxito, fracaso y esperanza.

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Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes. «Hacia dónde te diriges?», le preguntó.

Sin dejar de caminar, la oruga contestó: «Tuve un sueño anoche, soñé que desde la punta de la gran montaña miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo».
Sorprendido, el chapulín dijo mientras su amigo se alejaba: ¡Debes estar loco! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? Tú, una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar, y cualquier tronco una barrera infranqueable». Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.
De pronto se oyó la voz de un escarabajo: «Hacia dónde te diriges con tanto empeño?». Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante: «Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo».
El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo: «Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa». El se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros. Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir. «¡No lo lograrás jamás!», le decían, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.
Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar. «Estaré mejor», fue lo último que dijo, y murió.
Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.
Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos.
Aquella concha dura comenzó a quebrarse y, con asombro, vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta. Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arcoiris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: una mariposa.
No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Todos se habían equivocado.

Cuento popular ~

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DISCREPANCIA Y RESPETO.

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La siguiente anécdota se atribuye al filósofo francés Voltaire. Posiblemente sea apócrifa o, simplemente, inventada. En cualquier caso siempre me ha gustado y puede atribuirse a su personalidad.

Paseaba Voltaire junto a un amigo por la calle, cuando se cruzaron con una procesión precedida por un Cristo crucificado, motivo por el cual Voltaire se quitó el sombrero en señal de respeto. 

– Os creía incrédulo en materia de religión– le dijo su acompañante, sorprendido por el gesto. 

– Y lo soy– matizó Voltaire – Aunque no nos hablamos, Cristo y yo nos saludamos

Es conveniente ser respetuosos aún en la discrepancia.

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KAFKA y LA MUÑECA… la omnipresencia de la pérdida.

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Un año antes de su muerte, Franz Kafka vivió una experiencia muy insólita. Paseando por el parque Steglitz, en Berlín, encontró a una niña llorando desconsolada: había perdido su muñeca.
Kafka se ofreció a ayudar a buscar a la muñeca y se dispuso a reunirse con ella al día siguiente en el mismo lugar.
Incapaz de encontrar a la muñeca compuso una carta “escrita” por la muñeca y se la leyó cuando se reencontraron:

– “Por favor no me llores, he salido de viaje para ver el mundo. Te voy a escribir sobre mis aventuras …“

Este fue el comienzo de muchas cartas.
Cuando él y la niña se reunían, él le leía estas cartas cuidadosamente compuestas de aventuras imaginarias sobre la querida muñeca . La niña fue consolada. Cuando las reuniones llegaron a su fin, Kafka le regaló una muñeca. Ella obviamente se veía diferente de la muñeca original . Una carta adjunta explicó:
-» Mis viajes me han cambiado … «

Muchos años más tarde, la chica ahora crecida, encontró una carta metida en una grieta desapercibida dentro de la muñeca . En resumen, decía: -» Cada cosa que amas, es muy probable que la pierdas, pero al final, el amor volverá de una forma diferente“.

Fuente: Face Literatura y Psicoanálisis ~

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AMIGOS HASTA LA MUERTE. Un cuento sobre el valor de la amistad.

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El batallón se había replegado del campo de batalla a un refugio. La contienda era cruelmente combativa. El soldado, muy triste, pidió permiso a su oficial para rescatar al amigo del alma que no había regresado:

– «Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo».

– “Permiso denegado, soldado. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto”

El muchacho no encontraba consuelo y sentía una necesidad poderosa de buscar a su compañero.

Siguiendo un impulso superior se escapó sin autorización. Al poco tiempo regresó mortalmente herido, arrastrando con gran esfuerzo el cuerpo de su querido amigo. El oficial lo recibió furioso:

– “¡Ya le dije yo que había muerto!¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir allá para traer un cadáver?”

– «¡Claro que merecía la pena, señor!. Cuando llegué, él todavía estaba con vida, maltrecho. Cuando me vio, su rostro se iluminó, y alcanzó a decirme en voz baja:

– «¡Mario… estaba seguro que me vendrías a buscar!»… y murió.