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ABUELA, ¿CÓMO SE AFRONTA EL DOLOR?

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ABUELA, ¿CÓMO SE AFRONTA EL DOLOR? 
«Con las manos, cariño. Si lo haces con la mente, en lugar de aliviar el dolor, éste se endurece aún más».
«¿Con las manos abuela?»
«Sí. Nuestras manos son las antenas de nuestra alma. Si las mueves tejiendo, cocinando, pintando, jugando o hundiéndolas en la tierra, envías señales de cuidado a la parte más profunda de ti. Y tu alma se ilumina, porque le estás prestando atención. Entonces las señales del dolor ya no serán necesarias».
«¿Las manos son realmente tan importantes?»
«Sí, hijo/a mío/a. Piensa en los bebés: comienzan a conocer el mundo, gracias al toque de sus pequeñas manos. Si miras las manos de los viejos, te cuentan más sobre su vida que cualquier otra parte del cuerpo. Todo lo que se hace a mano, se dice que está hecho con el corazón. Porque es realmente así: las manos y el corazón están conectados. Los masajistas lo saben bien: cuando tocan el cuerpo de otra persona con sus manos, crean una conexión profunda. Es precisamente a partir de esta conexión que llega la curación. Piensa en los amantes: cuando se tocan las manos, hacen el amor de una manera más sublime».
«Mis manos abuela … ¡cuánto tiempo no las he usado así!»
«Muévelas, mi amor, comienza a crear con ellas y todo dentro de ti se moverá. El dolor no pasará. Y en cambio lo que hagas con ellas, se convertirá en la obra maestra más hermosa. Y ya no dolerá más. Porque habrás sido capaz de transformar su esencia».
Elena Bernabé ~

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EL SENDERO DE LA VIDA. Dana Plaza ~

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La vida es como un camino, con subidas y bajadas, curvas, contra curvas, serruchos, lomadas, badenes, etc.
Para llegar hacia un lugar, hay que hacerlo paso a paso, a pie o con el vehículo que elijas. Mientras que el medio puede ser cualquiera, el fin será el único motor que te motivará a avanzar.
Mientras transites podrán surgir muchas cosas. Conocerás personas nuevas, una vida repleta de experiencias diferentes a las ya conocidas, aprenderás más sobre ti mismo:
tu fortaleza ante las dificultades,qué nada es fácil o tan difícil como parece,
tu sabiduría y coraje ante situaciones que demanden más atención,
tus límites,
tu ímpetu por lograr tus sueños y llegar a la meta final,
tus habilidades,
tus aspectos por mejorar,
y más…
¿Quieres comenzar a andar pero no puedes?
A veces tenemos una meta propuesta, o varias, pero sentimos que aún no estamos preparados para circular. Ante esta situación, está bueno que te tomes un tiempo para reflexionar sobre qué es lo que te sucede (interna y externamente) que no te permite avanzar.
Cuando visualices las causas, busca otra alternativa, indaga sobre cómo solucionar ese problema que tienes. Entonces, sin darte cuenta, estarás más cerca del objetivo propuesto.
El tiempo que tardes no es lo que concierne. Tal vez veas a otros cumplir sus metas y tú quedes atrás. Recuerda que cada uno tiene sus pesares, miedos, angustias, limitaciones y mucho que superar y sanar antes de llegar a dónde quieres.
Sólo enfócate en ti.
Habrá quién nos acompañe durante la senda y permanecerá hasta el final, otros solo estarán por un tiempo, sin embargo, ¡no te detengas!
Aprender a soltar es una de las cosas más lindas de la vida. No en el momento que te despides de algo viejo, de una persona o una mascota a la cuál quisimos o amamos mucho. Sino, en la parte que finalmente entiendes qué no puedes controlar las decisiones, los sentimientos o el momento de partida de los demás.
Que se cumpla un ciclo para algunas cosas y relaciones no significa que careció de importancia o que fue una pérdida de tiempo, al contrario.
Cuando te relacionas con alguien y pones lo mejor de ti en cada relación que construyes, una parte de ti está dando y la otra recibiendo (puede ser algo favorable o no), de manera que hacerlo es lo que realmente vale.
Duele no obtener lo mismo, pero recuerda que cada individuo es único e irrepetible y que no puede dar más de lo que está posibilitado a brindar en este momento.
Cada persona posee su propio espacio y tiempo para emprender su trayecto personal.
¡Feliz recorrido!”
Dana Plaza ~
Foto: Bosque de Arrayanes – Patagonia – Argentina ~
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EL CAPITÁN Y EL GRUMETE. Tiempos de pandemia. ~

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«Il capitano e il mozzo» del escritor italiano Alessandro Frezza, ha tenido una gran difusión, siendo atribuido erróneamente, en las redes sociales, a Carl Gustav Jung.  Al parecer, Alessandro Frezza lo público en su página de Facebook, siendo compartido después en la página “El libro rosso di Jung” y, a partir de aquí, alguien debió difundirlo con la atribución equivocada…

De todos modos, se trata de una reflexión muy inspiradora,  sobre cómo se le puede sacar el máximo provecho a una situación negativa y cómo los momentos más difíciles encierran el gran propósito del reencuentro con la esencia de la vida.

—Capitán, el chico está preocupado y muy alterado debido a la cuarentena que nos han impuesto en el puerto.

—¿Qué te inquieta, chico? ¿No tienes bastante comida? ¿No duermes bien?

—No es eso, capitán. No soporto no poder bajar a tierra ni poder abrazar a mi familia.

—Si te dejaran bajar y estuvieras contagioso, ¿soportarías la culpa de infectar a alguien que no pudiera superar la enfermedad?

—No me lo perdonaría nunca, aunque creo que han inventado esta epidemia…

—Puede ser, pero ¿y si no fuera así?

—Entiendo lo que quiere decir, pero me siento privado de libertad, capitán. Me han privado de algo mío.

—Prívate tú de algo más.

—¿Me está tomando el pelo?

—En absoluto. Si te privan de algo y no respondes de forma adecuada, has perdido.

—Entonces, según usted, ¿si me quitan algo, para vencer, debo quitarme alguna cosa más por mí mismo?

—Así es. Yo lo hice en la cuarentena de hace siete años.

—¿Y qué es lo que se quitó?

—Tenía que pasar más de veinte días en el barco. Llevaba meses esperando llegar a puerto y gozar de la primavera en tierra. Hubo una epidemia. En Port April nos prohibieron bajar.

Los primeros días fueron duros. Me sentía como tú ahora. Luego, empecé a responder a aquellas imposiciones no utilizando la lógica. Sabía que después de veintiún días teniendo un comportamiento, se crea un hábito y, en vez de lamentarme y adquirir costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente a los demás. Antes, reflexioné y pensé en aquellos que tienen muchas privaciones y una vida miserable y, luego, decidí vencer.

Empecé con el alimento. Me puse a comer la mitad de lo que comía habitualmente, después comencé a seleccionar los alimentos que se digerían mejor y comí alimentos tradicionalmente sanos. El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos para tener pensamientos cada vez más elevados y nobles.

Me impuse leer, al menos una página cada día, sobre algún tema desconocido para mí.

Me obligué a hacer ejercicios en el puente del barco. Un viejo hindú me había dicho años atrás que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento… Me propuse hacer profundas respiraciones cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza.

La tarde era la hora de las oraciones, de dar las gracias a cualquier entidad por no haberme dado un destino con privaciones serias a lo largo de mi vida. El hindú también me había aconsejado adquirir la costumbre de imaginar la luz entrar en mí y hacerme más fuerte. Podía funcionar también hacerlo para la gente querida que estaba lejos y así, esta práctica también la integré en mi rutina diaria sobre el barco.

En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que haría cuando bajara tierra. Visualizaba las escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera. Lo que podemos obtener enseguida, nunca es interesante. La espera sublima el deseo y lo hace más poderoso.

Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron, de imprecaciones y palabrotas, de jugar a las cartas, de dormir mucho, de estar ocioso, de pensar solo en lo que me habían quitado…

—¿Y cómo acabó, capitán?

—Adquirí todos esos hábitos nuevos. Pude bajar después de mucho más tiempo del previsto.

—Lo privaron de la primavera, entonces, capitán…

—Sí, aquel año me privaron de la primavera y de muchas cosas más, pero yo había florecido. Llevaba la primavera dentro y nadie nunca más pudo quitármela.

Fuente: Muro en Facebook de Alessandro Frezza~

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TENGO UN MIEDO A MORIR QUE NO ME DEJA TRANQUILO. ¿QUÉ PUEDO HACER? A. Jodorowsky ~

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Hasta los 50 años padecí, como tú, el miedo a morir. Cuando tenía 5 años, mi padre, ateo fanático, me dijo: “¡Dios no existe! ¡Envejecerás, morirás y te pudrirás! ¡Después no hay nada!” Sin el paraíso post- mortem que me inculcaban en la escuela, perdí toda aspirina religiosa. Aterrado, crecí sintiendo que mi cuerpo era un nido de gusanos… Cuando cumplí 9 años, mi madre, entre sollozos causados por los puñetazos que mi padre le había dado, me dijo: “Borracho, tu padre, me violó. Naciste a pesar de que traté de abortarte. ¡Después de parirte hice que me anudaran las trompas, para nunca más ser inseminada por ese asesino:.!” Desde entonces el miedo a morir empañó mi vida. Pese al psicoanálisis que me hizo en Cuernavaca, Méxixo, el famoso terapeuta Eric From, a causa de la maldición de mi padre y el miedo fetal a ser expulsado del vientre de mi madre, el miedo a morir persistió 50 años.

Mi encuentro con el monje Zen Ejo Takata, con quien medité durante 5 años, mitigó mi angustia. Él me pidió dar una respuesta a esta pregunta: “¿No comienza, no termina, qié es?”
No pude darle una respuesta satisfactoria.. Me gritó: “¡Intelectual, aprende a morir!”. Comprendí por fin la raíz de mi miedo. ¡Morir era natural, mi miedo era mental! “Si dejas tu mente, vacía de palabras, en silencio, tu angustia se esfumará.” Cada vez que la certeza de que un día tendría que morir me torturaba, comencé a dejar de pensar, no aferrándome a las palbras. Imaginaba a mi mente como un cielo azul, por donde desfilaban como nubes las palabras. Las dejaba venir e irse, sin atarme a ellas. Eso bastaba para calmarme, permitiendo que un sueño benéfico me embargara.
Me dijo Ejo Takata: “En la noche, cuando el deseo de dormir te embarga, por más que tratas de percibir cuándo te duermes, nunca lo logras. No puedes ser consciente de ese momento. Sin darte cuenta te duermes simplemente. Al despertar no sabes cuánto has dormido. ¿Una hora, ocho horas, un día entero? Imposible saberlo. Eso mismo te sucederá en el momento de morir. Sin darte cuenta, en un segundo perderás la conciencia. Si hay algo desùés de la muerte, tal como te sucede cada día al dormir y luego despertar, tu renacimiento te parecerá instantáneo, aunque hayas reposado en la nada mil años o más. Si no hay nada, no te darás cuenta de nada. Vacuidad sin un YO que la perciba, los muertos no sufren. “Enséñale a tu mente a morir. Suelta las amarras, vive libre. Lo que tú no puedes hacer, deja que se haga. El universo –o Dios, si así quieres llamar al Misterio Sin Nombre- sabe lo que hace. Si todos morimos es porque así es necesario.
Desde entonces, cada noche, cuando acude mi miedo fetal a la muerte, me desprendo de las palabras, dejo de pensar y me integro a mi conciencia silenciosa. Sin darme cuenta me sumerjo en un tranquilo sueño.
Amigo mío, en lugar de torturarte por la muerte, aprende a alegrarte por la vida.

Alejandro Jodorowsky ~

Fuente: Muro en Facebook Alejandro Jodorowsky

Imagen credit: Kelly Mc Kern

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LA PARÁBOLA DEL MATRIMONIO.

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Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
– Nos amamos – empezó el joven.
– Y nos vamos a casar – dijo ella.
– Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
– Por favor – repitieron – ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
– Hay algo…- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé…es una tarea muy difícil y sacrificada.
– No importa – dijeron los dos-. Lo que sea – ratificó Toro Bravo.
– Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.
– Y tú, Toro Bravo – siguió el brujo – deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta…¡salgan ahora!.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur…. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

– ¿Volaban alto?- preguntó el brujo.
– Sí, sin duda. Como lo pediste… ¿y ahora? – preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
– No – dijo el viejo-.
– Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne – propuso la joven-.
– No – repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero… Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.
Este es el conjuro…
-Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, VUELEN JUNTOS PERO JAMÁS ATADOS.

Autor Desconocido ~

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CERRANDO CÍRCULOS de Paulo Coelho ~

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Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente «revolcándote» en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú. Suelta el resentimiento. El prender «tu televisor personal» para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando «puertas abiertas», por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

Paulo Coelho ~

ClaudiaTremblay@LEUGIMFIGUEROA (46)

SÓLO POR HOY. Decálogo de la Serenidad. Juan XXIII ~

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Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras; no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar a nadie, sino a mí mismo.

Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.

Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura, recordando que, igual que el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

Sólo por hoy haré por lo menos una obra que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

Sólo por hoy creeré firmemente —aunque las circunstancias demuestren lo contrario— que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.

Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

Juan XXIII ~

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NO ERES TÚ, SOY YO. Viktor Frankl ~

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¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?…
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?…

Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.

Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.

Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.

Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.

No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.

Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos «lastimaron», siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.

Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:

«Necesito que Enrique me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo, pero si no lo hace… siento que me muero».

¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente ésa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente… ¿no será un calvario voluntario para nosotros?

No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.

Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: «Mi amor, me haces tan feliz», «Sin ti me muero», «No puedo pasar la vida sin ti», son completamente irreales y falsas. No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.

Definitivamente nadie puede decidir por nosotros. Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.

La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella… ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.

«Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino».

Viktor Frankl ~

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LA MARIONETA. Si Dios me regalara un trozo de vida…

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Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él sólo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…. He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subirla escarpada.
Me apartaría de los necios, los habladores, de las gentes con malas costumbres y actitudes.
Sería siempre honesto y mantendría llenas de amor y de atenciones a las personas a mi alrededor, siempre trataría de dar lo mejor…
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Trata de decir siempre lo que sientes y haz siempre lo que piensas en lo más profundo de tu corazón.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, te diría “Te Quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da siempre otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuánto te quiero, que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles, “lo siento”, “perdóname”, “por favor” , “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus nobles pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos.
Finalmente, demuestra a tus amigos y seres queridos cuánto te importan.

Johnny Welch ~

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PREPARÁNDOSE PARA NACER…

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En el vientre de una madre había dos bebés. Uno le preguntó al otro: «¿Crees en la vida después del parto?» El otro responde: «Por qué? por supuesto! Tiene que haber algo después del parto. Tal vez estamos aquí para prepararnos para lo que seremos más tarde».

– «Tonterías», dice el otro. «No hay vida después del parto. ¿Cuál sería esa vida?»

– «No lo sé, pero habrá más luz que aquí. Quizás caminemos con las piernas y comamos de la boca».

El otro dice: – «¡Esto es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer con la boca? Ridículo. El cordón umbilical proporciona nutrición. La vida después del parto debe ser excluida. El cordón umbilical es demasiado corto».

– «Creo que hay algo y tal vez es diferente de lo que está aquí».

El otro responde: – «Nadie ha regresado de allí. El parto es el final de la vida, y en el posparto no es más que oscuridad y ansiedad y no nos lleva a ninguna parte».

– «Bueno, no sé» -dice el otro- «pero ciertamente veremos a mamá y ella nos cuidará».

– «¿¿Madre??» ¿Crees en una madre? ¿Dónde está ella ahora?

– «Ella está a nuestro alrededor. Es en ella que vivimos. Sin ella no habría este mundo».

– «No la veo, así que es lógico que no exista».

A lo que el otro respondió: – «A veces, cuando estás en silencio, puedes escucharla, puedes percibirla. Creo que hay una realidad después del parto y estamos aquí para prepararnos para esa realidad».

Fuente: web ~