TELEVISIÓN INDISCRETA.

No Comments 1242 Views1


gran-hermano1

Desde mucho tiempo atrás se sabía que con unos receptores especiales se podía escuchar lo que se hablaba en una casa próxima, sin utilizar retransmisor alguno. El sistema siempre fue reservadísimo y parece que sólo lo utilizaba el servicio de contraespionaje, y en ciertos casos muy particulares, la policía.

Luego llegó la noticia, también muy oculta, de que se podía con­seguir ver lo que ocurría en un lugar próximo por una pantalla de T.V. Este nuevo procedimiento también quedó cuidadosamente velado y se utilizaba de manera muy reservada.

Pero últimamente -y aquí comienza de verdad nuestra historia- un aficionado a las cosas de radio y de televisión, redescubrió que con un simple receptor de televisión aplicándole no  sé qué otro aparato de facilísima adquisición, consiguió ver y oír a través de las paredes a una distancia bastante considerable.

El inventor publicó su descubrimiento a los cuatro vientos, y como la oferta era tan golosa, antes que las autoridades reaccionasen, la ciudad se llenó de aquellos receptores que prometían tanto solaz para las gentes aburridas y curiosas. Al cabo de poco más de un año, en todos los hogares medianamente acomodados podía verse lo que ocurría en diez

kilómetros a la redonda, sin más que poner en marcha el vulgar televisor y ayudarse con un selector de imágenes fácilmente fabricable.

La mentalidad de la gente cambió en pocos meses de manera inconcebible…

De pronto, todo el mundo se sintió espiado y observado minuto a minuto en su vida; y a la vez, con un deseo obsesivo de espiar, de observar la vida del prójimo.

[…] Aquellos relajos naturales del ser humano cuando se siente solo, desaparecieron. Y la gente empezó a comportarse en todo momento de una manera artificial, como si la puerta de su cuarto siempre estuviera entreabierta.

Verdad es que las primeras reacciones colectivas ante el fenómeno del ojo universal fueron realmente graciosas y me atrevería a calificar de benefactoras para los usos y costumbres sociales.

Por ejemplo, las señoras, a la hora de almorzar, procuraban que la mesa estuviese puesta    con mucha distinción, siempre con manteles limpios y vajilla nueva. Todos se sentaban en la mesa bien vestidos y se hablaban entre sí con mesura y sonrientes. Las comidas, con el miedo al qué dirán, eran realmente buenas y bien servidas.

[…] El trabajo en oficinas y fábricas se convirtió en un verdadero martirio, a la vez que enormemente productivo, porque todo el mundo, al saberse observado y oído, trabajaba con una meticulosidad especial y en absoluto silencio.

[…] Resulta ocioso decir8 que los ladrones y criminales profesionales desaparecieron casi totalmente. Las cárceles se transformaron en sitios confortables y humanos donde no se maltrataba a los reclusos. En este aspecto colectivo sí que ganó la sociedad, pero vulnerar la vida individual ocasionó un trauma colectivo muy por encima de estos bienes públicos.

Francisco García Pavón, El mundo transparente, 1967.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *