COMO CUIDAR TU CUOTA DE ENERGÍA DIARIA.

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¿PROPIA O PRESTADA? Cada uno de nosotros posee centenares de circuitos de energía conectados entre sí. Diversas culturas han denominado de forma diferente el aliento divino de la vida que late en cada uno de nosotros. Los indios lo llaman prana y los chinos chi, los cristianos hablan del Espíritu Santo, y los secularistas, vitalidad o fuerza vital. Podemos pensar que esta energía penetra en nosotros desde el universo, desde Dios o desde el Tao y, a medida que fluye a través de nosotros, nos proporciona la savia que precisamos para alimentar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones.  Todo en nuestra vida —cada pensamiento, cada acción en la que participamos— requiere esta energía. Aunque todos poseemos esa fuerza vital, que fluye a través de nosotros, seamos conscientes de ello o no, al igual que Dios «hace salir el sol », podemos maximizar nuestra cantidad de energía y el uso que hacemos de ella. En efecto, potenciar nuestra conciencia psíquica significa ser conscientes del flujo de tuerca vital que fluye a través de nosotros, y de nuestra capacidad de dirigirla hacia determinadas zonas del cuerpo, sin por ello retirarla involuntariamente de otras.
Imagine este flujo de energía como una asignación equivalente a cien dólares diarios. Su labor consiste en aprender a invertir bien ese capital, porque sus inversiones pueden proporcionarle grandes intereses o hacer que se endeude.
Evidentemente, unas inversiones positivas le rendirán unos ingresos positivos, no sólo incrementando su energía sino creando una energía adicional. Las inversiones negativas, por el contrario, le ocasionarán deudas. Si la deuda es mayor que su asignación diaria, tendrá que pedir un préstamo. En términos energéticos, deberá tomar energía prestada.

Esta cantidad adicional de energía puede obtenerse de dos fuentes. Una es la energía de otras personas, con las cuales usted se comporta de forma parasitaria a fin de obtener la energía necesaria para alimentar su sistema físico y emocional.
Esta utilización de la energía de los demás crea adicción, y hace que usted se vuelva cada día más dependiente de los demás. Necesita de los demás para potenciar su autoestima y para que le indiquen cómo debe vivir, comportarse o pensar, porque carece de la energía necesaria para crear su propia vida. Esta fuente de energía suele ser de corta duración, porque las personas que se la proporcionan no tardan en darse cuenta de que el hecho de estar con usted les hace sentirse agotadas, faltas de energía, y le rehuirán.
La otra fuente de capital energético adicional son los recursos energéticos que usted posee en sus tejidos celulares. Todas las células de su cuerpo deben cargarse de energía diariamente para sobrevivir, al igual que también necesitan agua todos los días. Debe emplear su asignación diaria de capital energético en alimentar su sistema físico y emocional. Si mantiene su cuerpo en perfectas condiciones puede alimentar su creatividad, sus relaciones su necesidad vital de optimismo. Pero cuando extrae demasiada energía de su cuenta corriente celular, se endeuda.
Cuanto mayor es la deuda más se debilita su tejido celular. Si no modifica este esquema, saldando sus deudas con la asignación diaria de energía, corre el riesgo de enfermar.

La única forma de cambiar estas rutinas perjudiciales es librándonos de la carga del pasado, saldando esa deuda energética que ya no podemos mantener. El perdón es un medio de conseguirlo. También puede ser necesario desapegarse de momentos considerados placenteros (una etapa juvenil, el paso por un instituto de enseñanza, etc). Esa combinación de temor a participar en la vida y de aferrarse a un momento del pasado, aparentemente lleno de posibilidades, puede provocar una quiebra energética que impide avanzar…

El rechazo a librarnos del pasado, ya se trate de hechos negativos o positivos, significa el desperdicio de una parte de su cuota diaria de energía.

No continúe perdiendo energía sin tomar medidas para evitarlo. Observe su circuito energético y haga buenas inversiones.

Fuente: La Medicina de la Energía – Caroline Myss

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